Copyright (C) 2018 ElHeraldo.hn El Heraldo Wed, 17 Oct 2018 08:18:30 GMT ElHeraldo RSS Feeds - Columnas Proteger el matrimonio es defender a la sociedad El Heraldo



A lo largo del tiempo, existe un consenso universal de que el matrimonio es una institución natural, anterior al Estado.

Interesa privilegiar esta unión del hombre y la mujer por los beneficios que comporta tanto para los implicados como para su descendencia.

En casi todas las culturas, es visto como la única forma de fomentar vínculos heterosexuales, para toda la vida, que garantiza la adecuada crianza de los hijos.

Lo anterior en un marco de una estabilidad que garantiza los compromisos que este asumen ante la sociedad.

El matrimonio (del latín: matrimonium) es una institución que crea un vínculo conyugal entre sus miembros.

Este lazo es reconocido socialmente, ya sea por medio de disposiciones jurídicas o por los usos y costumbres.

El matrimonio establece entre los cónyuges -y en muchos casos también entre las familias de origen de estos- una serie de obligaciones y derechos que también son fijados por el derecho, que varían, dependiendo de cada sociedad.

De igual manera, la unión matrimonial permite legitimar la filiación de los hijos procreados o adoptados de sus miembros, según las reglas del sistema de parentesco vigente.

Custodiar el matrimonio es de interés para el Estado por cuanto es la institución que es originadora y educadora de los futuros ciudadanos.

No tengo nada contra los homosexuales, merecen todo mi respeto como personas, pero la ciencia no hace más que comprobar una y otra vez que la unión de dos del mismo sexo carece de las cualidades esenciales para que a esta unión se llame matrimonio.

Es más, en los veintidós países donde se dio el paso de equiparar a las uniones heterosexuales con las del mismo sexo los estudios no hacen más que remarcar de los efectos negativos en diferentes aspectos.

La educación de los hijos es uno de ellos.

El sociólogo estadounidense Paul Sullins realizó una encuesta a 512 niños con padres del mismo sexo, y los resultados de ese estudio fueron publicados en 2015.

Los datos muestran que “los problemas emocionales se dan el doble de veces en hijos de padres del mismo sexo que en hijos de padres del sexo opuesto”, y estos incluyen mal comportamiento, angustia, depresión, malas relaciones con sus compañeros e incapacidad para concentrarse.

“Ya no se puede sostener”, concluye Sullins, “que ningún estudio haya revelado que los hijos de familias del mismo sexo están en desventaja con respecto a aquellos pertenecientes a familias del sexo opuesto”.

La familia, asentada en el matrimonio, no es producto del capricho de una minoría.

Proteger el matrimonio significa salvaguardar a la familia y, por ende, defender también a la sociedad.

Austen Ivereigh menciona que “el matrimonio es una institución fundamental para la sociedad.

El matrimonio es una institución de interés público, y el Estado la protege y le concede algunos privilegios (modalidades fiscales ventajosas; pensión de viudedad u orfandad; continuidad en arrendamientos y en otros contratos; etc.

) por los beneficios que aporta a la sociedad: un ambiente donde la humanidad nace, crece, se forma y es cuidada en tiempo de enfermedad y de vejez.

El Estado no le concede un estatuto especial por ser una relación sentimentalmente activa entre adultos, sino pensando en el futuro de la sociedad”.

No es de mi incumbencia que dos personas adultas decidan compartir sentimientos, bienes o tiempo.

Pero el matrimonio no es cuestión de afectividades o de caprichos de una minoría.

Como ciudadano, aspiro a que se respete la figura prescrita de forma clara en la Constitución hondureña.

No estoy de acuerdo con que algunos, con vistas a sus intereses particulares, propongan confusiones que irán claramente en detrimento del futuro de nuestra sociedad.

