Copyright (C) 2018 ElHeraldo.hn El Heraldo Tue, 25 Feb 2020 13:50:19 GMT ElHeraldo RSS Feeds - Siempre Artículo de Octavio Carvajal: ¡Tiros al pecho! LARGA ESPERA... 
 La hora cero para poderosos bandoleros –soñados de intocables por su influencia económica, política y jurídica- debe cumplirse ya sin ninguna piedad.



TEGUCIGALPA, HONDURAS.

-Lo que todo mundo sueña en Honduras es la caída de grandes delincuentes (políticos, militares, policías, unos periodistas y empresarios) y que nunca más los miremos en foros públicos cacareando inversión, decencia ni pomponeándose el pecho en diversos templos donde, a lo demonio, los “santifican”.

La hora cero para poderosos bandoleros –soñados de intocables por su influencia económica, política y jurídica- debe cumplirse ya sin ninguna piedad.

Debemos exigir diariamente al régimen actual que sus aparatos fiscalizadores y de justicia tomen conciencia de que la mayoría grita castigo inmediato para tapados en trajes y faldas.

LelosEl régimen de Juan Orlando Hernández Alvarado cumplió su sexto año.

Le tocó, en medio de flaquees, encerrar a más de una veintena de personas por el saqueo al Seguro Social y de uno que otro bandido público por otros atracos.

Su gestión ha arremetido en últimas semanas contra galanes de un lado y de otro por embolsarse millones en diversas vías.

Estamos asechados de chorro de pícaros e impunes cuyos juicios pararon en gavetas del chanchullo judicial.

Pese a las frescas embestidas legales, muchos, pensamos, no serán ni siquiera tocados por tener protección de los de arriba.

Quiebran entes estatales por descarados robos y parece que no hay esperanzas, como siempre, de recuperar el billete.

Cansa que nos hablen y hablen de corrupción si sus cronistas también están hediondos.

En todos los gobiernos oímos de millonarios fraudes.

El atraco al IHSS es imperdonable, pero peor aún que un par de sus ladrones gocen, sin pudor, en gimnasios, jactándose de “actores”, siendo autores del colosal atraco.

¿Dónde están los siete mil millones de lempiras?TufoLlevamos décadas oyendo de corruptos, tumultos de que todo mundo sisa sin freno.

Hurta y reparte el conserje, pululan facturas falsas, licitaciones mañosas donde el “ganador” lleva la bendición del corruptor.

Así vamos de circo en circo, encarcelando por veinte millones de lempiras cuando pillos gritan y juran decoro en micrófonos bañados de oro.

Ristra de pillajes, cínicos legislando, derrochando lujos en yates, en jets, en corceles pura sangre, carros blindados, con escolta de policías y militares (incluye periodistas pancistas).

Otros andan con perfil bajo tras los ataques de Estados Unidos por lavado y narcotráfico.

Ya nadie se acuerda de aquellos que se quedaron de “paseo” por el imperio.

Prohibido olvidar que unos con pasado oscuro están dictando cátedra de moral desde diversas tribunas, sean públicas o privadas.

El tiempo de las verdades y de los reales castigos está llegando poco a poco.

Ya no más trastadas de arrogantes que han vivido como reyes exigiendo respeto mientras desvalijan al Estado.

GasUn exfuncionario de jefaturas pasadas ahora es “empresario” de gasolineras.

Por cierto, es muy amigo de reporteros.

Llegó en harapos y ahora usa trapos de cinco mil dólares.

Excentricidades de altaneros.

Renta helicóptero para la novia, al día siguiente sube a la esposa.

Es un lavado y sacado de lo robado.

Iniciaron los tiros al pecho.

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http://www.elheraldo.hn/revistas/siempre/1358660-466/art%EDculo-de-octavio-carvajal-tiros-al-pecho /Revistas/Siempre/ 21389955 Mon, 17 Feb 2020 16:55:38 GMT
Selección de Grandes Crímenes: Alta es la noche… El Heraldo



TEGUCIGALPA, HONDURAS.

