Honduras

Las cuatro lecciones a imitar de la vida de Sor María Rosa

En muchas ocasiones, la hondureña antepuso la vida de cientos de personas por encima de la propia, demostrando su calidad humana y espiritual

16.10.2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS.- Honduras perdió este viernes a una guerrera que batalló incansablemente por una sociedad más justa, más humana y llena de amor. A sus 93 años, a pesar de la edad y las enfermedades, aún con su paso más lento, nunca detuvo su lucha por los más necesitados.

Sor María Rosa falleció tras permanecer delicada de salud a raíz de las complicaciones médicas que desarrolló luego de padecer de covid-19, enfermedad que logró superar.

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Sin embargo, su muerte física no significa la extinción de su legado y ejemplo de vida. A continuación recordamos algunas de sus más grandes lecciones:

1. Determinación

'Dios me dio esta vocación a los seis años para hacer esta obra que yo creí que él quería que hiciera', dijo convencida la líder religiosa durante una entrevista. Ella fue uno de los mejores ejemplos de servicio y obediencia a ese llamado.

Su convicción la llevó a internarse desde muy joven en el Hogar de Niñas de las Hermanas Franciscanas en la ciudad de Comayagua, desde donde siempre tuvo claro su objetivo: ayudar a niños en posición de vulnerabilidad.

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2. No rendirse

Su amor por los niños y el deseo por proteger a los menores sobre toda costa no surgieron de la nada, pues al haber experimentado en carne propia la difícil experiencia de perder a sus progenitores a muy corta edad, se fijó la meta de hacer algo por la niñez desprotegida.

Sus padrinos, quienes la cuidaron y educaron luego de perder a sus padres, jugaron un papel fundamental en su crecimiento, sin embargo, también influyeron las hermanas franciscanas, quienes la acogieron con los brazos abiertos.

3. Entrega al prójimo

Desde su formación como hermana franciscana sirvió a los más necesitados, física, espiritual y materialmente.

En su juventud, sus días pasaban en labores de enfermería desde donde curaba las heridas físicas de cientos de hondureños y donde también se encargaba de esas lesiones en el alma que solo sus muestras de amor podían llenar.

Más adelante, el sueño que tuvo de niña fue tomando forma, luego de plantearlo a muchas personas que entendieron el propósito superior que se escondía tras su deseo y dispusieron unir sus fuerzas para apoyarla.

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4. Lucha

Con un propósito claro y con la fe que siempre la caracterizó, Sor María Rosa no descansó hasta que un día la 'Sociedad Hermanos de los Niños' era una realidad, ahí miles de infantes desde 1966 han tenido la oportunidad de formarse, recibir cuidados, amor y educación encaminada en la obediencia a Dios.

Dedicó su vida a la crianza de miles de niños, que con el tiempo se convirtieron en sus hijos, muchos de ellos hoy son admirables profesionales, madres y padres de familia respectivamente, quienes sin duda son una extensión de la calidad humana de la religiosa franciscana.

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