The New York Times international Weekly

Modalidades del antisemitismo

El antisemitismo se ha expresado a lo largo de los siglos como oposición política a los judíos, odio religioso, desdén cultural, xenofobia o racismo

Muchos batallan para llegar a una definición puntual de lo que significa el antisemitismo .

jue 28 de diciembre de 2023 a las 0:0

Por Bret Stephens / The New York Times

En una temporada de condena generalizada del antisemitismo, muchos batallan para definirlo. Puedo imaginar tener esta conversación con alguien que intenta comprender este antiguo fenómeno:

Pregunta: Tengo problemas para entender algunas de las afirmaciones que se hacen sobre lo que es o no discurso y comportamiento antisemita. No ayuda que tantos judíos prominentes parezcan tener opiniones marcadamente diferentes sobre el tema.

Respuesta: Dos judíos, tres opiniones.

Eso suena como un estereotipo.

Lo es. También es una de las pocas cosas que la mayoría de los judíos coincide en que es cierta de nosotros como pueblo.

Bien, entonces en tu opinión, ¿qué es el antisemitismo?

Es una teoría de conspiración que sostiene que los judíos son singularmente propensos a utilizar medios ladinos para lograr fines malévolos y, por lo tanto, se les debe oponer por cualquier medio necesario, incluida la violencia.

¿Es esa la definición comúnmente aceptada?

No, es mía. Una definición más citada proviene de la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto, que define el antisemitismo, en parte, como “una cierta percepción de los judíos, que puede expresarse como odio hacia los judíos”. Pero la frase “cierta percepción” plantea más preguntas que las que responde.

Entonces, ¿por qué llamas al antisemitismo una teoría de conspiración? ¿No es el antisemitismo simplemente prejuicio contra los judíos?

Pocas cosas son simples sobre el antisemitismo porque pocas cosas son simples sobre los judíos. Somos una nación, una religión, una cultura, un “otro”. En diversas ocasiones también se nos ha considerado, falsamente, como una raza, más diabólicamente por los nazis.

El antisemitismo se ha expresado a lo largo de los siglos como oposición política a los judíos, odio religioso, desdén cultural, xenofobia o racismo. Pero un hilo común es que el antisemitismo suele adoptar la forma de una teoría de conspiración.

¿Como?

Para comenzar, el deicidio —la idea de que los judíos hicieron que los romanos mataran a Jesús. En la Edad Media surgió la creencia de que las plagas eran provocadas por los judíos envenenando los pozos de agua. Luego, era que los judíos utilizaban su poder financiero para iniciar guerras. O su control de los medios y de Hollywood para manipular la opinión pública y degradar la moral pública. O su influencia en el Congreso de Estados Unidos y la Casa Blanca para llevar a EU a la guerra en Medio Oriente y promover los intereses israelíes.

Pero si el antisemitismo es una teoría de conspiración, ¿por qué tanta gente llama al antisionismo una forma de antisemitismo?

Hay que recordar que el antisemitismo también puede tomar la forma de odio político, y el sionismo —el apoyo a la existencia de un Estado judío— es hoy la principal expresión de la política judía. Pero incluso el antisionismo se expresa cada vez más como una teoría de conspiración.

¿Cómo es eso?

Míralo así: para el antisemita alemán del siglo 19, los judíos eran impostores y estafadores —impostores, porque afirmaban ser ciudadanos de Alemania cuando los antisemitas afirmaban que eran “semitas”; y estafadores, porque se dedicaban a estafar a los “verdaderos” alemanes para quitarles su patrimonio. Para el antisionista del siglo 21, los judíos son impostores y estafadores —impostores, porque afirmaron tener vínculos ancestrales con Tierra Santa, cuando los antisionistas afirman que son colonizadores originarios de Europa; y estafadores, porque estaban estafando a los palestinos quitándoles su patrimonio.

En ambos casos, los judíos son “el otro”. La única diferencia es que las generaciones pasadas de antisemitas acusaron a los judíos de ser originarios de Medio Oriente, mientras que hoy los acusan de ser europeos.

¿Apoyar la nación palestina significa oponerse a la nación judía?

No es uno ni otro. Puede y debe ser ambas cosas. Israel nació legítimamente mediante una votación de la ONU, a la que inmediatamente se opusieron los Estados árabes pretendiendo destruir al naciente Estado judío. En el 2000, Ehud Barak, entonces Primer Ministro de Israel, ofreció al líder palestino Yasir Arafat un Estado palestino. Arafat rechazó la oferta y han seguido 23 años de tragedia.

Incluyendo la actual tragedia en Gaza, en la que se acusa ampliamente a Israel de cometer genocidio.

Esa acusación es también una forma de antisemitismo. Es falso: si Israel realmente quisiera cometer genocidio en Gaza, tiene los medios para hacerlo. Acusar a los judíos del mismo crimen del que fueron la mayor víctima en la historia es una burla singularmente vil. Y la acusación de genocidio es tan atroz que autoriza cualquier forma de violencia para detenerlo, incluyendo la clase de masacre vista el 7 de octubre.

Pero sigo creyendo que la respuesta de Israel es inhumana, desproporcionada y contraproducente.

No estoy de acuerdo, pero se trata de una crítica totalmente legítima, como es legítimo oponerse a la política de asentamientos de Israel en Cisjordania o al gobierno extremista de Benjamin Netanyahu. Muchos israelíes y judíos estadounidenses también lo creen.

Solía pensar en el antisemitismo principalmente como un fenómeno de derecha. Pero ahora hay acusaciones de antisemitismo entre pensadores de izquierda. ¿Cómo ocurrió eso?

Siempre ha habido una corriente virulenta de antisemitismo de izquierda, que la Unión Soviética practicó internamente y propagó internacionalmente durante gran parte de la Guerra Fría. Los académicos occidentales continuaron donde se quedaron los soviéticos, enfatizando las narrativas de “descolonización” de formas que implicaban obsesivamente a Israel y absolvían a casi todos los demás. ¿Cuándo fue la última vez que supiste de estudiantes universitarios protestando por el violento maltrato de Turquía a los kurdos o por los abusos de la India en Cachemira?

Espero que esta no sea una pregunta torpe, pero ¿por qué los judíos? ¿Por qué ha mutado y persistido el antisemitismo durante tantos siglos?

Los judíos han representado durante mucho tiempo un conjunto de ideas que, si no radicales ahora, lo fueron en su época. Entre ellos: el monoteísmo, la libertad, la alfabetización general y lo que la tradición judía llama “argumento en aras del cielo”.

El monoteísmo impone una norma ética única —como “no matarás”— a todas las personas, independientemente de su país o cultura. Es la semilla de la idea de los derechos universales. La alfabetización, un requisito para convertirse en un adulto judío, es la base para liberar la mente. Y el argumento en aras del cielo —inscribir el diálogo y la disensión en la tradición religiosa— es fundamental para cualquier sociedad democrática.

No es de extrañar que los judíos hayan inspirado tanto odio por parte de todos los gobernantes, religiones o ideologías que buscan mantener a la gente en la servidumbre y la ignorancia. Cada vez que el antisemitismo asoma la cabeza, no son sólo los judíos los que están en la mira. Es libertad, educación y dignidad humana —valores que todos deberíamos compartir, judíos o no.

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