Dos gobernantes estadounidenses, en su último mensaje dirigido a sus compatriotas antes de vacar tan elevado cargo al cual fueron electos por el voto ciudadano y el del Colegio Electoral, afiliados uno al Partido Republicano y el otro al Demócrata, un héroe castrense durante la Segunda Guerra Mundial, que condujo las fuerzas aliadas en Europa; el otro civil, funcionario público, legislador, vicepresidente, manifestaron, con base en sus respectivas experiencias, sus inquietudes y temores respecto al rumbo de su país.
Dwight D. Eisenhower, quien dirigió los destinos de los Estados Unidos de 1953 a 1961, advirtió de los peligros inherentes en el “complejo militar-industrial”.
Adicionalmente declaró: “Cada cañón fabricado, cada barco armado lanzado, cada cohete disparado, significa, en sentido final, un robo para aquellos que están hambrientos y que no son alimentados, para aquellos que están friolentos y no son arropados”.
Joe Biden -en enero del 2025- pronunció otra similar premonición: “Hoy en día se está formando en los Estados Unidos una oligarquía de extrema riqueza, poder e influencia, que realmente amenaza toda nuestra democracia, nuestros derechos básicos y nuestra libertad, y una oportunidad justa para que todos salgan adelante (...). Estoy igualmente preocupado por el posible surgimiento de un complejo tecnológico-industrial que también podría representar peligros reales para nuestro país”.
El grado de desigualdad social y económica actual en la superpotencia es tal que menos del 1% del total poblacional, constituido por 2,769 billonarios, con su financiamiento de los procesos electorales, abolidos los techos de las contribuciones privadas, son los que cada vez más deciden el destino y rumbo de su nación, para su provecho patrimonial personal, colocando en desventaja e indefensión al restante 99% de sus compatriotas y, por extensión, a la humanidad.
Hoy, 3,500 millones de personas viven por debajo del umbral de pobreza, mientras minorías acumulan más y más fortunas, bien o mal habidas, con ello más influencias y poderes políticos, fortalecidos con el desmantelamiento del sector público, las privatizaciones como parte del paradigma neoliberal y de la globalización.
Ciertamente, como con suma clarividencia, escribió nuestro poeta Roberto Sosa: “Un mundo para todos dividido”.