Mi tío Quique nació en Tegucigalpa el 29 de julio de 1931 y falleció en San Pedro Sula el 7 de marzo de 2021. Durante su vida se distinguió por ser todo un caballero y hombre de familia, lo conozco de toda la vida, pues crecí con él hasta mi adolescencia, y mi vida adulta ha sido un constante contacto familiar y profesional. Ocupa en mis sentimientos la imagen de un padre.
Se hizo bachiller y maestro de primaria y fué profesor en la Escuela Lempira de Comayagüela, y más adelante fue practicante en el Hospital La Policlínica de Comayagüela, con eso ayudaba a mi abuela (Mamá Tona) con los gastos familiares y a costearse sus estudios de medicina, que culminó con éxito en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).
Fue director del Hospital Santa Teresa de Comayagua y se especializó en Ginecología y Obstetricia en los afamados hospitales Brigham and Women's Hospital y el Massachusetts General Hospital de Boston (icónico lugar en donde oficialmente nació la anestesiología como especialidad médica en 1846), ambos, afamados centros adscritos a la Universidad de Harvard, graduándose con honores. Fue cofundador del Posgrado de Gineco Obstetricia de la UNAH, en los Hospitales Materno Infantil (Parte del Hospital Escuela tiempo después), San Felipe y del Seguro Social (IHSS) de Tegucigalpa, fue jefe de Salas de Ginecología y Obstetricia de esos hospitales y profesor y decano de la Facultad de Medicina de la UNAH. Al fundarse el Hospital Escuela, fue su primer Director de Docencia e Investigación, siendo el Director General su amigo y compadre, el Dr. Fernando Tomé Abarca.
Se desempeñó como cónsul de Honduras en Boston (1961-63), durante el gobierno del Dr. Ramón Villeda Morales, donde conoció personalidades como el Cardenal Richard Cushing y al entonces presidente John Kennedy, oriundo de esa ciudad. Durante el gobierno del Dr. Carlos Roberto Reina (1994-98) fue su Ministro de Salud, desde donde apoyo la fundación del Posgrado en Anestesiología, proyectó de la UNAH que coordinaba quien escribe esta nota. En1971 fue presidente del Colegio Médico de Honduras. Fundó con otros distinguidos profesionales de la salud las Clínicas Medicas, cuyo edificio se localiza en la Colonia San Carlos de Tegucigalpa.
En ninguno de los puestos desempeñados lo empañó la más leve sombra de corrupción o deshonestidad y en su vida de médico se distinguió por su humanismo y profesionalismo.
Durante su vida estudiantil universitaria fue dirigente y miembro de la Federación de Estudiantes Universitarios de Honduras (FEUH), con una postura democrática, contestataria y popular.
El 1º de agosto de 1956 fue de los héroes, junto a su cuñado el mayor Santos Sorto Paz (posterior diputado liberal y esposo de mi tía Bemilda) y otros valientes patriotas, que tomaron el cuartel San Francisco de Tegucigalpa, en la lucha por botar la dictadura del gobierno de facto de Don Julio Lozano Díaz, para instalar un gobierno democrático, mantuvieron sus posiciones militares todo el día, hasta que el gobierno los 'derrotó' e hizo prisioneros (murieron algunos patriotas ahí), yo leí una carta que dejó a mi abuela Petrona (Mama Tona), pidiéndole perdón si caía en esa lucha, pero que lo hacía por la patria. El haber sufrido una derrota ese día y guardar cárcel hasta el mes de octubre, marcó el inicio de la caída de la dictadura. El 21 de octubre, las Fuerzas Armadas dieron un golpe de estado para instalar una Junta Militar que restableció, un año después, la democracia, dando paso al gobierno constitucional del Dr. José Ramón Villeda Morales (1957-63).
El 27 de abril de 1957 el gobierno de Honduras, encabezado por la Junta Militar, envió soldados al mando de algunos oficiales, incluido el Capitán Arnaldo Gómez, a recuperar Cruta y Mocorón, parte del recién creado (1957) departamento de Gracias a Dios en la Mosquitia hondureña. Esos territorios estaban en poder de Nicaragua, gobernada por Luis Somoza, quien irrespetó el Laudo de 1906 del rey Alfonso XIII de España que definía las fronteras Honduras/Nicaragua.
