Tic Tac

Jerry Sabio, alcalde de La Ceiba: 'Mi primer parto lo atendí en una ambulancia...”

Ginecólogo y sobreviviente de los reclutamientos forzosos
12.04.2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS.-Aquel pequeño trozo de chocolate negro que corre por las calles de Puerto Cortés se alista para la vida en los manglares de la laguna de Alvarado...

Saltarín como un frijol, aventado como una bala, Jerry Sabio juega a ser Danny Glover y ni tiene idea de lo que el juego de la vida le ha preparado: será ginecólogo para honrar la memoria de su madre Isabel Amaya y alcalde de La Ceiba para honrar la memoria de su abuelo Isidro.

¿Recuerda cuando regresó a La Ceiba ya con la gabacha blanca de doctor, Jerry?
Cuando las personas que conocieron a mi madre me miraban vestido de blanco, lloraban. Yo no entendía por qué hasta que me empezaban a contar todo lo que ella sufrió cuando un año después de mi nacimiento vino al mundo mi hermana y en el parto un doctor le dejó unas gasas adentro de su cuerpo: producto de la infección falleció mi hermana y mi mamá sufrió una muerte agónica. Yo estudio medicina en memoria de ella, porque un médico debe salvar vidas, no dañar a nadie.

Un año después de esa fatal mala praxis los madrugadores ojos de Jerry despiertan en la 17 calle, sexta avenida, casa 610 del barrio Buenos Aires, en donde su abuela y sus tías terminan de moldear el carácter de un hombre eternamente sociable que pasó mil aventuras antes de conocer el mundo. “En Cortés viví hasta los 15 años”, recuerda este Jerry Sabio de voz blanda como el jazz, el mismo garífuna aquel que cazaba pichetes, que no jugaba fútbol y que atendió su primer parto con 15 años en las apolinadas calles corteñas...

Bueno, doctor, ¿cómo está eso de que no jugaba fútbol cuando era cipote?
Ja, ja, ja... jugaba chuña en la calle pero no me apasionaba. Lo que sí me encantaba era el volibol de playa y el tenis de mesa; de niño me metí al cuerpo de Bomberos y contra la Cruz Roja armábamos torneos a cada rato. Era rematador y armador.

¡Ah, vaya! Mire que recién iniciamos la plática y ya vamos descubriendo muchas cosas. ¿Bombero?
Sí. A los 13 años y estando en tercer curso me enrolo en el Cuerpo de Bomberos de Puerto Cortés. Yo quería ir a la patrulla, mi ilusión era apagar fuegos, sin embargo como era tan pequeño me mandaron a la ambulancia: medía 1.30 y pesaba 110 libras.

Pero imagino que sí sabía primeros auxilios, ¿no?
Ellos me enseñaron. Y para que vea cómo es la vida el primer parto de mi vida lo atendí en una ambulancia. Recuerdo que había que meterse a un callejón hecho de polines y sacar en camilla a una señora... allá íbamos mis compañeros y yo tratando de no caernos a los zanjos. Realmente quedé impresionado, asustado.

Tenía una vida bien movidita, ¿no es así?
Sí, turnaba los fines de semana y días feriados en los bomberos y con los amigos pasábamos pescando en la laguna de Alvarado, ahí bañábamos y buscábamos cangrejos en los manglares; también nos íbamos de cacería con rifles de balines por lo que siempre llegaba sucio a la casa, todo revolcado, porque yo era el que abría el camino...

Además: Gaby Bonilla: 'Ni mi marido me ha tomado una foto desnuda'

El recuerdo de su madre Isabel y un pequeño Jerry Sabio.

El recuerdo de su madre Isabel y un pequeño Jerry Sabio.

Era el líder, entonces.
¡No!, lo que pasa que como era el más pequeño me agarraban de las manos y los pies y me tiraban de carnada para romper camino... ja, ja, ja. Igual pasó cuando aprendimos a nadar, me agarraron y me tiraron al agua. Así era la vida de antes, era rompe y raja.

La oficina del señor alcalde es sobria, por más que en su administración intenta pagar una deuda de más de mil millones de lempiras de gobiernos pasados. Entre sus negocios particulares y su papel de jefe municipal apenas “repongo energías, no duermo, unas dos horas. Ya me acostumbré”. Su metabolismo no le juega en contra y sigue siendo delgado a pesar de que ya no juega al volibol como antes, como cuando llegó el momento de pedirle permiso a la bendita gloria para inscribir su nombre en la Universidad Nacional y salir vestido de blanco.

Iba adelantado en los estudios, ¿verdad?
Sí, porque ya a los 15 años me fui a la capital a estudiar medicina. Ahí me reencontré con mi papá, que después de la muerte de mi madre se casó con otra persona e hizo su vida aparte.

