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Marlon Brevé: 'Mi nacimiento fue un milagro”

Entre los tacos de fútbol, su pasión por el Azul Motagua y los libros de la vida, descubrimos su lado desconocido

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29.09.2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS.- Aprender a leer desde kínder le valió saltar la preparatoria pero en adelante iba a ser siempre el ganador del título al más pequeño de la clase: Marlon Brevé acepta que su vida es un milagro y que en su juventud, además de buen futbolista y estudioso, era un “tunante” de esos que dan miedo...

Fanático del Motagua, admirador de la potente pegada de Porfirio Armando Betancourth y la magia del Primitivo Ramón Maradiaga, este destacado académico trota todos los días para desconectar su mente del resto del mundo... aunque sea una hora diaria. De todos modos el deporte ha sido una medicina para alejarse de los estimulantes farmacológicos que estimulan el sistema nervioso central.

¿De dónde es Marlon Brevé?
Nací en Tegus pero soy olanchano de corazón y crianza

La palabra milagro se asocia a su vida, ¿no?
Mi madre tuvo embarazos complicados y cuatro abortos médicos. Imagínese que perdió dos hijos y luego tuvo a Roberto; perdió otros dos y luego nací yo. Ella (Carmencita Reyes de Brevé) tenía 41 años y mi padre (Roberto Brevé Martínez) 43, así que fui como un milagro.

¿Cómo la pasó en su niñez allá en Olancho?
Muy feliz. Vivíamos en el casco urbano de Juticalpa, cerca de la farmacia central. Mi padre tenía una finca (Villa del Carmen) a 10 kilómetros y en vacaciones montábamos a caballo, arreábamos ganado, bañábamos en el río y jugábamos en una cancha de fútbol.

¿Dónde estudió?
La escuela la hice en la Manuel Bonilla y el colegio en el Instituto San Francisco; en ese tiempo regresó mi hermano de Estados Unidos y se me metió en la cabeza que yo también merecía estudiar afuera.

Marlon Brevé junto a su esposa Nadina y sus hijos Marlon, el goleador; Luis Roberto, el defensa, y Alec, el medio campista creativo.


¿Cómo le fue? Bien.
Ingresé a la Louisiana State University (LSU) y me dieron la beca para estudiar recursos hídricos e ingeniería agrícola. Y luego conseguí otra beca para sacar mi maestría en recursos hídricos.

¿Qué vino después?
Antes de seguir, no recomiendo estudiar después de la licenciatura, lo mejor es trabajar un poco antes de la maestría; yo era pura academia y anduve rebotando pidiendo trabajo en varios proyectos... me decepcioné e irónicamente conseguí trabajo en Estados Unidos.

Pero después se vino el doctorado, ¿no?
Mientras trabajaba en Tifton, al sur de Georgia, mi jefe insistió en que yo sacara el doctorado, así que apliqué para una beca en cinco universidades: en cuatro me daban becas pero en la que yo quería, Cornell, no.

¿Y entonces?
Me decidí por una de Carolina del Norte. Mire, las becas son las llaves de las oportunidades, sin embargo, volví a repetir mi historia... ja, ja, ja... era licenciado, máster, dos años de trabajo y doctor.

En 1983 Brevé y Héctor Zapata convirtieron a la LSU en la ganadora del campeonato.

En 1983 Brevé y Héctor Zapata convirtieron a la LSU en la ganadora del campeonato.



¿Y cuál fue su jugada?
Dejé de pensar en Olancho y amplié mi mente a Centroamérica, así que apliqué a un puesto en la Universidad Earth en Costa Rica; ahí estuve 11 años y llegué a ser decano, pero luego me llamó Manuel Zelaya y me dijo: “Te necesito como ministro de Educación”.

Muy interesante las vueltas de su vida. Dijo que jugaba fútbol en la finca de su padre, ¿no es así?
Fui capitán del equipo de mi escuela, quedamos campeones de la liga infantil con el Comercial Agrícola y luego me reclutó el equipo Promeca de la Liga Mayor de Juticalpa.

¿Y era bueno con la pelota en los pies?
Era un cipote bueno... fíjese que el Promeca era un equipo de media tabla pero ese año quedamos en segundo lugar; yo era volante ofensivo y ahí fue cuando me rompí el menisco de mi rodilla derecha.

