Columnistas

Señores anarquistas, ¡basta ya!

La anarquía de una minoría abusa del derecho a la protesta violentando la convivencia pacífica de la mayoría. Los organismos internacionales se entrometen en nuestros asuntos políticos defendiendo a los que sabotean, roban, destruyen y obstruyen la libre circulación y con sus rostros cubiertos deshacen a su antojo apoyados por maras que encuentran propicia la oportunidad del desorden para causar pánico.

Almagro, igual que Insulza, es un pendejo que opina a conveniencia ideológica. Injerencia que aceptan jubilosos los que no supieron hacer oposición.

Las escenas son dantescas: quemas de locales, automóviles y buses de transporte público, saqueos y los señores de los derechos humanos piden se respete a los manifestantes dejándoles hacer las atrocidades documentadas en los medios de comunicación y sentidas por los que pierden negocios y propiedades en estas demostraciones “pacíficas” de las hordas dirigidas y pagadas por los dirigentes que provocando caos y confusión, siembran el terror y se quejan parar obtener provecho de las acciones de defensa que la autoridad constituida está en obligación de imponer para salvaguardar el orden. Martirologio.

No ven los “defensores” de los atracadores lo que sufre la ciudadanía indefensa ante la violencia extrema del vandalismo contra la propiedad privada, bancos y almacenes. ¿Dónde están los defensores de nuestros derechos? Le están haciendo un daño irreparable a nuestra patria, que sufre el embate de la incivilidad de anarquistas de oficio para arengar a las masas inconscientes y a la delincuencia urgida del molote para perjudicar todo lo que trastocan.

Están destruyendo lo poco que tenemos, afectando irreparablemente la débil economía y todavía el saltimbanqui pide se le corte la ayuda económica a Honduras. Que ese títere y su titiretero nunca lleguen a desgobernarnos.

La producción, distribución y la exportación se afectará aumentando el desempleo, la crisis económica y la estabilidad social. Las cúpulas anarquistas comerán siempre bien, jamás sufren carestías, la corrupción los mantiene vigentes en toda circunstancia.

Hablan de democracia y libertad y es lo que menos ofrecen cuando llegan al poder y de estos fracasos nos pueden contar los pueblos que lo sufren.

Conocí esos paraísos antes y después y mil veces prefiero vivir en esta Honduras pobre, pero con libertad irrestricta al punto del libertinaje que abusa el que pide a gritos que el pueblo salga a la calle con la consigna de “no dejar gobernar al tirano”, sin importarle la tragedia que ocasiona y lo hace feliz, y el otro que vocifera que estamos en “guerra civil”.

Este par de pendencieros ególatras patológicos junto a pocos pensantes y muchos ignorantes que andan detrás del frito, nos están llevando al desastre sociopolítico.

No distinguir, discernir, disentir y consensuar es producto de la falta de líderes inteligentes demócratas. Son cínicos que critican lo que por falta de valor, decisión y capacidad no hicieron ni dejan hacer.

Por orfandad intelectual dañan el poder con su comportamiento anormal. Sin cultura o elemental educación no hay visión. Incongruencia garrafal, mediocridad y falta de talento es cretinismo.

Sin ideología fomentan la anarquía para su provecho. El taimado está siempre en su mejor momento de insulsez y estupidez para oponerse a todo sin cumplir el deber de apoyar al poder y evitar ese joder que envilece.

La miseria intelectual y política amenaza el poder de gobernar. Señores anarquistas, ¡basta ya!