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http://www.elheraldo.hn/opinion/columnas/1225139-466/proteger-el-matrimonio-es-defender-a-la-sociedad /Opinion/Columnas/ 17332596 Mon, 15 Oct 2018 09:40:39 GMT
Corrupción poderosa sin castigo El Heraldo



El escándalo de corrupción del poder político y económico es transitorio, fugaz e intocable.

Sin menospreciar la multiplicada y sumada corruptela que divide y nos resta como país en total e irreversible descomposición social.

El Ejecutivo, Legislativo y Judicial hacen que hacen para entretenerse y mantener al pueblo anonadado con esa infinidad de leyes que se amontonan, repiten, ablandan, endurecen y publicitan como conquista sin precedentes de la lucha anticorrupción, mientras los indiciados inmutables poderosos desempeñan su oficio sin tropiezos.

En nuestro remedo de democracia nada es verdad, todo es mentira; utopía sin respuestas que celebra la inaplicabilidad de la ley al poderoso y su severidad al delincuente en mísero abandono de pobreza.

El crimen y maras, mejor organizadas que la seguridad y justicia, le conocen sus recovecos y precio.

Los corruptos con poder están “graníticamente” blindados por los receptores de coimas.

Dicen que adecentarán el actuar gubernamental y las campañas políticas que son corrompidas por quienes las cuestionan.

La política sucia, como la nuestra, es rentable, no se declara la inversión y menos la ganancia que puede ser en efectivo, especies, chambas y poder.

Nunca tendremos política limpia si desvirtuándola garantizan su corrupción.

Por eso hay tantos inútiles politiqueando.

Los anodinos de ayer que hoy son millonarios no pueden justificar su enriquecimiento ilícito ni la justicia que es ofensiva para los honestos y permisiva para los corruptos.

Todo es posible aunque no sea plausible.

Vemos como se multiplica la corrupción ejerciéndose sin límite ni temor.

La política seguirá siendo lo que ha sido para venerar y aplaudir al corrupto con poder absoluto que disfruta sin rendición de cuentas ni transparencia.

¿Para qué y por qué si nuestros corruptos son auténticos y respetables? Del IHSS hay unos encarcelados en comodidad, otros con impunidad y la mayoría en libertad.

Los “justicieros” entretienen presentándolos y escandalizando por poquitos sin conclusiones contundentes.

Más ladrones se defecan desmintiendo cuando nada sintieron al robarle el bienestar al enfermo necesitado.

Deben ser requeridos, enjuiciados y encarcelados.

Pence aplaude al Fiscal “cinco estrellas” por ser candil de la calle que le divierte que seamos papos.

Los sentenciados del IHSS deben estar en El Pozo para que sientan ese gozo de ser referentes.

¿Cuál “caiga quien caiga”? Saben quiénes quebraron la ENEE y ninguno está preso ni devolviendo lo robado.

Todos conocidos sinvergüenzas tranquilos y serenos disfrutan su desenfreno de ayer y hoy que increíblemente aún son funcionarios.

Jamás habrá justicia.

He preguntado por los corruptos de todos los ministerios y los tienen como misterio.

El silencio es colusión.

A nadie engañan los que le mienten al pueblo.

El que cae una vez cae siempre.

El que nace corrupto muere corrupto.

En Honduras todos nos conocemos.

No hay pierde.

La corrupción es un intocable poder.

La trans-corrupción es ahora secreto de Estado teniendo los corruptos nombre y apellido.

Nos mienten, no merecemos ese trato cuando somos ciudadanos que cumplimos derechos y deberes.

Y pagaremos por lo que robaron y no hicieron.

Urge encarcelar esos reconocidos delincuentes con influencias cuyos casos están engavetados por complicidad.

Faltan decisiones, voluntad y huevos.

Apostemos que seguirá campante la corrupción poderosa sin castigo.