-La mujer, envejecida prematuramente a causa del sufrimiento, se limpia las lágrimas con un pañuelo viejo, y mira al suelo con ojos eternamente tristes.

Luego, dice, reteniendo un suspiro:“Mi hijo quería ser policía; desde pequeñito tenía esa ilusión.

Siempre que jugaba con sus amigos, él era de los buenos… Pero ahora está muerto… Me lo mataron los delincuentes, y ya ni Dios puede consolarme… Esto es como estar muerto en vida”.

Carlos murió mientras participaba en un operativo contra una banda de asaltantes en la colonia San Miguel de Tegucigalpa; sus compañeros rodearon la casa y él entró por el portón que acababan de derrumbar.

No disparó un solo tiro.

Del interior de la casa salieron varios disparos.

Uno le dio en la frente al policía, que acababa de cumplir veintidós años.

VEA: Grandes Crímenes: El regreso del H-3 “Hasta allí llegaron sus sueños –agrega su madre–; en enero se iba a presentar a la Academia, para hacerse oficial.

Pero, ya nunca más…”.

Se cortaron sus palabras, y las lágrimas brotaron abundantes sobre sus mejillas.

“Perder a un hijo es lo peor que le puede pasar a una madre –dice, después de unos segundos de dolorosa agonía–.

Dicen que el que lo mató está en la cárcel.

A mí no me importa.

Esté vivo o muerto, libre o preso, en nada me ayuda a soportar este dolor… Pero le pido a Dios que no lo perdone…”.

Hace rechinar con furia sus prótesis dentales, y brilla el odio en sus ojos.

Tiene solo cuarenta años, pero aparenta muchos más.

El dolor la consume día a día.

“Era mi único hijo varón –murmura–, y yo lo amaba con toda mi alma; pero me lo mataron.

Dicen que murió en el cumplimiento del deber, pero eso solo son palabras vacías… Lo extraño cada segundo del día”.

Número¿Cuántos policías han muerto enfrentando a la delincuencia? ¿Cuántos han caído en el cumplimiento del deber, como se dice demagógicamente? ¿Cuántos huérfanos crecen sin la sombra protectora del padre? ¿Cuántas viudas lloran desamparadas? ¿Cuántas madres limpian sus lágrimas ante la muerte de sus hijos? ¿Cuántos policías más entregarán sus vidas en nombre de la seguridad y la paz social de los hondureños?“Ver caer a un policía es doloroso –dice un general–; y duele porque están en las calles combatiendo a los que les hacen daño a los hondureños.

Ir al velorio y al entierro de un policía desgarra el alma porque allí, en el ataúd, está un hombre o una mujer que juraron proteger a la ciudadanía, y mueren a manos de criminales que deberían estar en la cárcel o en el cementerio.

Por desgracia, así es esta profesión.

Uno conoce los riesgos y los asume por vocación, porque un día decidimos servir y proteger a la población”.

Frente a nosotros está el ataúd de un oficial, un subinspector que tenía muchos sueños y que deseaba llegar lejos en la Policía.

Murió cuando veinte comandos de la MS liberaron a uno de sus líderes más sanguinarios en el juzgado de El Progreso, Yoro.

Tiene los ojos cerrados para siempre; aunque hay color en sus mejillas, la muerte le ha dado una palidez fría que estremece el alma.

Sus brazos cruzados sobre el pecho, vestido con su uniforme, durmiendo para siempre, rotos sus sueños, acabadas sus aspiraciones… dejando atrás dolor que no ha de sanarse nunca.

Y solo dos días antes, la mujer que amaba le llevó una sorpresa en ocasión del Día de San Valentín… Y él fue feliz.

Sin embargo, la Muerte, fría y despiadada, le seguía los pasos.

