Fuerza de una madre

"Volver a ver a mis hijos flaquitos, no": Fany Mejía, una madre con la fuerza más potente que un huracán

16.12.2020 - Si usted desea ayudar a esta familia puede hacerlo, llevando sus donativos a las instalaciones de Diario EL HERALDO en Tegucigalpa, o llamando al teléfono: 8875-4825

TEGUCIGALPA, HONDURAS.- Quedarse sin casa, trabajo y mucho menos ingresos para solventar sus necesidades ante el paso de un fenómeno natural que destrozó su hogar, la separó de su familia y la obligó a ocuparse en lo que fuera para alimentar a sus niños. Esa es la historia de la hondureña Fany Mejía, una de los miles de damnificados a causa de los huracanes Eta y Iota.

En el caso de Fany, su hogar ubicado en el capitalino barrio El Edén, se hundió. Si no lograba salirse a tiempo con sus hijos hubiesen tenido consecuencias más graves. Las tormentas cesaron, pero las enormes rocas continuaron cayendo, por lo que casi toda su familia se marchó al albergue ubicado en el complejo deportivo de la Villa Olímpica, sin imaginarse que con el paso de las semanas sus casas empezarían a desaparecer por completo.

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Así lucía la casa de Fany y de sus hijos, antes de que el muro y el suelo comenzaran a ceder. Fueron años de esfuerzo para poder tener un techo, pero en cuestión de días, colapsó.

Así la conocimos, vulnerable y preocupada, pues los días pasaban y como bien lo dijo "no es lo mismo estar en su casita, que en un lugar desconocido donde no lo tratan bien". Su caso es de esos que calan en la humanidad, pues su mirada desesperada rogaba por auxilio.

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Días después, volvimos a buscarla en el albergue, pero se había ido. Sus familiares relataron que se llevó a sus bebés de uno y tres años y se negaba a volver. En una odisea para tratar de hallarla en las calles de Tegucigalpa y Comayagüela, tras varias llamadas y esfuerzos... la encontramos. Su instinto de madre la orilló a dar un giro a su vida.

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La hondureña perdió todo a causa de Eta y Iota, pero a su lado conserva lo más importante: sus pequeños de uno y tres años de edad. Foto: Emilio Flores/ EL HERALDO.

Su salida del albergue

La madre con sus dos hijos, Aslen y Sophie, se retiró del centro de acopio porque ya se sentía "inquieta", según lo manifestó. Muchas cosas la tenían incómoda en ese lugar, algunas situaciones como que la comida llegaba muy tarde, por ende, los niños se enfermaban del estómago, alimentos en mal estado y también peleas con otros refugiados que se quedaban con la mayoría de las ayudas que llegaban, pese a que todos tenían las mismas necesidades.

Fany y, por supuesto, sus hijos, no lograron acostumbrarse a la vida de hacinamiento, por lo que un día tomó la decisión de salirse de ese sitio. Contó que lo que más la motivó fue que su niño de un año se enfermó debido a las condiciones en las que vivían dentro del albergue y enfatizó: "Volver a ver a mis hijos flaquitos, no. Este no es ambiente para que vivan mis hijos".

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El terreno de su casa quedó vulnerable, lo que ocasionó que se fuera deteriorando y desmoronando más, hasta quedar sin una tabla en pie, por lo que tuvo que sacar las pocas pertenencias que quedaban dentro y destruirla para evitar que cayera encima de la casa de su madre que no había sufrido muchos daños.

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La joven observa con tristeza el lugar donde alguna vez estuvo erigido su hogar, pero ahora solo queda un muro inestable y una plancha de cemento con decenas de grietas. Foto: Emilio Flores/ EL HERALDO



"Como la casa quedó a la orilla del muro, se movió y se cayó una parte a causa de esto, se quebraron todas las tablas y lo poco que pude lo salvé, porque sino me quedo sin nada", dijo la mujer recordando el momento.

Sin poder regresar al albergue o a su vivienda, completamente en la calle, pidió ayuda a un hombre de buen corazón, quien les cedió un espacio para dormir entre los fardos de ropa usada que guarda dentro de una bodega, pero las condiciones tampoco son buenas y el tiempo para irse se agota.

VEA TAMBIÉN: FOTOS: Las huellas de Eta y Iota en la capital de Honduras

Lucha por sobrevivir

Los días que permaneció albergada también la dejaron sin empleo, pues la familia donde trabajaba como niñera la despidió. Actualmente trabaja una jornada completa en una recicladora de plásticos y metales, pero debe llevar a sus niños al inseguro lugar, ya que los 150 lempiras que gana no ajustan para pagar quién los cuide, "apenas alcanza para comprar la comida, leche y pañales". Ante esta situación expresó: "ni modo, cuando uno comienza de cero y sin nada, esto así es".

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La joven madre se ha visto obligada a llevar a sus pequeños al lugar donde trabaja desde las 7:00 a.m hasta las 5:00 p.m por tan solo 150 lempiras. Ahí, sus niños están expuestos a la contaminación y a objetos peligrosos. Foto: Emilio Flores/ EL HERALDO.



"En este momento necesitamos más ayuda que nunca", aseveró la inquebrantable madre, que pese a los mil obstáculos que enfrenta tiene una meta clara: "mis hijos no pueden aguantar hambre o enfermedades".

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Fany solo pide ayuda para conseguir un empleo, un lugar dónde vivir y costear la alimentación y los medicamentos para sus hijos, para que nunca pierdan su inocente sonrisa. Foto: Emilio Flores/ EL HERALDO.

Fany y su familia necesitan de una mano amiga que les brinde un trabajo digno, un lugar apto para vivir y cualquier ayuda que les devuelva la esperanza en estas fechas de Navidad. Si usted desea ayudar a esta hondureña puede hacerlo, llevando sus donativos a las instalaciones de Diario EL HERALDO en Tegucigalpa, o llamando al teléfono: 8875-4825.

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