Con el padre Luis Santos, posteriormente nombrado obispo de la Diócesis de Copán, compartimos experiencias en la protesta estudiantil. El religioso oriundo de Ocotepeque estuvo en muchos movimientos sociales. Luego de un largo tiempo de no vernos, lo encontré en una de las iglesias de Tegucigalpa y le pregunté sus valoraciones sobre aquellas experiencias y su confesión fue sincera, él sentía -me dijo- que su participación había sido utilizada, no para los fines que él creía. No discutí lo dicho por el padre Santos. Lo cierto es que, al no haber una estrategia de lucha de largo alcance, tampoco había un compromiso de respeto y diálogo acerca de las formas de lucha y de los propósitos que se perseguían, predominaba el espontaneísmo y la improvisación.
Después de la Segunda Guerra Mundial, el panorama global se transformó significativamente, dando lugar al surgimiento de potentes movimientos de liberación nacional en Asia, África y América Latina. En esas nuevas condiciones, Estados Unidos y el bloque occidental cambiaron su estrategia de dominación.
Un estudiante de un seminario protestante solía decir que, en el caso de China, antes de la revolución “nosotros les enseñábamos a leer y los comunistas les dieron qué leer”, advirtiendo que en lo adelante debería haber una propuesta que influyera, políticamente, en la mente de los pueblos oprimidos, desde luego, para evitar las insurrecciones populares.
La transformación de las dinámicas geopolíticas trajo la proliferación de una gran cantidad de iglesias en América Latina, muchas de ellas identificadas con el sello de “made in USA”.
Oportuna es la ocasión del debate en torno a la religión para traer el pensamiento de una de las figuras más informadas sobre el tema, quien en un diálogo con el fraile dominico Frei Betto fijó su posición.
En el texto “Fidel y la religión”, elaborado por Betto, el dirigente cubano dice que “hay 10,000 veces más coincidencias entre el cristianismo y el comunismo que entre el cristianismo y el capitalismo”; mientras Betto coincide en que “las sociedades socialistas que crean mejores condiciones de vida para su gente están inconscientemente cumpliendo con lo que nosotros, hombres de fe, consideramos el proyecto histórico de Dios”.
En su visita a Chile, en 1973, Fidel Castro planteó la necesidad de una alianza estratégica entre cristianos y socialistas. En algunos documentos oficiales del Estado se ha hablado que no es posible la construcción del socialismo sin la participación de los cristianos.
Hay cosas que escapan del análisis teórico. En el caso de Nicaragua, el proceso revolucionario ha tenido que pasar por dificultades que reflejan algunas contradicciones, sin dejar de entender que la Iglesia no es un todo homogéneo. En ese país, en los últimos años, parte de la Iglesia, en vez de ser mediadora en el conflicto, abrió las puertas de par en par a una oposición violenta.
En el caso de Honduras, hay que dialogar, mientras se pueda. Hay que cerrarle espacio a la violencia y al odio, recordando que los problemas de la democracia no se resuelven únicamente en elecciones. Hace falta mucho más, como dice una canción popular