Honduras

Heridas de 2009 todavía no sanan en Honduras

A 11 años de aquel suceso, sus protagonistas siguen defendiendo su accionar

29.06.2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS.- Las heridas y la división de una sociedad arropada por un oscuro horizonte político, que ha tenido sus niveles recientes de confrontación en el Congreso Nacional, aún se mantienen en Honduras a 11 años del golpe de Estado o crisis política de 2009.

El 28 de junio de aquel año, la nación hondureña fue sorprendida por la salida abrupta del presidente Manuel Zelaya Rosales, una acción que muchos no esperaban porque el país acumulaba 29 años de vida democrática y se vivían los comienzos del siglo XXI.

Los políticos que fueron protagonistas de aquel acontecimiento, que dejó luto y dolor en decenas de familias, recodaron en redes sociales lo que para ellos fue una acción justificada y para otros un zarpazo a la Constitución.

La defensa y cuestionamientos de aquellos hechos es una evidencia de que las heridas no sanan y que el país aún sigue dividido social, política e ideológicamente.

“Hoy hace 11 años el pueblo instalaba 14 mil urnas, 140 medios cubriendo y 70 misiones internacionales. La primera consulta popular de la historia destruida por el golpe”, recordó el expresidente Zelaya, hoy coordinador del partido Libertad y Refundación (Libre), que surgió producto de la acción militar.

Uno de los principales protagonistas del golpe de Estado fue el jerarca militar Romeo Vásquez Velásquez quien, a más de una década, sigue defendiendo la legalidad del papel del instituto armado porque se limitó a cumplir una orden de la Corte Suprema de Justicia.

El 28 de junio de 2009

marcó un antes y un después en la vida política de Honduras

“Nada cuesta ser honestos, (el golpe) dividió y confrontó al país en el marco de una lucha infecunda y cruel entre la izquierda y la derecha, que a nuestro juicio han causado graves daños a la sociedad hondureña hasta el día de hoy”, dijo el exjefe del Estado Mayor Conjunto.

La causa de la crisis política de 2009 fue el proyecto de la Cuarta Urna, que tenía como finalidad consultarle al pueblo si estaba o no de acuerdo en que para las elecciones generales se instalara una urna adicional en la que el pueblo diera su respaldo o no a una asamblea nacional constituyente.

Los opositores a Zelaya aseguraban que este se quería quedar en el poder para poner en vigencia el “socialismo del siglo XXI”.