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Interfiriendo las fuerzas del mercado

Los gobiernos latinoamericanos tienen una gran inclinación por manipular las fuerzas del mercado, especialmente cuando ello supone ganancias electorales, o bien, cuando se trata de controlar agudos procesos inflacionarios como los existentes en la actualidad.

El más cercano episodio de esa naturaleza se produjo en México, donde el gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), recientemente anunció un “Paquete contra la inflación y la carestía”, consistente “en una serie de medidas intervencionistas por el lado de la oferta agregada para atenuar el impacto de mayores precios sobre el consumo básico de los segmentos más necesitados”, mediante el congelamiento de “24 precios de bienes de la canasta básica, así como otros productos como gasolina, gas y telefonía” (eleconomista.com.mx/opinión, 10/05/2022).

El plan de AMLO no debe confundirse con un control directo de precios, ya que más bien consiste en un “pacto” o concertación “con el sector privado... para no aumentar los precios aludidos durante los próximos seis meses. En ese sentido, es un programa social en coordinación con el sector privado. No es un plan antinflacionario que vaya a reducir significativamente la inflación general”, especialmente porque los “24 productos aludidos tienen una incidencia sobre la inflación general de sólo 13 por ciento” (Ídem).

El problema de fondo de la iniciativa de AMLO consiste en que la inflación en México o en cualquier otro país, no se puede reducir por decreto ni mediante controles de precios gubernamentales. Argentina ensayó un plan similar al de México unos cuantos meses atrás, con la diferencia que el mismo abarcaba 580 productos de la cesta de la compra básica, pero los resultados han sido completamente ineficaces, ya que la inflación anual para abril del 2022 se estima que llegará al 57.1%, después que en marzo alcanzó un 55.1%, y en febrero se ubicó en 52.3%.

No sería extraño que en Honduras se haga algo parecido, ya que la canasta básica con la cual se miden las variaciones de precios, incorpora 22 productos y servicios representativos del 44.06% de la misma, tales como tortillas de maíz, carne de pollo, huevos de gallina, refrescos embotellados, alquiler de vivienda no amueblada, consultas a médicos generales, gasolina súper, transporte de pasajero en taxi, y otros catorce que superan el 1.00% de ponderación en la canasta referida.