No dudo tío Quique y otros universitarios, en alistarse a ese pelotón de valientes, quienes se mantuvieron en campaña del 1 al 23 de mayo. La batalla o guerra de Mocorón fue una gesta exitosa que, aunque duró poco tiempo, sentó la soberanía de Honduras, que luego quedó en firme con la posterior sentencia de la Corte Internacional de Justicia con sede en la Haya que ratificó el Laudo de 1906. Tío Quique, al igual que el resto de los estudiantes y soldados retornaron llenos de gloria a Tegucigalpa, para tranquilidad de mamá Tona, que mucho tiempo sufrió por la participación en movimientos armados, de mi abuelo (General Manuel Samayoa) en el pasado y de sus hijos Nacho (mi padre) y Quique (ubicados paradójicamente en movimientos políticos contrarios). Tenía yo apenas 9 años, y recuerdo cuando de madrugada llegó a casa con un sucio uniforme kaki y un casco militar, indumentaria con que lo volví a ver, enmascarado con un pañuelo, en las carrosas bufas que armaron los estudiantes universitarios el 11 de junio, Día del Estudiante, para exigir al gobierno militar, en los famosos 'considerandos' del Parque La Merced y en escritos del “Tornillo Sin Fin”, valiente anuario de los estudiantes universitarios, que cumplieran su palabra de respetar las elecciones y entregaran el poder a un gobierno civil. Los militares honraron su promesa pues garantizaron la instalación del gobierno del Dr. Villeda Morales en diciembre de 1957. En la campaña presidencial de Villeda Morales participó mi tío activamente y fue su eterno y leal admirador.
En 1969, como médico especialista, se alistó como médico militar en la guerra con el Salvador, cumpliendo con su deber como miembro del Colegio Médico de Honduras. Portaba en esa época un casco militar blanco con una cruz roja, sin más uniforme que su bata blanca.
Por muchos años fui el anestesiólogo de las cirugías que él practicaba y manejamos muchos casos difíciles, en diferentes centros médicos privados. Fue muy respetuoso y confiado en las decisiones que yo tomaba en el manejo de nuestras pacientes y siempre me sentí seguro de trabajar con un gran cirujano, rápido y eficiente, nunca lo vi vacilante. No es extraño que, con mi esposa Svetlana, lo hayamos escogido para traer al mundo a nuestras cuatro hijas.
Tuve el privilegio de administrar la anestesia a la última paciente que atendió por una cesárea. En el vestidor de médicos del Hospital Honduras Medical Center, me dijo: “Es la última paciente y cirugía que atendemos juntos”. Ejerció un tiempo más como ginecólogo en su clínica particular, hasta el día que también decidió retirarse completamente del ejercicio profesional y disfrutar su familia en un justo retiro, lo que con orgullo celebramos en un evento familiar, donde hubo música, discursos, risas y lágrimas. Él y Thelmita su esposa, fueron los invitados de honor. Un tiempo después se fue a residir junto a su esposa en San Pedro Sula, en donde sus hijos lo cuidaron hasta el último día. Falleció asistido por un destacado grupo médico que incluyó a su hijo, el cardiólogo Dr. José Enrique Samayoa.
Fue un orador de verbo elocuente, sin perder su modo afable y respetuoso. Sus clases de medicina eran claras y didácticas, igual que sus conferencias médicas en eventos científicos nacionales e internacionales. Me llamaba con frecuencia para ayudarle a editar las dispositivas de sus presentaciones. Publicó varios artículos científicos para destacar su particular técnica de suturas sub cuticulares mediante el punto en “T”, publicadas en la Revista del Colegio Médico de Honduras, referenciadas internacionalmente. Me sentí halagado, cuando me pidió lo ayudara en la gestión de ilustrar su libro “Cuentos del Abuelo” que dedico a sus nietos e igualmente orgulloso cuando, limitado por su salud, me pedía representarlo en algún homenaje público de los muchos dedicados a él en vida.
Llevó con hidalguía los achaques de salud de sus últimos años, como solo alguien como él podría hacerlo. Siempre lo he percibido en mi vida como un ser extraordinario, fuera de serie y hoy que se ha ido, siento que solamente ha pasado a esa dimensión especial a la que siempre ha pertenecido. Me hará mucha falta, pero él está donde deben estar personas de su talla…
Lo quiero tío Quique