Los Ángeles, Estados Unidos.- Hannah Murray, conocida por su papel de Gilly en Game of Thrones y Cassie en Skins, ha narrado públicamente por primera vez cómo su incorporación a una secta relacionada con el mundo del bienestar derivó en una crisis psicótica en 2017 y, posteriormente, en un diagnóstico de trastorno bipolar.
La actriz, de 36 años, habló con The Guardian con motivo de la publicación de sus memorias, The Make-Believe: A Memoir of Magic and Madness, previstas para el 23 de junio. Murray explicó que llegó a ese círculo a través de un "sanador de energía" al que conoció mediante su entrenador personal durante el rodaje de Detroit.
"Pensé que era inteligente, que tomaba buenas decisiones. Pues tomé decisiones terribles. Pero es importante entender por qué la gente hace estas cosas, en lugar de decir 'cómo pudieron ser tan estúpidos'", señaló.
La actriz describió el ambiente del grupo como un espacio mayoritariamente femenino al que un hombre llegó con una presencia "magnética y segura de sí misma".
"Mi propia experiencia se sintió muy erotizada, sin que ocurriera nada físico de manera explícita. Simplemente había una carga en la energía de la sala", relató.
Murray gastó miles de dólares en lo que describió como la búsqueda de "sabiduría y singularidad" antes de sufrir el episodio psicótico que la llevó a ser ingresada en una unidad psiquiátrica.
Desde entonces, la actriz ha mantenido distancia de todo lo vinculado a la industria del bienestar. "Ni medito, ni entraría en una tienda de cristales, ni hago yoga, porque no sé qué podría surgir que resultara demasiado para mí", explicó.
Al mismo tiempo, reconoció la omnipresencia de estas prácticas en la cultura contemporánea, donde se ofrecen como solución automática a cualquier malestar. Murray ha abandonado la actuación. Sus memorias son el primer paso de una nueva etapa en la que la escritura ocupa el lugar que antes tenía la pantalla.