Desde el arranque de su historia moderna, en Centroamérica y el Caribe hubo siempre movilidad social, excepto hoy en que imperan rígidas limitaciones para participar en política inter Estados (pues sólo los ciudadanos pueden hacerlo). En el siglo XIX hubo presidentes nacidos en provincias ajenas de la patria que gobernaban (Manuel José Arce y los criollos Francisco Morazán y Dionisio de Herrera) o bien de activistas revolucionarios que, como Máximo Gómez en Cuba, agitan las vecinas. Admira la apertura -o ineficiencia policiaca- de tales tiempos para contener a los agitadores que cruzan fronteras a la luz del día sin ser identificados.
Las políticas migratorias del siglo XIX estimulaban en Centroamérica la incorporación de extranjeros provenientes de países con desarrollo tecnológico -migración “selecta”, excepto de chinos o coolies, negros y asiáticos en general-, o bien normaban que se dedicaran sólo a la agricultura, regla que pocos cumplieron. Las constituciones del istmo señalan que los individuos nacidos en cualquier Estado antes perteneciente a la extinguida República Federal conservan por Ius soli el derecho a la nacionalidad en cualquiera de esas naciones. Por ello cada vez que nacía una revolución en el siglo XX los perdedores iban a refugiarse al próximo donde, bajo vigilancia y regulaciones de no conspirar, salvaban la vida y conseguían trabajo. Obvio que conspiraban...
Son los casos de Miguel Mármol, Farabundo Martí y Augusto Sandino, quienes ante el atropello represivo huyen de su lar a Guatemala, México, Cuba y Honduras. Relata Gregorio Sélser que antes que Sandino iniciara su gesta libertaria en Nicaragua, escapa en 1921 a Honduras. “Ese año se emplea en La Ceiba como guardalmacén mecánico del ingenio Montecristo. Al año siguiente está en Guatemala, donde es mecánico en talleres de la United Fruit Company”.
Pero las inteligencias gubernamentales mejoraron y fichaban a los extranjeros como benéficos o perniciosos, ubicando a estos como delincuentes o agitadores políticos. Las dictaduras formalizaron convenios secretos para vigilar al exilado y para imposibilitar que conspirara y desarrollara acciones bélicas sobre su país de origen. Excepto que algunos gobiernos y dictaduras incitaban a los exiliados a organizar expediciones guerreras contra el otro.
La guerra cubana de independencia es el evento más publicitado de esa diáspora, sobresaliendo el exilio de Antonio Maceo, Tomás Estrada Palma, José Joaquín Palma, Flor Crombet y Máximo Gómez, entre 1880 y 1893, cuando Marco A. Soto los incorpora a su gobierno.
En el siglo XX los casos de inhumanidad a exilados y migrantes se dan en Europa y Estados Unidos. Y aunque la primera reacción es condenarlos igual tienen sus causas justificativas. El viejo continente envejece más y los jóvenes rechazan hijos, por lo que hacia 2050 Alemania, Francia, Holanda y Bélgica podrían caer bajo dominio de asilados internos islámicos. EUA sufre bajo crisis profundas de deuda (600,000 billones), droga e inflación, e incluso sus operaciones militares frecuentemente fracasan.
El orbe vive tensión, lucha entre el autoritarismo y la nada, la que es, según Sartre, parte esencial de la existencia humana.