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http://www.elheraldo.hn/opinion/columnas/1225140-466/corrupci%F3n-poderosa-sin-castigo /Opinion/Columnas/ 17332628 Mon, 15 Oct 2018 09:39:38 GMT
El cura del pueblo El Heraldo



Aquella mañana en que despertó doña Guadalupe Galdámez miró por la ventana y el cielo estaba limpio.

Era un 15 de agosto de 1917 en la Ciudad Barrios, del departamento de San Miguel, en El Salvador.

Ese mismo día nacía el segundo de 8 hermanos: Óscar Arnulfo Romero Galdámez.

A los 13 años ingresó al Seminario Menor, para luego viajar a Roma donde continuó sus estudios de teología en la Pontificia Universidad Gregoriana.

Al cabo de un tiempo, regresó en 1943 y fue nombrado párroco de la ciudad de Anamorós, La Unión.

Su sacerdocio y su pasión por la iglesia lo llevó a una muy cercana clase conservadoradel país; por todo esto, era un hombre que más allá de las luchas sociales, fue sacerdote de sotana y conventos encerrados, así como en la historia antigua de los salmos y sermones.

Sin embargo, hubo una década de 1960 en que el lucro de las élites a costa de los pobres sobrepasaba a sus costillas desnudas y avanzaba el progreso de una casta cómplice con el poder que robaba las elecciones legítimas; por otro lado, la oposición era arrinconada en los oscuros renglones de la radicalización y la represión brutal de los escuadrones de la muerte (muy parecido a lo que se vivió en 1980 en Honduras) iluminados desde el gobierno.

Los guerrilleros se enmontañaron en represalia.

Poco después nombraron a Romero arzobispo, exactamente en 1977, el país ya estaba en el filo de la guerra civil.

Aquel presbítero decidió ante los ojos de un Jesucristo ametrallado, amancillado e injuriado por las clases criminales del poder; donde después él se convirtió en el defensor de los pobres y de la clase indígena arrasada y comenzó su martirologio en la denuncia hacia la opresión social.

Aquella voz se levantó más por la dignidad de ese pueblo noble, que por la teología de la liberación.

Entonces, en ese momento su vida ya tenía precio.

Romero no era un teólogo de la liberación, ni marxista y ni mucho menos de izquierdas: él era solo un mártir profético con la espiritualidad de un Santo que encarnaba los valores del evangelio.

Ese domingo, el monseñor en su homilía, hizo un llamamiento a los soldados a desobedecer las órdenes de sus oficiales de matar a sus compañeros campesinos.

Al día siguiente, un lunes, a las 6:25 minutos de la tarde del 24 de marzo de 1980, una bala calibre 22 explosiva hace pedazos el cielo limpio.

Un esbirro del sistema poderosos lo asesina mientras oficia misa en la capilla del Hospital de la Divina Providencia en la capital salvadoreña.

Su asesinato lo ordenó un el líder derechista, Roberto D’Aubuisson.

En ese momento lo enterraron, un Domingo de Ramos, más de 250,000 personas,caminaron a la par del féretro.

Gentes humildes, campesinos, estudiantes, religiosos, profesionales, obreros en un profundo silencio con las palmas de Semana Santa y una lágrima temblando sobre el ataúd, se despidió al cura del pueblo e iniciaba la feroz guerra civil que dejó más de 100 mil muertos y desaparecidos.

Su sangre llegó al Vaticano y empezó el proceso para la beatificación del prelado con numerosos retrasos y tras varios años de estancamiento por temor de que fuera usado política e ideológicamente, luego hubo un desbloqueo en 2013 por el papa Francisco, pocos meses de haber sido elegido al trono de San Pedro.

Hoy, 38 años después, la Santa Sede del Vaticano ratifica lo que es ya una determinación universal de declarar a monseñor Óscar Arnulfo Romero Galdámez, como nuestro San Romero de América.

