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Salvadoreños desafían boicot de transporte impuesto por pandillas

Siete choferes han sido asesinados desde el domingo por desafiar el boicot.

29.07.2015

Tegucigalpa, Honduras

Cuando aparece un camión, decenas se agolpan para abordarlo, todos buscan llegar a sus trabajos o escuelas de cualquier manera, desafiando el boicot impuesto por las pandillas al transporte público, que por tercer día afecta a miles de salvadoreños.

'¡Dos coras, dos coras (50 centavos de dólar) el pasaje para Apopa!', grita un niño de unos diez años desde la ventanilla de un camioncito cuyo padre ha puesto a circular para ganarse unos dólares extra, aprovechando el paro del transporte.

Escenas como éstas se repiten en San Salvador, una ciudad de 1.8 millones de habitantes trastocada por la casi total paralización de las empresas de autobuses que no han tenido más remedio que acatar la orden de las pandillas por temor a las represalias.

Siete choferes han sido asesinados desde el domingo por desafiar el boicot, según informes de la Policía.

Las pandillas -en particular la Barrio 18- exigen ser incluidas en un diálogo nacional que encabeza el gobierno sobre el tema de la violencia, pero el presidente Salvador Sánchez Cerén ha rechazado de plano cualquier diálogo con los grupos criminales.

La respuesta del gobierno al boicot fue trasladar a prisiones de máxima seguridad a decenas de pandilleros presos en cárceles comunes, entre ellos dos cabecillas que son considerados los directores intelectuales del boicot.

- Pobres 'jodiendo' a pobres -

Jorge Román, de 67 años, espera apoyado en su bastón algún medio de transporte para llegar a Apopa, ciudad satélite ubicada 12 km al norte de San Salvador donde tiene un puesto de venta de especias.

'Esto de la falta de transporte está mal, andar subiéndose en camiones ya no es para un viejo, pero la necesidad de ganarse el pan de cada día lo obliga a uno a salir y trabajar', dijo Román a la AFP.

Finalmente, dos policías ayudan al sexagenario a subir a la plataforma de un camión que se dirige a Apopa.

Alfonso Villatoro, mecánico de 45 años, ha permanecido unas cuatro horas en la terminal de los buses que cumplen el servicio entre San Salvador y el oriente del país, intentado infructuosamente trasladarse a la ciudad de San Miguel, 138 km al este de la capital.

'Da rabia, estamos en el tiempo en que hay pobres jodiendo (afectando) a pobres, esos bichos mareros (pandilleros) son pobres como nosotros pero quieren sentirse que son los dueños de todo, es tiempo que las autoridades hagan algo', dijo Villatoro con visible molestia.

La catedral en San Salvador es punto de partida y llegada de camiones que algunas personas han sacado a las calles para trasladar a los atribulados capitalinos, cobrando un pasaje que oscila entre los 0.50 centavos y los tres dólares.

De esa misma zona parte el transporte gratuito que brindan el gobierno y la alcaldía de San Salvador y que es custodiado por policías y soldados.

Pero los improvisados medios de transporte no dan abasto para movilizar a toda la población capitalina, por lo que muchas personas no tienen más remedio que hacer largas caminatas para llegar a sus trabajos o regresar a sus casas.

- Elevadas pérdidas -

El presidente de la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP), Jorge Daboub, aseguró que se ha pedido a las empresas 'comprensión y flexibilidad' para no tomar acciones en contra de sus empleados por llegar tarde y que se les permita retirarse más temprano.

Las repercusiones del paro en la economía no han sido estimadas, pero los empresarios de autobuses calculan que han perdido cerca de 800.000 dólares por la paralización.

El gobierno, por su parte, trata de contrarrestar la crisis movilizando medios de transporte y reforzando al máximo la presencia de policías y soldados en las calles.

El secretario de Comunicaciones de la Presidencia, Eugenio Chicas, ha prometido que habrá transporte gratuito a la población 'todo el tiempo que sea necesario'.

Mientras, decenas de camiones con policías y soldados fuertemente armados patrullan las paradas y terminales de autobuses, aunque esto no modifica el hecho de que la mayoría de unidades de transporte siguen apagadas y vacías.