MisiónEl agente de Inteligencia de la Policía Nacional, con un extraño sonido en su garganta, me dice:“Mi subinspector no era parte del equipo de seguridad y custodia del ‘Dórquin’.

Él andaba acompañando a un amigo, a un compañero, que tenía que declarar en un juicio, en los juzgados de El Progreso.

Pero, su instinto de policía le dijo que algo malo estaba pasando allí, y fue uno de los primeros que cayó herido de muerte.

Le siguieron los policías militares…”.

Hace una pausa, suspira, con tristeza sincera, y agrega:“Estamos trabajando en la investigación del caso.

Hay mucha tela que cortar en esto.

Creemos que la planificación del asalto en el juzgado de El Progreso viene de alguien poderoso dentro de la Policía… Alguien que ya no era policía, por supuesto; un oficial que recibió todo de la Institución, y que ahora se presta para asesinar policías.

Por supuesto, no lo depuraron por santo.

Sabemos que tenía nexos estrechos con gente de la MS en el Norte, y desde hace años se le sigue la pista… Pero ha tenido padrinos de peso, y nunca se le llevó a los tribunales, sin embargo, ahora tenemos luz verde para entregarles las pruebas a la fiscalía…”.

Calló de nuevo, se ajusta el pasamontañas, corta una llamada que entró a su celular, y asegura los lentes oscuros con los que esconde sus ojos.

“Voy a hablar con usted –me dijo–, pero usted no va a saber quién soy, ni me reconocerá nunca… ¿Está de acuerdo?”.

“Sí –le dije–; estoy de acuerdo”.

PreguntasSu voz suena algo deforme al pasar a través de la malla del pasamontañas.

“Los altos mandos de Fusina saben bien que cometieron una plancha horrible –agrega–; o sea, que cometieron un error.

Enviaron a El Progreso a un criminal peligroso, sanguinario y despiadado como el ‘Dórquin’, y solo le ponen cuatro policías militares como custodios, más el chofer de la patrulla.

Y eso es una aberración, algo más que un error.

Ellos sabían bien que el ‘Dórquin’ es uno de los peores líderes de la MS.

Además, nosotros tenemos informes de que ya se sabía que el ‘Dórquin’ planeaba su fuga.

Incluso, se sabe que hubo movimientos de grandes cantidades de dinero para comprar uniformes de la Fuerza Antiextorsión y de la Policía Militar.

Es más, sabemos que los comandos entrenaron en una hacienda, y que entre estos comandos hay un exoficial de la policía y un ‘man’ de la Fuerzas Especiales del Ejército.

Y sabemos de dónde salieron las armas… Pero todavía no lo podemos comprobar…”.

Calló de nuevo y, después de mirarse las manos, enguantadas, levanta la cabeza, y sigue diciendo:“¿Qué hay detrás de todo esto? ¿Por qué los militares enviaron al ‘Dórquin’ con solo cuatro custodios? ¿Es que creían que era un angelito?”.

Aprieta los puños con fuerza.

“El ‘Dórquin? hizo un viaje largo, desde Támara, y va en una sola patrulla, con cuatro guardias y un chofer… ¿Por qué? ¿Por qué no llevaron más seguridad en la carretera y por qué no pusieron más hombres en el juzgado? ¡Nosotros informamos que un líder criminal de alto impacto preparaba su fuga! Y, ¿por qué no tomaron en cuenta nuestras advertencias? Hoy, los militares están avergonzados; les llevaron a un grande, y se los quitaron de las propias manos, pero, como creen que son la solución a todos los problemas del país, se confiaron… Al menos, es lo que queremos creer, porque sería horrible que nos demos cuenta que hubo algo oscuro en el traslado de este hombre al juzgado… Aunque lo vamos a averiguar… Lo vamos a averiguar, y, entonces, Honduras va a saber la verdad.

Si fue negligencia, tendrán que asumir su responsabilidad; si hay algo negro en todo esto, pues van a afrontar las consecuencias…”.

