¿Cómo saber si su hijo tiene autismo? Una experta explica las señales tempranas
Uno de los signos que más preocupa a los padres es el retraso en el lenguaje. Sin embargo, no es el único.
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Tegucigalpa, Honduras.- En muchos hogares, la duda aparece en silencio. No siempre llega como una alarma evidente, sino como una pequeña inquietud que se repite: “¿Es normal que no hable todavía?”, “¿Por qué evita mirar a los ojos?”, “¿Por qué se altera tanto con los ruidos?”.
En el marco del Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, que se conmemora cada 2 de abril, especialistas recuerdan que prestar atención a esas señales —sin miedo, pero con responsabilidad— puede marcar una diferencia profunda en la vida de un niño.
La psicóloga y terapeuta Diana Nicole Lozano explica que uno de los primeros aspectos que suele llamar la atención es la comunicación. “Algunos niños no desarrollan lenguaje o utilizan principalmente gestos para pedir lo que desean”, señala. Sin embargo, insiste en que no se trata solo de si el niño habla o no, sino de cómo se comunica y cómo se relaciona con su entorno.
Detectar señales no significa sacar conclusiones apresuradas, sino abrir la puerta a una evaluación profesional.
A esto pueden sumarse conductas que, aunque a veces pasan desapercibidas o se interpretan como “manías”, tienen un significado más profundo: caminar en puntillas, girar objetos de forma repetitiva o mostrar un interés muy intenso por ciertos estímulos. También pueden aparecer reacciones sensoriales, como taparse los oídos ante determinados sonidos o sentirse abrumados en espacios sociales.
Estas señales no siempre son evidentes desde el inicio. De hecho, como explica Lozano, “la detección suele ser más clara a partir de los 2 años, pero hay signos que pueden observarse previamente”. Por eso, más que esperar una edad específica, el llamado es a observar con atención el desarrollo individual de cada niño.
Con el paso del tiempo, algunas diferencias pueden hacerse más visibles, especialmente en la forma en que el niño se relaciona con otros. Puede haber dificultad para interactuar, para sostener una conversación o para expresar afecto de la manera que socialmente se espera.
En el lenguaje, por ejemplo, pueden aparecer características como la ecolalia —repetir palabras o frases— o largos monólogos sobre temas que les interesan profundamente. “Son formas distintas de comunicarse, que también deben ser comprendidas”, apunta la especialista.
Detrás de cada duda hay algo más importante que el miedo: la posibilidad de ayudar a un hijo a desarrollarse en un entorno que lo entienda.
Otro aspecto que suele generar dudas en casa son las rutinas. Muchos niños dentro del espectro encuentran seguridad en lo predecible, por lo que los cambios pueden resultarles especialmente difíciles.
Esto también se refleja en situaciones cotidianas, como la alimentación. La selectividad alimentaria —rechazar alimentos por su textura, olor o apariencia— es más común de lo que se piensa y puede estar relacionada con la sensibilidad sensorial.
En este contexto, las llamadas “rabietas” también adquieren otro significado. No siempre son un simple berrinche. “Las crisis pueden ser una forma de comunicación ante la frustración o la sobrecarga sensorial”, explica Lozano. Es decir, el niño no está intentando manipular, sino expresar algo que aún no puede decir con palabras.
Frente a este panorama, muchos padres se enfrentan a una mezcla de miedo, culpa e incertidumbre. ¿Estoy exagerando? ¿Debo esperar? ¿Y si me equivoco? Para la especialista, la respuesta es clara: observar y consultar siempre será mejor que ignorar.
“Lo recomendable es acudir al pediatra y, de ser necesario, a un neuropediatra para una evaluación más completa”, indica. En Honduras, además, organizaciones como APO-AUTIS (Asociación Hondureña de Apoyo al Autista) realizan evaluaciones especializadas que pueden orientar a las familias en este proceso.
Ignorar las señales, advierte Lozano, puede dificultar con el tiempo la adaptación social del niño. No porque el autismo “empeore” por sí solo, sino porque se pierden oportunidades clave de acompañamiento temprano. Esto puede traducirse en aislamiento, rechazo a ciertas actividades o mayores dificultades para desenvolverse en entornos sociales.