Honduras

De vender dulces a brindar asesoría legal

Desde los ocho años, Pedro Bustillo vendió dulces y cacahuates en la UNAH pero nunca quitó la mirada de su objetivo: cambiar la caja de cartón que le servía de “chiclera” por la Constitución de la República y el Código Penal. Hoy es todo un abogado

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05.10.2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS.- La pobreza fue todo un reto pero también una oportunidad en su vida. Siendo apenas un niño que cursaba el cuarto grado, Pedro Bustillo se vio obligado a abandonar sus estudios debido a los escasos ingresos económicos de sus padres.

A los ocho años cambió la mochila y sus sueños por una caja de cartón llena de dulces y cacahuates, había llegado muy prematura la hora de trabajar.

El famoso “Negro”, como lo conocen en la colonia Nueva Suyapa, acompañaba cada día a su madre Gladys Bustillo a la a la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) a vender la mercadería.

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Tres décadas después, aquel niño, ahora convertido en todo un hombre, no ha roto su relación con la máxima casa de estudios. Vestido con un traje negro y sentado en una banca, bajo la sombra de un árbol de mango, el ahora licenciado en Derecho atiende una cita de EL HERALDO.

Trabajo y superación

El hombre de piel morena y blanca sonrisa todavía tiene frescas en su memoria las condiciones precarias en las que creció. Solo tenía un par de zapatos, que en ocasiones hasta mojados los usaba, y cuatro camisas que vistió durante un largo tiempo y que en más de una ocasión compartió con sus hermanos.

A pesar de que se apartó de su centro escolar, siempre mantuvo ese pensamiento de progreso, porque así como miraba a los universitarios estudiando, quería ser uno de ellos, él también deseaba estar dentro de las aulas de clases.

“En los tiempos que no vendía en la universidad, que era diciembre y enero, iba a vender dulces a los bulevares y al terminar la venta de confites, me ponía a limpiar los vidrios de los carros, para llevar un dinero extra a mi casa”, contó melancólico
el abogado.

Recordó que convivió con sus dos hermanos y su madre en una diminuta pieza de cuatro metros cuadrados en la aldea de Suyapa.

Jamás olvidará que en esa habitación solamente contaban con un barril de cartón que les servía a todos como ropero, también una cama en la que dormía su mamá y algunos de sus hermanos y un petate en el suelo en el que dormía el resto.

“Toda esa pobreza, llena de diversas dificultades, me llevó a tomar una decisión en mi vida personal, decidí empezar a estudiar, sin importar cuán pobre o cuán miserable viviera, porque yo miré la pobreza como una oportunidad de vida”, relata con orgullo.

“El Negro”, como aún le llaman, logró ingresar a la alma máter, esta vez como estudiante en una escuelita en la facultad de Derecho.

Con dos obligaciones y con los mismos problemas económicos, Pedro necesitaba útiles; no le alcanzaba para comprarlos. Ante su necesidad, los dueños de una fotocopiadora le reunían unas hojas blancas grapadas y le colocaban el nombre de cada materia en la parte superior, esos fueron sus cuadernos.

El joven, lleno de ganas de salir adelante, pasó su primaria, aprobó el ciclo común y la secundaria. Eso lo motivó a matricularse en la UNAH para graduarse de lo que hoy es, un abogado con ganas de defender a los que no tienen voz.

“Cuando levanté mi título de bachillerato dije que sería abogado, quería estudiar leyes, porque en mi niñez miré tantas injusticias y ya hoy lucharé contra ellas”, comentó.

Ante la adversidad se considera un testimonio para todos esos niños que laboran.

“Al ver a los niños que venden en las calles, siempre les digo que pueden estudiar y les comparto mi historia para motivarlos”, concluyó.

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