Honduras

'En el centro de salud nos ven como foco de infección”

03.07.2017

Tegucigalpa, Honduras
La indiferencia y la clandestinidad acompañan el trabajo sexual en Honduras.

El rechazo que experimentan las mujeres trabajadoras del sexo aumenta cuando acuden a los centros de salud a recibir atención sanitaria.

Este es el caso de Soraya, una mujer de 30 años, que ejerce el trabajo sexual desde hace más de dos décadas.

De manera regular la entrevistada aseguró que acude al establecimiento de Salud de Las Crucitas, en el barrio que lleva el mismo nombre.

Al asistir a este sanatorio siente que la tratan como “una vagina que camina”.

Y es que las atenciones sanitarias que recibe siempre están orientadas a revisar su aparato reproductor.

“Siento que no recibo una atención integral, me miran como un foco de infección”, lamentó mientras acaricia su vientre, en cuyo interior se gesta desde hace seis meses una nueva vida.

Si tiene gripe, dolor de cabeza o un malestar estomacal la mujer comentó que siempre terminan realizándole una prueba de VIH o un examen vaginal.

“Yo no soy solo una vagina, soy una mujer que tiene su cuerpo, una cabeza, tenemos más órganos”, agregó.

Foto: El Heraldo

La trabajadora sexual no desea acudir a otro centro sanitario porque no quiere ser estigmatizada debido a que en su tarjeta de salud o referencia médica las autoridades señalan su oficio.

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Tortuosa cita

La duda y la insatisfacción se confabulan en el interior de Soraya cada vez que el calendario marca la fecha de cita en el centro de salud.

Y es que de acuerdo con sus explicaciones ella ha sido testigo de la muerte, a causa de la indiferencia sanitaria, de varias de sus compañeras. Por ejemplo, nunca olvida cómo una amiga murió debido a una grave infección que le generó el tener por más de tres meses 16 preservativos en el interior de su vagina.

“Yo trato de ir porque doy el ejemplo a mis compañeras, pero no voy a nada porque solo salgo con recetas”, comentó.

Durante su trayectoria laboral ha experimentado infecciones de transmisión sexual y en reiteradas ocasiones debe comprar sus medicamentos porque de no hacerlo su cuerpo se convierte en “una ventana abierta para adquirir el VIH”.

La trabajadora sexual debe recorrer 30 minutos en transporte para poder llegar al centro de salud, a pesar de que cerca de su casa hay varios establecimientos de salud, pero por su oficio solo se le permite recibir atención en este sanitario.

No recibo una atención integral, me miran
como un foco de infección”. 'Yo trato de ir
porque doy el ejemplo a mis compañeras”.
'Cuando la doctora no está, las enfermeras
solo nos sellan las tarjetas”.

Sexoservidora hondureña

“No voy a otro centro de salud porque no estoy dispuesta a ser más estigmatizada, cuando se dan cuenta que soy trabajadora sexual la gente me queda viendo con lástima, como si tuviera lepra”, manifestó la mujer.

En la referencia o en la tarjeta de salud dijo que los médicos siempre le escriben como diferenciador que se dedica al trabajo sexual.

Cada mes ella debe acudir a este centro sanitario para renovar su tarjeta de salud, la cual en ocasiones solo es firmada debido a que no se les hace la evaluación médica.

“Cuando la doctora no está, las enfermeras solo nos sellan la tarjeta”, reveló.

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Recuerdos

Hace un par de años, de acuerdo con la sexoservidora, acudió a su cita para renovar su tarjeta de salud.

Al ingresar al centro sanitario a eso de las ocho de la mañana un guardia de seguridad le murmuró “¿cuánto tita, a cuánto me lo haces?”

Pese a la expresión continuó su paso hacia la Unidad de Vigilancia y Contingencia de Infecciones de Transmisión Sexual y recibió la atención.

En el momento de espera aseguró que en varias ocasiones le ha tocado tolerar las frases que lanzan otras mujeres.

“Mirá a esa puta, me van a confundir”, es parte de lo que aseguró que le toca vivir.

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vez al mes acude
a renovar su tarjeta
de salud al sanatorio.

A esto se suma que antes de ingresar a recibir atención la mujer debe firmar y llenar varios formularios.

“A veces los lleno y me demora unos 20 minutos hacerlo, esto lo hacen para que quede evidencia de que atendieron, pero a veces solo los lleno y me voy sin recibir el servicio”, manifestó.

En la clínica por lo general el médico la recibe y le indica que se acueste en la camilla, sin antes conocer qué problema de salud presenta, pues la mayoría de las veces solo le revisan sus órganos sexuales.

El trato no mejora a nivel de la enfermería ya que aseguró que cuando les sellan su hoja de visita hasta guantes se colocan en las manos para agarrarles sus documentos.

De igual manera consideró incómodo que en ocasiones las enfermeras les recomiendan salirse del trabajo que ejercen, porque sería mejor que les instruyeran sobre otros temas.

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