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El equipo de Gobierno que comenzó su gestión en 2022 tiene la intención de traer nuevos aires a la población hondureña, la cual espera grandes mejoras para el país. Sin embargo, desde el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo han emanado algunos cambios que son pequeños, más simbólicos que otra cosa, pero que son dignos de analizar.

El primero, que comenzó incluso en las campañas electorales y hace algún tiempo se sugirió, ha sido el de retomar el color original de la bandera, salvando incluso lo que a todas luces era una incoherencia en el Himno Nacional, ya que el azul de la bandera con la que crecimos todos los hondureños nunca nos pareció pálido, ni mucho menos, lejos de eso era profundo. Como el de los uniformes de las escuelas y colegios gubernamentales y el de los deportistas que alguna vez nos representaron en tierras extranjeras.

En la identidad gráfica del nuevo gobierno también podemos ver un escudo de formas más simples y planas, y aunque este no se ha cambiado o retomado, sí se ha buscado representarlo de otra manera, más moderna quizá. A pesar de que esto se debe más a un tema de diseño -esperado en todo cambio de gobierno- que, a una representación, también es una manera de proyectar un cambio. De esto solo tengo un comentario demasiado subjetivo: no me gusta, por moderno que sea.

Otro de los cambios que se ha propuesto, que puede incluso que no sea tan mínimo, es la sustitución del examen del Himno Nacional por un examen de la Constitución, con el fin de que los estudiantes conozcan cuáles son las reglas de este país que habitamos.

Sobre este particular quisiera decir que es una de las ideas que más me agradó ya que siempre he pensado que hacer el examen del Himno Nacional tres veces en la vida es una exageración y absurdo. Además de que en muchos casos no es más que la memorización de unos datos que pronto se olvidan y no sirvieron para nada. Es más, creo que en una oportunidad escribí sobre ello.

El cambio del nombre del Estadio Nacional en Tegucigalpa, que todos conocimos como Tiburcio Carías Andino y ahora se llamará José de la Paz Herrera es otro de esos que nos ocupan hoy. Siempre me resultó extraño que el principal recinto deportivo de Tegucigalpa llevara el nombre de una de las figuras políticas más cuestionadas de la historia de Honduras. Esto a pesar de que crecí escuchando decir a nuestros respetables anciano; “en los tiempos de Carías...”, refiriéndose a ellos como si hubieran sido los mejores.

Se nota que en Honduras siempre la hemos pasado mal.En esa misma línea, tampoco se podrá denominar sitios públicos con nombres de políticos. Lo que me parece una decisión acertada, tomando en cuenta que ese no era más que un acto egoísta y bastante triste de parte de algunos funcionarios que pretendían inmortalizarse sin mérito alguno.

Hay suficientes recursos para nombrar lugares como para hacerlo con tan poca imaginación.Todas estas pequeñas propuestas y decisiones, aunque sencillas, tienen la intención de generar una sensación de mejora. Son simbólicas; y sí, son importantes porque después de todo los seres humanos somos seres simbólicos.

Repito, estos cambios están muy bien, creo que no afectan a nadie y hasta nos aportan un poco. Pero eso sí, los hondureños estamos esperando los de verdad, los fundamentales que nos sacarán de la pobreza, y nos darán una vida digna.