Honduras

Ramón Rosa, Antonio Vallejo y el legado de una reforma inconclusa

La huella de la Reforma Liberal impulsada en Honduras por el presidente Marco Aurelio Soto y su primo Ramón Rosa entre 1876 y 1883, si bien no alcanzó sus objetivos mayores, permanece hasta nuestros días
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01.09.2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS.- Un 27 de agosto de 1876 comenzaron su gobierno reformista liberal el Dr. Marco Aurelio Soto y su primo Ramón Rosa, que gobernaron por espacio de siete años, entre 1876 y 1883. Es un período relevante en nuestra historia que incluso, según el historiador Marcos Carías, se prolongó hasta la dictadura de Carías, misma que compara con la de Porfirio Díaz en México.

La Reforma Liberal no alcanzó sus objetivos mayores: sentar las bases de un capitalismo de base endógena, y para muchos marca más bien el inicio de la penetración e injerencia extranjera en nuestra sociedad y economía, pero no cabe duda de que su impronta llega hasta la actualidad y nos cuestiona acerca de si mucho de lo que significó debe continuarse o incluso hasta defenderse, como el carácter laico del Estado a partir de la Constitución de 1880.

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Marco Aurelio Soto es el rostro que ilustra la Reforma Liberal en Honduras, tras convertirse en presidente del país gracias al apoyo estratégico del gobernante guatemalteco Justo Rufino Barrios.

Marco Aurelio Soto es el rostro que ilustra la Reforma Liberal en Honduras, tras convertirse en presidente del país gracias al apoyo estratégico del gobernante guatemalteco Justo Rufino Barrios.

Soto y Rosa

Ambos procedían de añejas familias acomodadas de Tegucigalpa, vinculadas a la minería, el latifundio y el comercio. Rosa no llevaba el apellido Soto por ser hijo natural de don José Soto, hermano de Máximo Soto padre de su primo Marco Aurelio.

Este origen social explica la posibilidad de educarse de la mejor forma para la época, primero con maestros privados en Tegucigalpa y luego en la Universidad de San Carlos en Guatemala (1865) en la carrera de leyes. Soto y Rosa destacaron en ese ambiente e incluso fueron considerados para formar parte del gabinete reformador liberal primero de Miguel García Granados (1871) y luego de Justo Rufino Barrios.

Soto fue ministro de Hacienda y Rosa de Relaciones Exteriores, el más joven ministro hasta entonces en Guatemala a sus 25 años.

En 1875 Barrios tiene en mente reestablecer la República centroamericana y para tal fin necesita aliados de confianza entre sus vecinos. De ahí la decisión de instalar a sus amigos Soto y Rosa como gobernantes en Honduras. Para entonces el caudillo José María Medina era el “hombre fuerte” de Honduras, y el futuro colaborador de la reforma hondureña, el presbítero Antonio Ramón Vallejo, realiza el esfuerzo diplomático para evitar una guerra civil.

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Medina, ante la posible invasión militar desde Guatemala, acepta decretar como gobernante provisional de Honduras a Marco Aurelio Soto el 21 de agosto. Soto llega así a Amapala como presidente de Honduras el 27 de agosto de 1876, inaugurando el primero de sus dos gobiernos.

Sin perder de vista el objetivo mayor de la Reforma Liberal hondureña, lo cierto es que la concepción liberal y positivista de Rosa (secretario general y ministro de Instrucción Pública), sugería impulsar decididamente la educación como instrumento de desarrollo, también de integración de la hondureñidad, es decir, de construcción cívica y de identidad nacional.

En ese sentido la Reforma impulsó la educación pública en sus tres niveles: se reabre la universidad, se crean colegios, escuelas y las normales para formar maestros, vinieron docentes cubanos, guatemaltecos y mexicanos para darle vigor al impulso educativo del Estado.

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Se encarga a Antonio Ramón Vallejo escribir la primera “Historia de Honduras” a ser usada en escuelas y colegios, con la que inicia, en su etapa fundacional, la historiografía hondureña. Vallejo era bachiller en Filosofía y en Derecho Civil por la Universidad de Honduras (1872) y se formó como sacerdote en el colegio Tridentino de Comayagua en 1868. La Corte Suprema de Justicia le otorgó el título de Notario en 1874. Dejó los hábitos en 1889.