¿Qué fue lo más duro que vivió en la capital?
Los reclutamientos forzosos. Todos los cipotes sabíamos correr mucho porque huíamos de aquellos camiones grandes y verdes... ja, ja, ja... pero como se acuerda yo pesaba 110 libras y medía 1.30 metros, así que cuando pasaba el militar viendo a los que habían detenido a mí ni me determinaban, aunque yo en el fondo muerto del miedo.

Entonces ni los militares pudieron con Jerry Sabio.
No. Terminé la carrera a los 24 años aunque no fui el más joven en hacerlo, hubo una muchacha que la terminó a menor edad.

Pero enseguida viví las consecuencias porque cuando llegaba un paciente me decía: “¿Vos sos el doctor?, si vos podés ser mi nieto más bien”. Así estuve trabajando tres años y después mejor opté por ir a Guatemala a especializarme en ginecología. Ahí estudié cuatro años y para poder verme mayor me dejaba crecer la barba y el bigote porque ya solo miraba señoras y no quería que dijeran: “¡Qué hace este güirro de ginecólogo!”.

A ese güirro que no pudieron domar los militares pero sí su esposa, ¿eh?
Ja, ja, ja... con María Elena Durón nos conocimos en la facultad como a mitad de carrera.

¿Cómo le echó el ojo?
Todo empezó por una apuesta: como ella era muy “creidita” le digo a mi compañero de cuarto: ¿Apostemos que me quedo con esa mujer? Y el compañero me decía: “No, vas a ver que yo me quedo con ella”. Cuando él se fue de vacaciones me dije: “¡Ah!, bueno, esta es mi chance”.

Como soy cinéfilo, la invité al cine y no ve que me dejó plantado. Y yo en mis adentros: “¡Esta jodida me la va a pagar!”. Ni una mujer me había echo eso y la dejé de ver por mucho tiempo.

Ja, ja, ja. ¿Y entonces?
Después ella me explicó que no había llegado porque la familia la invitó a comer pescado. “¡Y por un pescado me dejaste!”, le dije yo... ja, ja, ja. Ella se estaba haciendo la difícil pero luego nos formalizamos y cuando nos mandaron al internado en el San Felipe aproveché la fama de ese hospital para pegármele...

Dicen que ahí asustan y como nos quedábamos turnando en la noche y ella era miedosa, los sustos eran mis aleros porque la abrazaba fuerte... ja, ja, ja.

De interés: Yanuario Paz: 'A veces veo más tenis que fútbol'

Con una Nissan Frontier andaba de casa en casa haciendo ultrasonidos en Tocoa y Olanchito en sus inicios.

Con una Nissan Frontier andaba de casa en casa haciendo ultrasonidos en Tocoa y Olanchito en sus inicios.

De esos sustos al susto de la pedida de mano, entonces.
Ja, ja, ja... la cosa es que después del internado viene el servicio social y si queríamos que nos mandaran al mismo hospital debíamos estar casados. Entonces cuando voy a pedir la mano me dice su mamá: “¡Pero cómo te vas a casar con esa muchacha si no sabe hacer nada!”... ja, ja, ja. Era su consentida y seguramente no quería que me la llevara.

¿Qué será más difícil: traer un niño al mundo o pedirle el voto a un ceibeño?
Los dos son momentos difíciles. Uno es por el riesgo de las dos vidas y al pedir el voto uno debe ingresar a la casa de la persona y tener mucho tacto para ganarse su confianza. Imagínese que le salga uno de la mancha brava del otro partido... ja, ja, ja.

¿Cómo llega a la política?
Lo traigo un poco en la sangre porque mi abuelo fue alcalde de Trujillo y diputado por Islas de la Bahía; mi papá y mi tío han incursionado en política. Gracias a mi profesión empiezo a descubrir gente que vive en áreas postergadas a la que había que ayudar. Ahí se me metió el gusanito de la política porque en masa no podía apoyar a tanta gente siendo doctor.

¿Qué es lo que más le ha impactado ver en política?
En 2004 Fito Paguaga me invitó a Arizona a encender el sistema de alumbrado público y mirar gente llorando de la emoción me pegó fuerte, porque en ese pueblo solo se miraban luciérnagas de noche. Ahí estaba con Elvin Santos, luego estuve con Gabriela Núñez y Luis Zelaya.

Le ganó a Ramón Leva con una diferencia de 10 mil votos. ¿Cuánto invirtió en la campaña para ser alcalde?
No voy a negar que soy tacaño. Yo iba con cuidado en los gastos pero de repente salía mi esposa: “¡Ya te hice las mil camisas, ya te hice las banderas, esto y aquello!”. Púchica, decía yo, esta campaña me va a dejar pobre. Luego fueron apareciendo patrocinadores, exalcaldes y al final el Partido nos apoyó bastante económicamente.