Crímenes

Good bye, presidente Barack Obama

Aunque Estados Unidos lucha con Turquía e Irak contra EI, esta guerra está aún muy lejos de concluir

28.01.2017

Serie 2/2

El presidente Barack Obama acaba su mandato y no todo han sido ocho años de notables éxitos, también hubo grandes fracasos, como el pobre y desastroso balance que presenta la incierta política exterior auspiciada por el mandatario.

Por ejemplo, en este terreno hay que destacar tan solo dos grandes logros, como haber podido concluir el contencioso histórico con la Cuba comunista y estrechar los lazos diplomáticos y políticos sin que el embargo haya sido retirado por el legislativo norteamericano contrario a Obama, y el acuerdo sobre programa nuclear iraní concluido con el consenso y apoyo de Rusia y casi toda la comunidad internacional, a excepción de Israel.

Callejón sin salida

Sin embargo, los conflictos de Afganistán, Irak y Siria están fuera de control y no se percibe en el corto plazo una mejora en ninguno de esos tres escenarios. Afganistán sigue en guerra y los talibanes muestran, día a día, una mayor capacidad de ataque y de perpetrar atentados terroristas en las grandes ciudades.

Controlan ya numerosos territorios y núcleos urbanos en este inestable país y el corrupto ejecutivo afgano, apoyado inútilmente por los occidentales, se mantiene a la defensiva en una guerra de guerrillas imposible de ganar.

Irak ya está dividido, de facto, en tres entidades políticas: una en la frontera con Turquía controlada por los kurdos; otra buena porción territorial, incluyendo algunas ciudades importantes, como la disputada Mosul, en manos del Estado Islámico y el resto del país que controla el gobierno de Bagdad con el apoyo de Estados Unidos y una buena parte de los Estados europeos.

Mención aparte merece el caso de Siria, cuyo nulo protagonismo por parte de Estados Unidos en la crisis, que incluso desactivó una intervención militar que auspiciaban Francia y el Reino Unido, llevó a una mayor implicación de Rusia en el conflicto, apoyando al régimen de Bashar al Asad y bombardeando las posiciones de los rebeldes al mismo tiempo, incluyendo acá a la ya ciudad mártir de Alepo.

Fruto de esta inacción norteamericana, que ha sido aprovechada activamente por el presidente ruso Vladimir Putin, Oriente Medio ha cambiado radicalmente y emergen nuevos liderazgos en la región, tales como el de Irán, una Turquía cada más implicada en el tablero sirio y las guerrillas kurdas levantadas en armas entre Irak y Siria.

En este resumen de la gestión de Obama en relación con Oriente Medio, hay que señalar la emergencia, desarrollo y descarado protagonismo en la zona del Estado Islámico, una organización política que no desdeña el terrorismo y perpetra actos que compiten en su barbarie y sadismo con el régimen de los ayatolas en Irán y la Alemania nazi.

Por ahora, aunque Estados Unidos lucha coordinadamente con Turquía e Irak contra esta organización-“Estado”, incluso aportando apoyo aéreo, esta guerra está aún muy lejos de concluir y se prevé larga y repleta de dificultades sobre el terreno, tal como está revelando la compleja conquista de Mosul a manos de fuerzas iraquíes y milicias kurdas apoyadas por Occidente.

Luego la divergencia de intereses con respecto al futuro de la región entre Rusia, Irán, Turquía y Estados Unidos hace muy difícil una salida pacífica y política al embrollo sirio. Moscú y Teherán apoyan claramente a Bashar al Asad, mientras que Washington y Ankara siempre han considerado que el final de la guerra en Siria pasa por la salida del poder del dictador de Damasco.

Finalmente, en este balance sintético de la política exterior desarrollada por Obama en estos años, hay que añadir el enfriamiento de las relaciones entre Estados Unidos y dos de sus principales socios estratégicos en la región: Arabia Saudí e Israel.

Con respecto a Arabia Saudí, la crisis tiene mucho que ver con el acuerdo nuclear alcanzado con Irán, ya que el ejecutivo saudí recela de las verdaderas intenciones de Teherán y, además, compite abiertamente y militarmente por el liderazgo regional con los iraníes.

La guerra de Yemen enfrenta a los dos países y ambos luchan por establecer en esta nación una administración dócil a sus intereses políticos.

También en Estados Unidos ha habido críticas a la implicación de los nacionales de Arabia Saudí en los atentados terroristas del 11-S y se ha cuestionado abiertamente la venta de armas al ejército saudí, que no recela ni por un momento en bombardear poblaciones civiles yemeníes con armamento norteamericano.

La crisis con Israel estalló porque Estados Unidos no empleó su derecho de veto cuando el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó la resolución 2334 con el apoyo de numerosos países y para gran júbilo de los palestinos.

Dicha resolución condena los asentamientos judíos en Cisjordania, que considera ilegales, y sigue apostando por el diálogo pacífico entre las dos partes como único camino para resolver este largo conflicto, condenando la violencia y el uso de las armas.

Terminadas estas líneas, Obama cancelaba la famosa ley de “pies secos, pies mojados”, en lo que se refiere a la política migratoria para Cuba.

Paradójicamente, pese a los prematuros análisis, parece que le quita un problema al problema al próximo inquilino de la Casa Blanca. ¿O será que Trump revisará el asunto?