Dilema

Perder la vida y sus pertenencias, por los huracanes o la delincuencia

Por: Texto: Dalma Acosta | Edición: Carmen Godoy

16.12.2020 - El pasado mes de noviembre, las lluvias ocasionadas por Eta y Iota derribaron enormes rocas que hundieron las paredes de las casas que habitaban

TEGUCIGALPA, HONDURAS.- Tuvo que ver a sus hijas partir hacia un lugar más seguro y aunque deseaba acompañarlas, el temor a perder su hogar y sus pocas pertenencias la obligó a quedarse.

Ana Sánchez, de 60 años, es madre de 10 hijos, a los que crió sola y con muchas limitaciones, pero de manera honrada; por eso, la sola idea de perderlo todo le afecta tanto, porque en esas paredes de "madera de orilla" están su vida y su fuerza.

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El pasado mes de noviembre, las lluvias ocasionadas por Eta y Iota derribaron enormes rocas que hundieron las paredes de las casas de sus hijas -ubicadas en el mismo solar del barrio El Edén, en la capital. Además, la inestabilidad del suelo provocó que se hundieran los pisos, dejando inhabitable el lugar. Las jóvenes y sus hijos fueron llevados al albergue de la colonia Villa Olímpica, pero su madre decidió no acompañarlas.

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La hondureña muestra algunas de las enormes rocas que han caído en las casas de sus hijas, las cuales fueron evacuadas hacia un albergue. Foto: Aarón Canales/ EL HERALDO

Doña Ana explica que si no eran los derrumbes, era la delincuencia lo que le arrebataría sus enseres, por eso la sexagenaria decidió esperar, aún con el riesgo que significaba para su vida.

VEA: Más de 90,000 hondureños todavía están en albergues

"Cuando en el 2008 nos pasó lo mismo yo me salí, pero cuando volvimos ya nos habían robado todo. Por eso no quise dejar solo aquí. Nosotros sabemos que es peligroso, pero si uno no tiene dónde vivir tiene que estar acá", dijo Sánchez a EL HERALDO.

Sin embargo, pese a su sacrificio las casas continuaron cediendo, al punto que Fany Mejía, una de sus hijas, se vio forzada a desarmar por completo el pequeño hogar que compartía con sus niños de uno y tres años, pues representaba un riesgo para la vivienda de su madre, ubicada a pocos metros. Ahora, la joven vive en una pequeña bodega propiedad de un buen hombre, quien le permitió quedarse entre los fardos de ropa que almacena, pues era preferible eso, a la calle.

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Doña Ana ve con impotencia a su hija Fany y a sus nietos, quien ante la falta de un techo deben vivir dentro de una bodega donde se almacenan fardos de ropa. Foto: Emilio Flores/ EL HERALDO.

La impotencia las consume, pero sus ganas de luchar las sacan de esos momentos de frustración. Ambas mujeres afirman que esperan la ayuda de corazones solidarios, pues Ana al ser una persona mayor, no logra conseguir un empleo, y Fany, tras verse damnificada, fue despedida de su trabajo como niñera.

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El resto de los hijos de doña Ana tampoco tiene una fuente de ingresos, y el que había venido ayudándola económicamente tiempo atrás, fue deportado de México a principios de noviembre.

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La señora de 60 años de edad permanece a la espera de ayuda, pues sus condiciones económicas no le permiten el lugar que ha sido su hogar y su infierno durante muchos años. Foto: Aarón Canales/ EL HERALDO

En el caso de Fany Mejía, quien es madre de dos niños de uno y tres años, recientemente encontró una oportunidad temporal en una recicladora de plásticos y metales, pero los 150 lempiras que gana de sol a sol no le permiten comprar mucho y el contrato verbal de trabajo está próximo a vencer.

Por eso, si usted desea ayudarles con un empleo, una vivienda, alimentos o insumos para sus bebés, puede hacerlo llevando sus donaciones a las instalaciones de Diario EL HERALDO, o llamando al teléfono: 8875-4825.

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