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'Taxi VIP”: un raite por los baches del humor

El 21 de febrero se estrenó en todo el país la cuarta película de Otro Nivel Producciones y sexta de Joche Villanueva y compañía, una comedia que retrata el lado jocoso del rubro de los taxis ejecutivos

06.04.2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS.- El inicio me pareció curioso por la conjunción de comedia, taxis y la ciudad de El Progreso, ya que la última película de Tomás Chi, “¿Y los tamales?” (2017), tenía la misma tríada; pero todo varió cuando los acontecimientos se trasladaron a Tegucigalpa.

Francisco, un taxista progreseño interpretado por Dorian Barahona, es el que más sufre, pero su drama se torna inverosímil ya que el guión junta eventos desafortunados en tiempo récord.

En una misma noche lo corren de su trabajo porque no correspondió a las pretensiones amorosas de su patrona; en lo que camina hacia su casa, llorando y preocupado, desalojan a su familia de la casa que alquilaban; y mientras dormían en la calle, ya que nadie pudo darles posada, dos ladrones silenciosamente les roban sus pocas pertenencias.

Tanta desgracia en cuestión de horas, sumado al excesivo llanto y música tristona, volvieron insoportable ese dramatismo.

Domingo, el personaje de Kevin Flores, pudo haber sido memorable: su pobreza deambulando en una opulenta residencial, desconectado de su cruda realidad por el pegamento -que lo tiene “pegado”-, tratando como un perrito a un bote de plástico que hala de un cordel, se siente genuino y divertido a la vez.

Pero cuando le hacen una pregunta en inglés y él, tras poner cara de extrañeza, responde con claridad, nos saca de contexto. Y cuando desprecia una burrita que por caridad le obsequian y opta por una hamburguesa que se saca de la nada, allí le mataron la gracia al personaje ya que nos dieron a entender que su pobreza y falta de entendimiento es pura paja.

Y la remataron cuando, tras el gesto solidario del tortillero -pobre como él-, se saca un manojo de billetes, por lo que era estúpido verlo buscando comida en los basureros teniendo pisto para comer.

Joche Villanueva esta vez actuó con recato, donde lo único inquieto era su bigote postizo. Asumo que su actual labor como congresista le hizo distanciarse de los personajes alocados de antaño.

Interesante es la inclusión de Orlando Ordóñez con un papel alejado del personaje serio y vil que interpretó en “Cipotes”. Su labia para “bajarle” el arroz chino al ingenuo pasajero fue divertida. Hubo una leve mejoría en fotografía y dirección de arte con respecto a otros filmes, donde esos aspectos dejaron mucho que desear.

¿Por qué atraen público?

¿Por qué esta comedia duró más tiempo en cartelera y vendió más tickets en nuestro país que las oscarizadas “Roma”, Green Book y “La favorita”? Porque desde 2014, con “Una loca Navidad catracha”, han mantenido a un elenco base que, sumado a su constante presencia en HCH, se ha mantenido en la órbita de miles de espectadores.

Y porque conocen muy bien su público meta y enfocan su mercadeo hacia ellos y nadie más. Villanueva no hace películas pensadas para cinéfilos, ni estos están interesados en ver sus filmes. Cada quien por sus rumbos y todos en paz.

Entonces, ¿por qué los que realizan filmes de regular calidad sí logran patrocinio, público y mantenerse en producción constante y la gente más capacitada para hacer cine en nuestro país produce a cuentagotas o pasa invisibilizada realizando otro tipo de proyectos?

En esta singular carrera de obstáculos, los más preparados para llegar no corren, como sí lo hacen otros aunque vayan botando todas las vallas.

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