¿Con esa le pegaba?
Era ambidextro pero le pegaba más fuerte con la derecha; al romperme el menisco me fui a estudiar a Estados Unidos

¿No jugaba allá?
Sí jugaba. En la LSU había un equipo y el capitán era un hondureño, Héctor Zacapa. En total éramos tres catrachos y fuimos campeones dos veces.

Tras un complicado embarazo, Carmencita dio a luz a Marlon en 1964 en Tegucigalpa.

Tras un complicado embarazo, Carmencita dio a luz a Marlon en 1964 en Tegucigalpa.


¿Le fue bien entonces, a pesar de la lesión?
El primer año fui banca... ja, ja, ja... uno debe pagar piso. Pero al tercer año ya era titular. Recuerdo que el equipo nos daba transporte y hotel.

¿Qué se siente jugar en esas ligas, tipo legionario?
Eso lo prepara a uno para la vida: es entrenamiento, disciplina, trabajo en equipo, comunicación, liderazgo... todo se conjuga, fue algo muy intenso.

¿Quién era su ídolo?
Porfirio Armando Betancourth, que en paz descanse. Representaba lo que yo quería ser, ya que fue campeón con la Universidad de Indiana. Me llevaba como 10 años pero jugaba, estudiaba y fue al Mundial de España y jugó en Francia.

¿Y ahora como rector de Unitec juega las potras?
Antes de la pandemia jugaba todos los domingos, ahora casi no. Trato de reactivar eso con el avance de la vacunación ya que no podemos estar encerrados, hay que hacer deporte. Por los momentos salgo a caminar.

¿Cómo conoció y conquistó a su esposa?
Conocí a Nadina Mazzoni Pizzati en Juticalpa, al igual que mi familia, la de ella era luchadora, su padre era notario y su madre fue maestra de generaciones... lo irónico es que mis padres eran liberales y mis futuros suegros nacionalistas y no se relacionaban.

¿Cuándo fue que dio el primer paso, entonces?
En Estados Unidos yo estaba en la LSU y ella en la University of New Orleans. Donde ella vivía había una señora muy amiga de mi madre y yo viajaba más seguido a Honduras y a la vuelta le mandaban encomiendas, dinero, cartas, cosas por el estilo y me fui quedando con el mandado... ja, ja, ja.

¿Pero antes de Nadina tuvo otros amores?
Ja, ja, ja... tuve algunas.

¿Fue tunante?
Claro, tuve novias desde sexto grado. Recuerdo que en el colegio tuve tres novias y antes de mi esposa dos más.

¿Y cuando su esposa lea esto cree que se gane un cacerolazo, doctor?
No le va a gustar... ja, ja, ja.

¿Por ser hiperactivo, estudioso, deportista, tuvo alguna pelea?
Una vez me dijeron la típica: “Nos vemos afuera”. Salimos, nos hicieron la rueda y todo fue mucho temor y un par de empujones; luego con esta persona nos hicimos grandes amigos en el San Francisco. Justo ahí en el colegio, en segundo curso, me hicieron una zancadilla jugando fútbol y sin pensarlo me levanté a empujar a mi infractor... cuando se me cuadró me calmé... ja, ja, ja... yo no soy violento. Con él también nos hicimos amigos.

Durante su paso por el equipo de la LSU, cuando conquistaron dos campeonatos.

Durante su paso por el equipo de la LSU, cuando conquistaron dos campeonatos.


¿Hablando de fútbol, hay más motagüenses en su familia, don Marlon?
Dos de mis hijos jugaron en Motagua. Marlon es goleador, Luigi defensa y Alec el creativo; también todos jugaron en clubes en Estados Unidos.

¿Siguen jugando?
De manera recreativa pero mire cómo es la genética: el mayor se rompió el ligamento anterior cruzado y el pequeño también. En mi caso después del menisco también sufrí eso, incluso en Costa Rica me decían RoboCop por jugar con dos rodilleras... ja, ja, ja.

Finalmente, cuéntenos cuáles son sus comidas favoritas, ¿qué plato no perdona?
Fíjese que mi suegra hace un tapado olanchano parecido al que hacía mi madre. Ese me encanta mucho. También la sopa de olla. En otros lugares degusté comidas como las pastas y en el desayuno me fascinan las baleadas.