Editorial

Los migrantes desaparecidos

Unos se fueron con la esperanza bajo el brazo de que en su lugar de destino, allá en los Estados Unidos, tendrían ese trabajo soñado, bien remunerado, con el cual poder ayudar a sus familias a superar la pobreza en que viven; mientras que otros lo hicieron para salvar su vida de las amenazas de los grupos de delincuentes que les asedian día a día. Estas son dos de las razones por las que centenares de personas dejan el país a diario, ante la pasividad de las autoridades gubernamentales que tienen el tema sobre la mesa y debaten sobre el mismo, pero muy poco hacen para revertir las condiciones en las que viven quienes tienen en la migración ilegal su única opción para sobrevivir.

Muchos de los que se van perecen en el camino. Desde 2014 hasta mediados de 2022, el Proyecto de Migrantes Desaparecidos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) reporta 359 hondureños y hondureñas fallecidos o desaparecidos en la travesía hacia los Estados Unidos.

Y seguro que son muchos más, pues sus registros se basan en los monitoreos de medios de comunicación o instituciones gubernamentales. Son decenas de personas de las que no se vuelve a saber nada una vez dejaron sus hogares. De ellos solo quedan los recuerdos en las mentes de sus familiares, quienes en su gran mayoría ni les buscan ni denuncian los casos a las autoridades competentes.

Este drama sigue latente en centenares de hogares, donde madres, padres, esposas, esposos, hijos, hijas y amigos viven con la esperanza de que algún día su ser amado les informe que está bien en algún lugar o regrese y toque a su puerta.

Y, lamentablemente, mientras unos buscan y esperan a sus seres amados desaparecidos, son muchos los que siguen saliendo del país en busca de la oportunidad, sin importar las amenazas del largo y tortuoso camino