La prueba que debería hacerse al menos una vez en la vida: detecta un riesgo silencioso
La lipoproteína A destaca como un factor de riesgo especialmente importante.
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Madrid, España.- Aunque no suele formar parte de los análisis rutinarios, hay una prueba que cada vez gana más relevancia en la prevención de enfermedades cardiovasculares: la medición de la lipoproteína A.
Se trata de un marcador determinado genéticamente cuyos niveles apenas cambian con el paso del tiempo, pero que puede revelar un riesgo significativo de sufrir un infarto de miocardio o un ictus.
El colesterol es una sustancia esencial para el organismo. Participa en la formación de membranas celulares, la producción de hormonas, la síntesis de vitamina D y la digestión de grasas. Sin embargo, no todo el colesterol actúa de la misma manera.
Las lipoproteínas son las encargadas de transportarlo por la sangre. Las más conocidas son las LDL, conocidas como “colesterol malo”, que llevan el colesterol desde el hígado hacia los tejidos, y las HDL, el llamado “colesterol bueno”, que recogen el exceso y lo devuelven al hígado para su eliminación.
Cuando los niveles de LDL son elevados, el colesterol puede acumularse en las paredes de las arterias formando placas de ateroma. Con el tiempo, estas placas endurecen y estrechan los vasos sanguíneos, lo que favorece el desarrollo de la arteriosclerosis, una enfermedad que está detrás de numerosos problemas cardiovasculares.
En este contexto, la lipoproteína A destaca como un factor de riesgo especialmente importante. Se trata de una variante de la LDL a la que se le añade una proteína que le otorga características particulares: es hereditaria, favorece la inflamación y aumenta la tendencia a la formación de coágulos.
Diversos estudios han demostrado que niveles elevados de lipoproteína A están asociados con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, incluyendo complicaciones como la estenosis aórtica. De hecho, algunos expertos la consideran una de las sustancias más aterogénicas conocidas, incluso más que el propio colesterol LDL.
El riesgo varía según la concentración en sangre. Se considera ideal mantenerla por debajo de 30 mg/dl. Entre 30 y 50 mg/dl el riesgo es intermedio, mientras que por encima de 180 mg/dl se clasifica como muy alto.
A pesar de su importancia, esta prueba no se solicita de forma habitual. Sin embargo, cada vez más sociedades médicas recomiendan medir la lipoproteína A al menos una vez en la vida, especialmente en personas con antecedentes familiares o riesgo cardiovascular.
Uno de los aspectos más relevantes es que sus niveles están determinados por la genética, por lo que factores como la dieta o el ejercicio no los modifican. Se estima que una de cada cinco personas tiene valores elevados sin saberlo.
Actualmente no existen tratamientos específicos para reducir directamente la lipoproteína A, pero hay ensayos clínicos avanzados con fármacos que podrían disminuirla hasta en un 90% en los próximos años.
Mientras tanto, los especialistas recomiendan controlar el resto de factores de riesgo: mantener a raya el colesterol LDL, seguir una dieta equilibrada, hacer ejercicio con regularidad, evitar el tabaco y vigilar la presión arterial y los niveles de glucosa.
En definitiva, una simple prueba que se realiza una sola vez puede ofrecer información clave sobre la salud cardiovascular y permitir actuar a tiempo.