A inicios de 1880 se decretó la creación del Archivo (con 10,000 documentos desde 1600) y la Biblioteca Nacional, nombrándose director al referido presbítero Vallejo.

Al trasladarse la capital a Tegucigalpa en octubre de 1880, Vallejo se dio a la tarea de catalogar los 1,006 libros con que inició la biblioteca, así como a la organización del Archivo Nacional.

Esta obra patriótica fue concluida por Vallejo en 1882 e inauguradas ambas instituciones el 27 de agosto del mismo año. El periódico La Paz destacó al día siguiente el magno evento así: “… El presbítero Antonio R. Vallejo todo lo había dispuesto para la gran fiesta de las letras.

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La tumba de Ramón Rosa en el Cementerio General de Tegucigalpa.

La tumba de Ramón Rosa en el Cementerio General de Tegucigalpa.


A las nueve llegó el señor Presidente acompañado de sus ministros… El discurso de inauguración, ‘Conciencia del pasado’, estuvo a cargo de Ramón Rosa, que entre otras cosas refirió que:

‘Honduras recobra todo el pasado, recobra las páginas perdidas de su historia… Honduras, liberada de las últimas huellas de la represión colonial, adquiere una completa independencia. Se abre la primera biblioteca pública y Honduras entra de lleno por los amplios senderos del futuro abiertos por los libros y la ciencia…’”.

Es importante destacar que en la idea de construir esa identidad y formación cívica, la Reforma rescató la memoria de los próceres nacionales entre los que destacarían Morazán, Valle, Herrera, Cabañas y el padre Reyes. Se erigieron plazas cívicas y estatuas o bustos en su memoria. Vallejo compiló y publicó por primera vez parte de los escritos de Valle. En tanto que Rosa escribió biografías de Valle, Morazán y de su tío el padre Reyes en sus últimos años.

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Desavenencias con las pretensiones hegemónicas de Barrios en Centroamérica forzaron la salida de Soto y Rosa del gobierno hondureño en 1883 a un año de concluir su segundo período.

Rosa muere prematuramente el 28 de mayo de 1893 entre la depresión y el alcoholismo sin cumplir aún los 45 años. Su primo Marco Aurelio regresó de Francia en 1902 a competir en las elecciones presidenciales que ganaría Manuel Bonilla, y muere en París en 1906.

No fueron santos. A Soto incluso se le acusa de haber gobernado al final en función de sus propios intereses vinculados a la minería en sociedad con capital norteamericano. Pero no podemos ignorar lo que en un principio la Reforma, impulsada por estos idealistas jóvenes liberales, pretendió para Honduras en 1876: acceso a la educación pública, seguridad económica y elevar la conciencia cívica de los hondureños.

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Antonio Ramón Vallejo, considerado por doña Leticia de Oyuela el mayor soporte intelectual de la Reforma, continuó aportando su concurso intelectual y patriótico en los años posteriores. Como director de Censos y Estadísticas, fue responsable de la publicación en 1893 del Primer Anuario Estadístico de Honduras con información de 1889. Y en 1893 se le comisionó escribir la “Historia documentada de los límites entre la República de Honduras con Nicaragua, Guatemala y El Salvador”. Esta obra concluida en el exilio en Guatemala fue entregada por Vallejo en 1898, y sirvió de base para que los intereses soberanos de Honduras prevalecieran ante las pretensiones de Nicaragua y El Salvador en 1906 y 1992, respectivamente.

Vallejo falleció por un derrame cerebral el 18 de enero de 1914 dando clases en el Instituto Nacional (hoy Central Vicente Cáceres).

No todo es desaliento en nuestra historia. La conmemoración del Bicentenario debe servir para recordarnos cosas como estas sin perder de vista que la independencia hoy es una utopía, una construcción truncada desde la época de Valle y Morazán, pero que ha tenido chispazos alentadores y en cierto sentido de larga duración como la impronta de la Reforma, de Rosa y de Vallejo...

La Biblioteca Nacional a finales del siglo XIX.

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