Sabemos que la corrupción es el abuso de poder para obtener un beneficio propio o de terceros, en detrimento del interés colectivo. Se puede dar en el sector público o privado.
La corrupción es igual a putrefacción, descomposición, podredumbre, degeneración, fermentación, corruptela, deshonestidad, depravación, perversión, vicio, envilecimiento, peste, prostitución, soborno, cohecho, compra, coima.
Y el opuesto de la corrupción es la honradez, integridad. La corrupción no tiene color político, los partidos políticos (Libre, Liberal y Nacional) han sido invadidos, por lo tanto, el sistema político ha sido deslegitimado dando paso al deterioro del Estado de derecho, consecuentemente, quiebra institucional pública.
La corrupción es una enfermedad maligna altamente contagiosa incrustada en la mente, corazón, espíritu, alma y códigos genéticos de mujeres y hombres dedicados a la política, naturalmente perversos y sin temor de Dios. La mayoría de estos políticos corruptos se presentan como precandidatos en las elecciones primarias e internas.
Los expertos en corrupción, impunidad y narcoactividad contaminaron gran cantidad de personas con la misión de contagiar e invadir los partidos políticos, Fuerzas Armadas, Policía Nacional y poderes del Estado.
Es bueno traer a memoria a modo de ejemplo el comportamiento de los diputados en el Congreso Nacional, es el caso de los diputados saltarines cuando el diputado migra con una facilidad asombrosa de un partido a otro burlándose de la ciudadanía que los eligió; hasta el presidente del Legislativo saltó a otro partido político.
Este hecho de los saltarines, la pérdida de la identidad del legislador a líneas partidarias que distorsionan los valores de justicia, la verdad y la ética; la parálisis legislativa; violación al Estado de derecho; la extorsión; malversación; y otros ilícitos, han causado repudio y desconfianza del electorado.
Sin embargo, la ciudadanía confía que los esfuerzos internacionales y los recursos nacionales del pueblo hondureño no sean anulados por el imperio de la corrupción realizando fraude electoral en cualquiera de sus formas, como por ejemplo utilizando el fraude por inteligencia digital.
Sin dudas, gran desafío para las autoridades del CNE luchar contra el fraude electoral en las elecciones primarias del 9 de marzo como en las generales del 30 de noviembre de 2025.
Frente a la desenfrenada corrupción, la única esperanza para Honduras radica en sus ciudadanos, los votantes además de vigilantes deben salir masivamente a votar contra aquellos precandidatos corruptos, no importando al partido político al que pertenezcan, lo esencial es votar por personas de ficha limpia, honestas y capaces, se trata de seleccionar las nuevas y posibles autoridades.
Es imperativo que el electorado ejerza su derecho con responsabilidad, sabiendo que la nación no puede continuar siendo prisionera de la ambición desmedida y los actos criminales de una clase política corrupta que ha traicionado los principios de justicia.
El futuro del país depende de que se elijan líderes dispuestos a construir una Honduras libre de corrupción. Queda planteado.