LlantoLa mujer, de aspecto sencillo, luciendo una pobreza que gravita sobre ella desde niña, abraza el ataúd, y llora.

Ya no le quedan lágrimas, pero su corazón sufre por dentro.

A su lado, una niña, con rostro angustiado mira el cadáver de su padre, sin entender realmente qué es lo que pasó.

Unos dicen que murió en el cumplimiento del deber; la madre dice que murió por necesidad, porque “en estos lugares no hay trabajo para los jóvenes”, y él decidió ser militar, “por si podrían prosperar”.

Pero en aquel ataúd frío como la misma muerte se van sus sueños, sus aspiraciones, sus deseos.

Deja a su hija sola, una viuda, una madre…“Y todo porque los altos jefes no enviaron más seguridad con el ‘Dórquin’ –exclama el policía de inteligencia–.

Todo, porque los militares se confiaron… o, porque no tienen la capacidad para dirigir el sistema penitenciario… O tal vez por algo más… Todavía no lo sabemos”.

En otro lado, una madre llora, como han llorado muchas madres más en Honduras.

Su hijo, su joven hijo, un policía militar, duerme para siempre en su ataúd.

Lo mataron en el juzgado de El Progreso.

Atrás de ella, una mujer maldice.

Más allá, un anciano, sentado en una silla de madera, muestra su tristeza, sin llorar.

Dice, con un triste temblor en la voz:“¡Alta es la noche y mi muchacho vigila!”.

Y algo parecido a las lágrimas nubla sus ojos grises y cansados.

Luego, agrega, con un raro ronquido en el pecho:“Él quería ser policía.

Él soñaba con detener delincuentes y proteger a la gente.

Y dio la vida por sus sueños”.

No queda vida en aquel anciano que siente cómo el dolor, la angustia y la desesperación flotan a su alrededor.

Los policías militares lloran, mientras alguien, lejos de allí, ofrece dos millones de lempiras por información que ayude a recapturar al “Dórquin”.

“Mejor que quite a los inútiles que mandaron a la muerte a estos muchachos –dice el anciano, llevándose a la boca ya sin dientes, una taza de café, con manos temblorosas–; él es el primer responsable de la muerte de mi muchacho porque pone en esos cargos a gente que no sabe lo que hace, gente incapaz…”.

Guarda silencio de repente.

“Pero, ¿de qué me sirve quejarme? –murmura, segundos después–.

Tal vez nadie tiene la culpa… Tal vez solo Dios sabe por qué pasan estas cosas”.

TristezaEl general, con los ojos húmedos a causa de las lágrimas que pretende esconder, mira por última vez al subinspector, y no dice nada.

A su lado, llora una mujer; más allá, otra mira al suelo con ojos tristes, una de esas tristezas que no se acaban nunca.

“Nos mataron a dos oficiales –dice el general, pocos segundos más tarde–, y esto nos duele mucho… mucho”.

Ahora, deja que sus lágrimas rueden por sus mejillas.

Un comisionado que no esconde su tristeza, comenta, con voz indecisa:“En la Secretaría de Seguridad hay una fundación que ayuda a los hijos y a las viudas de los policías que mueren en el cumplimiento de su deber, y yo quisiera que esta ayuda fuera la que necesitan para honrar la memoria de nuestros policías caídos que soñaban grandes cosas para sus hijos”.

No puede hablar más.

Hay dolor e impotencia en su voz.

Mientras tanto, allá, en el sur, un anciano triste, repite con supremo orgullo:“¡Alta es la noche y mi muchacho vigila! ¡Era un buen policía!”.

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http://www.elheraldo.hn/revistas/siempre/1358659-466/selecci%F3n-de-grandes-cr%EDmenes-alta-es-la-noche /Revistas/Siempre/ 21389951 Mon, 17 Feb 2020 16:54:51 GMT
Noches sin fin en los mercados de Taipéi; cúmulo de tesoros y delicias callejeras Se puede hallar de todo, desde juguetes, ropa y zapatos hasta antigüedades y artesanías.



