Voto contra el miedo

“Es innegable que Honduras ha tenido elecciones cuestionadas en el pasado y el fantasma del fraude electoral, sustentado por experiencias históricas, sigue presente en el imaginario colectivo”

  • Actualizado: 10 de marzo de 2025 a las 00:00

En Honduras, como en muchas democracias frágiles, cada proceso electoral se convierte en un campo de batalla donde no solo compiten candidatos, sino también narrativas.

Por un lado, están los que defienden la legitimidad del proceso y, por otro, los que denuncian fraude incluso antes de que se deposite el primer voto.

En las elecciones primarias de ayer, se sintió el amargo sabor de la polarización política que cada vez toma más fuerza. Al final del día, cada proceso electoral se vive como una contienda entre “nosotros” y “ellos”, donde el adversario no es un oponente legítimo, sino un enemigo al que hay que derrotar a toda costa.

Ninguna democracia puede sobrevivir en un ambiente de desconfianza perpetua, porque cuando la elección se convierte en un escenario de acusaciones y descalificaciones, lo que se pierde no es solo la legitimidad de un gobierno, sino la perspectiva en el sistema mismo, ya que, sin eso, la democracia se reduce a un ritual vacío donde los ciudadanos participan sin creer en el resultado.

Es innegable que Honduras ha tenido elecciones cuestionadas en el pasado y el fantasma del fraude electoral, sustentado por experiencias históricas, sigue presente en el imaginario colectivo.

Entre tanto, el papel de los organismos electorales, los observadores internacionales y la sociedad civil es crucial para garantizar no solo que el proceso sea transparente, sino que cualquier irregularidad sea investigada y sancionada.

No obstante, los partidos políticos y los precandidatos tienen su cuota de responsabilidad, esto implica poner los intereses del país por encima de su “hacienda partidaria”, actuando con madurez y aceptando los resultados cuando son legítimos, en vez de recurrir al pataleo y la rabieta sobre las verdades expresadas en las urnas.

Ahora bien, una vez superada esta primera fase, nuestro rol ciudadano será prepararnos para participar activamente en las elecciones generales, no solo votando, sino también vigilando.

Mientras tanto, la comunidad internacional debe seguir apoyando los esfuerzos para fortalecer la democracia, sin imponer soluciones externas o permanecer indiferente ante los retrocesos.

En tiempos de crisis, es más importante que nunca valorar la democracia no como un resultado, sino como un proceso continuo que requiere participación, transparencia y, sobre todo, certeza en sus instituciones.

Al fin y al cabo, el país no es de cuatro cirqueros metidos a políticos, es de casi seis millones de hondureños que votan contra el miedo.

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