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http://www.elheraldo.hn/opinion/columnas/1224813-466/el-cura-del-pueblo /Opinion/Columnas/ 17323478 Sun, 14 Oct 2018 09:11:01 GMT
Quien quiera ver, vea El Heraldo



Si alguien no leyó el mensaje brasileño del siete de Octubre es ciego ideológico.

Acaba de ocurrir en la historia latinoamericana, por primaria vez, que medio pueblo sufrague por una propuesta cruda y llanamente neoliberal, sin reservas u ocultamiento, expresamente declarada así en la filosofía, programa y propósitos de su candidato de derecha, sin demagogia ni engaño.

Si algo puede elogiarse del ultra conservador Jair Bolsonaro son su honestidad y claridad, aunque malhaya sea.

Excepto por los alienados de siempre, la mayoría de quienes votaron por él saben –particularmente tras la experiencia de gobiernos de izquierda– hacia lo que van, pues el casi ganador ha prometido múltiples veces privatizar servicios públicos, minorar al Estado, descender la edad para pensiones, reducir los montos de jubilaciones, retirarse de la solidaridad latinoamericanista y aproximarse, más bien, a poderes hegemónicos, sistemas políticos imperiales y a fuentes de capital especulativo internacional, adicional a prácticas entreguistas y extractivistas del recurso natural, dolarización de la economía, anulación del Estado motor del bienestar social… todo aquello, precisamente contra lo que muchos líderes con conciencia estuvieron luchando por cuarenta años para que no ocurriera.

Latinoamérica escribe, pues, el libro postrimero de su avatar, un apocalipsis, excepto que aceptado por su población, específicamente ahora la de Brasil: ya se verá mañana qué otras naciones la imitan.

¿Alienación colectiva, utopía, ilusión? De ningún modo; Bolsonaro y su equipo han expresado sin la menor duda o pudor que arriban –ganando el poder– investidos con total voluntad para revertir cualquier programa estatal opuesto al pensamiento neoliberal, es decir contra el Estado como instrumento público para desarrollo, la nación como centro de servicio colectivo y la tendencia hacia el progreso social, no sólo de negocios.

Excepto algún bobo nadie fue engañado.

El voto a favor de la ultra derecha es consecuencia, a la vez, de impropias conductas de la izquierda política brasileña.

Durante toda una década amigas cariocas venidas a Honduras referían que su país era santuario corrupto, o sea que la facción pro-socialista cayó exactamente en la misma trampa sobornaria que sus rivales capitalistas y traicionó a Brasil.

No lo hizo Lula, el orbe tiene confianza en él, pero sí sus gentes y seguidores.

La expresidenta Rousseff acaba de ser rechazada por los electores y causa hay.

Brasil, pues, implosiona, lo que allí acontezca es experimento, doloroso, para Latinoamérica.

Pero también –para quien quiera oír– es radical aviso de que los pueblos se hastiaron de promesas de “socialismos” que al tomar el mando se aburguesan y eclosionan en espantosos vuelcos de torpeza económica.

Brasil es líder exportador de café, azúcar, soya y “suco de laranja”, así como segundo en similar de maíz; más pródiga que Venezuela no hay otra república en América, pero ambas son vergüenza y horror gerenciales, usualmente jefeadas por ideólogos que aún siguen teorías (no métodos analíticos, todavía válidos) del siglo XIX, creyentes que dinero, propiedad privada y Estado desaparecerán tras un socialismo hoy utópico que más bien asusta a la gente y al que no han logrado acoplar –como Gramsci hizo en el siglo XX– a movimientos sociodinámicos del presente.

Buena lectora pero mala practicante, presta a echar culpa de sus desastres administrativos al imperialismo, la izquierda ultra ortodoxa está obligada a dejar los viejos e imposibles dogmas e ingresar a la posmodernidad.

Brasil es su postrera advertencia.

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http://www.elheraldo.hn/opinion/columnas/1224814-466/quien-quiera-ver-vea /Opinion/Columnas/ 17323479 Sun, 14 Oct 2018 09:10:13 GMT