¿El sobrepeso se contagia en pareja? Esto dice la ciencia sobre los hábitos compartidos
Comer juntos, compartir rutinas y hasta gestionar emociones en pareja puede influir en el aumento de peso.
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Madrid, España.- Desde la década de 2010, diversas investigaciones han revelado que el sobrepeso puede “contagiarse” entre personas cercanas, especialmente en relaciones de pareja, familiares o amistades.
Este fenómeno no responde a causas biológicas, sino a la influencia que ejercen los vínculos sociales en los hábitos cotidianos.
Estudios de instituciones en Estados Unidos, España y Australia coinciden en que los lazos afectivos pueden actuar como agentes transmisores del sobrepeso. Esto ocurre a través de la imitación de conductas, la sintonía emocional y la convivencia prolongada.
A diferencia de una enfermedad infecciosa, el llamado “contagio” del peso no se produce por virus o bacterias, sino por la adopción compartida de rutinas, especialmente en contextos donde las personas pasan mucho tiempo juntas.
El fenómeno es más frecuente en parejas que conviven o mantienen una relación estable. La cercanía diaria favorece que ambos miembros desarrollen hábitos similares, lo que puede llevar a una convergencia en su peso corporal con el paso del tiempo.
Según el psicólogo Nicolas Dhondt, este proceso ocurre de forma gradual e inconsciente. Al compartir comidas, horarios y estilos de vida, las personas tienden a adaptarse mutuamente, sin que exista una “transferencia” directa de peso.
Además, distintos estudios señalan que comer en compañía aumenta la cantidad de alimentos ingeridos entre un 10 % y un 25 %. Esto se debe a que las comidas duran más y se tiende a igualar la cantidad que consume la otra persona, lo que puede modificar la percepción de lo que es una porción normal.
También influyen los aspectos emocionales: si uno de los miembros utiliza la comida como consuelo o recompensa, el otro puede adoptar ese mismo patrón, especialmente en situaciones de estrés o cansancio.
Frente a este escenario, los expertos recomiendan construir hábitos saludables en pareja, como planificar comidas, mantener opciones nutritivas en casa y realizar actividades físicas juntos. Más que controlar al otro, se trata de asumir estos cambios como un proyecto compartido que beneficie tanto la relación como la salud.