Apenas me asomo a uno de los populares mercados nocturnos de Taipéi y puedo sentir aromas dulces, picantes, a carne, canela y pescado.

Basta merodear un poco para reconocer que es la mejor alternativa de la gastronomía local y el lugar ideal para comprar recuerdos y regalos de nuestra estancia en este maravilloso destino.

Estos espacios se caracterizan por ofrecer la mejor comida callejera, que va desde pollo frito, dumplings y salchichas típicas de Taiwán preparadas a la parrilla hasta calamares, tofu y diferentes tipos de sopas.

A pesar de tanta variedad, ante mis ojos lo más tentador son los helados.

VEA: Morocelí se viste de colores para promover la pazDesde las 4:00 de la tarde hasta las 2:00 de la madrugada, que es cuando suelen cerrar la mayoría de los negocios, los turistas pueden recorrer cientos de puestos que ofrecen diferentes productos y artículos de regalo a precios muy bajos.

A lo largo del mercado hay artesanías, juguetes, ropa y mucha tecnología.

En cada esquina también destacan los populares spa.

Ahí, con rótulos llamativos, unas señoras muy sonrientes ofrecen paquetes que van desde los 1,000 dólares taiwaneses y la recomendación es que pague por una experiencia que usted ¡no debe haber probado nunca! Después de un placer culinario es obligatorio darse un buen masaje.

Y no tiene nada que ver con un barrio rojo.

Los empleados de los spa tienen una destreza insospechada en las palmas de las manos.

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solo se colocan unos guantes de látex y se las ingenian para regalar bienestar.

El mercado nocturno de Shida o el de Shilin son verdaderamente famosos entre los turistas por la amabilidad, predisposición a ayudar y respeto absoluto de los taiwaneses.

Aunque son pocos los que dominan el inglés y prácticamente nulos los que entienden el español, no dudan en suplir esas carencias con su gran simpatía y calidez.

Es muy fácil que, en un paseo planificado para conocer los mercados nocturnos, se encuentre con varios coloridos templos, llenos de detalles y representaciones de dragones.

Sus numerosos museos, parques, zonas comerciales y demás oferta cultural convierten a Taipéi en un destino ideal para perderse por sus calles y sorprenderse con los diferentes lugares emblemáticos.

Paseos segurosAunque mi recorrido inició a las 11:00 PM el ambiente no era tenso y todos lucían relajados.

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como si la inseguridad no existiera.

Caminé unas cuadras más y para mi sorpresa confirmé que así era.

En el interior de un vehículo, sin vidrios polarizados, un celular de alta gama sobresale del tablero.

Lo más increíble es que ningún policía merodeaba la zona tratando de “cazar” infractores; eran los mismos vecinos quienes vigilaban el cumplimiento de las buenas costumbres, simplemente porque ese es su estilo de vida.

Y no es que en los mercados nocturnos no existan los policías, es que en Taipéi las protagonistas de la seguridad son las cámaras, monitoreadas todo el tiempo.

Desde muy pequeños, los taiwaneses son educados para comportarse bien dentro y fuera de su casa, proteger su ciudad del desorden, la suciedad y los malos hábitos culturales.

Los resultados de esta pedagogía saltan a la vista: durante mi estadía observé calles sin basura, incluso frente a los restaurantes y afuera de los mercados nocturnos, donde abundan las mercancías; paredes libres de marcas de aerosol, peatones que cruzan las calles sin el temor de ser arrollados y cientos de motociclistas que se mantienen a la derecha.

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http://www.elheraldo.hn/revistas/siempre/1358681-466/noches-sin-fin-en-los-mercados-de-taip%E9i-c%FAmulo-de-tesoros-y /Revistas/Siempre/ 21390410 Mon, 17 Feb 2020 16:54:26 GMT