La incertidumbre que distorsiona el funcionamiento del Consejo Nacional Electoral (CNE) no deriva ni de ambigüedades institucionales ni de temas personales.
Es implementación de la estrategia siniestra de socavarlo por intereses nefastos: los de la facción del Partido Libertad y Refundación en el poder y específicamente los de la mente que la somete, la del Presidente Manuel Zelaya.
Antidemócratas, no soportan la democracia y sus reglas cuando no les son favorables. La Consejera Ana Paola Hall ha puesto a disposición su cargo. Para mientras, quienes desgobiernan, intentan generar más fricciones y dudas.
La responsabilidad de esta incertidumbre no es de la Consejera Hall. Si lo es, del Consejero Marlon Ochoa. Instrumentalizado por el presidente Zelaya, emprende una campana sistemática de hostigamiento personal e institucional.
Ante el rechazo del electorado, prefieren alterar el proceso electoral, antes que salir del poder. Con el odio que transpiran y el miedo que fomentan, nos espolean en vez de paralizarnos.
El latrocinio, la negligencia, la insensibilidad hacia los excluidos, la ausencia de sentido de urgencia y la tosquedad que caracterizan a esta cúpula gubernamental, les niegan el respaldo popular para ganar las elecciones.
Apátridas como se evidencian, erosionan la institucionalidad y desprestigian el proceso electoral. Rechazan la Ley y la equidad electoral, procuran crear una crisis, en el propósito de justificar su segura derrota y alegan fraude. Falso y también alarmante.
Esto no se trata de disputas partidarias. Ni personales. Es una lucha entre protectores del voto y los que lo amenazan. Cerremos filas.
Somos defensores de la democracia. Nuestro respaldo al CNE, es fundamental. El PLR ha fracasado en conquistar el voto, por el zaqueo al erario y por su carencia de liderazgo responsable y patriótico.
El caos tampoco les logrará el favor popular. Nunca. Al contrario. El presidente Zelaya le tiene miedo a la elecciones limpias. Y son las que tendrá.