Quienes nos han gobernado hasta ahora siguen sin aprender las lecciones de la historia; si siquiera los traumáticos acontecimientos del 28 de junio de 2009 y sus consecuencias les han hecho cambiar de rumbo.
Si alguna duda había de esa desesperanzadora realidad, esa se ha despejado durante la actual campaña para las elecciones internas del próximo domingo y, más reciente y específicamente, con la ola de denuncias y hechos desesperados que ponen de relieve las tradicionales triquiñuelas que se tejen desde las alturas del poder real y político.
Como los mismos hechos de 2009, que tuvieron su raíz en el entonces partido gobernante, el Liberal, ahora el abuso y los atentados contra el sistema democrático se presentan en el oficialista Partido Nacional, donde el temor y la desesperación por mantenerse o subir en la escala del poder destrona los escrúpulos ya sea para descalificar al contendiente o para dar ventaja a un precandidato, incluso utilizando los recursos del Estado.
Esta suicida forma de insistir en la tradicional politiquería bipartidista, que tiene su más reciente ejemplo en el allanamiento y hallazgo de miles de tarjetas de identidad en la sede en Comayagua del movimiento político que pretende convertir en candidato presidencial al actual titular del Congreso Nacional, no hace más que desencantar al cada vez más reducido grupo de eventuales votantes que todavía ve en el statu quo político una salida a la profunda y creciente crisis socioeconómica en que se encuentra al país.
Pero lo más grave en la crítica coyuntura socioeconómica actual es que -además de elevar el desprestigio del sistema democrático y abrir las puertas para la llegada de falsos redentores- los exiguos recursos públicos que sobreviven a la corrupción oficial son malgastados en la promoción de campañas políticas.
Es ilegal, inmoral e inaceptable que los recursos y los funcionarios de instituciones públicas como Banadesa, la Cancillería, Banasupro y otras, se desplieguen no para cumplir las responsabilidades que tienen para con la patria y con el pueblo hondureño sino para aupar a un precandidato que quiere saltar al poder desde el poder mismo.
Estamos pues, a pocas horas de las elecciones primarias, presenciando un bochornoso espectáculo ofrecido por los mismos que tan pésimamente nos han gobernado.