Siempre

El tigre bajo la cama

Kris Vallejo consigue recoger en su ópera prima -que acaba de publicarse- las huellas sueltas del lenguaje

23.12.2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS.- “Aquí parí al tigre que ahora duerme bajo mi cama” (p. 45).

“Tigres sin memoria” es el título del primer poemario de Kris Vallejo, que acaba de publicarse. No se trata de la típica efusión lírica de una principiante, sino que delata a una poeta madura, en posesión de un lenguaje sopesado y muy personal.

Su lectura trae a cuento que leer un poema equivale a ingresar en una habitación modelada por la autora a partir de su propia vida y en base a un sentido fragmentado del mundo. A la par de ello está la preferencia por un cierto tipo de vocabulario, que otorga “señas de identidad”, como el mobiliario de casa.

Solo así el poema adquiere coherencia y, en su condición de artilugio verbal, le es dable iluminar algún repliegue de la realidad.

En “Tigres sin memoria”, donde “no hay descanso en la densa niebla que se desmorona” (p. 9), existe una cadencia encantatoria que logra expresar la memoria visual de la poeta, hecha de pesquisas constantes: “Dónde está la brisa de luna que viene a buscarme?/ ¿La veta en la cuenca de la noche por donde escapar?/ ¿En dónde cabe mi pobre cuerpo colmado de tantos veranos?” (p. 10).

Kris Vallejo consigue recoger en su ópera prima las huellas sueltas del lenguaje, aquilata la discrepancia entre ver e imaginar, y pone en cuestión las aproximaciones consabidas a la verdad. De ahí el flujo reiterado de interrogaciones: “¿Quién me dará sed si estoy saciada?/ ¿Quién montará pabellones de sal entre las heridas de mi palabra?” (p. 12).

Se trata no solo de excavar debajo de la metáfora sino también de hacer acopio de ideas y sensaciones nuevas que permitan amalgamar memoria y creación, y propicien que “el lenguaje secreto de las cosas sin importancia” (p. 15) conduzca, a lo mejor, al descubrimiento de “los filones de oro que salen de mi vientre” (p. 14).

No es usual hallar en un primer libro de poemas a una escritora dispuesta a apuntar al futuro en búsqueda del pasado, y capaz de amasar una colección de imágenes singulares, sabedora de que “todo fruto será amargo” (p. 16), vacunada contra la ingenuidad, y consciente de que “Todos nos marcharemos con el sabor aceitoso/ del desencanto bajo la lengua” (p. 26).

Poeta crítica y autocrítica, ella no tiene empacho en advertir que “en el ático escondo tormentas” (p. 17) y confiesa, en clave literaria, que “Toda mi vida se resume/ en un cementerio de tigres sin memoria” (p. 18).

Este libro de pasta dura (lo que hay que celebrar) y con ilustraciones innecesarias, alberga poemas bien articulados como “Safo”, “Seré olvidada”, “Hotel de terciopelo”, “Te cambio este poema por una moneda para pagar mis pecados” y el memorable “Réquiem”.

Si bien abundan “veranos” y “pájaros”, y se alude con frecuencia a la inminencia del “naufragio”, “Tigres sin memoria” contiene suficiente “fuego de almizcle” (p. 46) como para confirmar el desembarco de una (nueva) poeta hábil e imaginativa. Al fin y al cabo, Kris Vallejo no oculta que “una serpiente de lírica arenosa cruje bajo mis dedos” (p. 38).