Honduras

Se apaga la luz de la periodista Indira Murillo, la guerrera, la campeona

El gremio periodístico de Honduras está de luto con el fallecimiento la noche del viernes en Virginia, Estados Unidos, de la comunicadora hondureña Indira Murillo, quien se destacó como una extraordinaria y noble mujer

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05.01.2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS.- Sus intensos, vivaces e inquietos ojos color miel ahora solo perduran en el corazón de muchos. Ellos partieron al cielo para engalanarlo con su dulzura y su alegría.

La extraordinaria amiga, la inquebrantable mujer, la hondureña ejemplar, la periodista excepcional, la campeona del baloncesto, el ángel de los niños con VIH-Sida, la hija consentida del barrio El Bosque de la capital está ya en la casa de su amado Padre Celestial.

Indira Davelba Murillo Alvarado, la guerrera, la campeona, falleció la noche del pasado viernes 4 de enero a los 49 años de edad, luego de luchar durante casi tres años en contra del cáncer.

Indira se ha ido, pero atrás deja una historia de vida ejemplar, un legado de humanidad y solidaridad único, a un gremio periodístico consternado y una interminable fila de amigos que la recuerdan y la lloran.

Vea: La última fotografía que publicó Indira Murillo en sus redes sociales

Su historia
Indira, o Indi, como le encantaba que la llamaran, nació en Tegucigalpa el 7 de abril de 1969 y su infancia la vivió en el antañón barrio El Bosque. Era la menor de ocho hermanos. Su madre es doña Norma Alvarado y su padre, ya fallecido, era don Alfredo Murillo.

Cursó sus estudios de primaria en la Escuela 14 de Julio del mismo barrio donde creció.

Su paso por ese centro educativo dejó huella y encerrado entre las paredes de esa vieja escuela todavía está el recuerdo de la inquieta Indira, organizando el equipo infantil de su deporte favorito: el básquetbol.

Fue así como nació “Indi del Bosque”, una pequeña escuelita en la que le enseñaba a otros niños, junto a su hermana, la también basquetbolista Norma Murillo, la pasión por el deporte de la canasta.

En la Escuela 14 de Julio todavía recuerdan cuando la inquieta Indira iba de aula en aula reclutando jóvenes para presentar en actos cívicos coreografías de baile. Fue con la famosa canción Thriller, de Michael Jackson, con la que se terminó de ganar el corazón de todos.

Los años transcurrieron y el amor que ella sentía por el deporte de los “donqueos” fue creciendo a tal punto que pasó a integrar la Selección Nacional Femenina de Básquetbol. Esta pasión la combinaba con sus estudios secundarios en el Instituto Alfonso Guillén Zelaya.

Pero esta mujer de piel canela, de más o menos 1.80 metros de altura, de larga cabellera negra como el azabache y de una mirada mística fundida con la dulzura de la miel, que reflejaba a la perfección su forma de ser, quería trascender para ser la voz de su gente.

Fue así que descubrió su otro grandioso amor: el periodismo.

Indira egresó de la Escuela de Periodismo de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) y en los inicios de la década de los 90 comenzó sus primeros pasos en la profesión que la haría ganarse el corazón de la gente.

En ese tiempo se desempeñó en la ya desaparecida Radio Cadena de Noticias (RCN) y fue esa chispa inagotable y ese compromiso con la sociedad hondureña la que la llevó a formar parte del equipo fundador de Telenoticias (TN5), de la Corporación Televicentro, junto con la entonces directora del ese noticiario, Rossana Guevara.

En 2014

se casó con Omar Nava, de origen boliviano

Corazón solidario
Pero para la incansable Indi, a su amada Honduras y a su gente había de tenderle aun más la mano. Su corazón no podía soportar el dolor de ver a tantos niños siendo víctimas del VIH-Sida.

Es así que decide crear la Fundación Amor, institución que durante años ayudó a centenares de pequeños a convivir con esa enfermedad.

Dios tenía extraordinarios planes para vida profesional de Indira. Su perfil laboral estaba a punto de dar un gran paso y apuntaba a la Capital Federal de Estados Unidos, Washington, DC, sede del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), donde laboró como productora y presentadora de reportajes institucionales, y donde decenas de personas de diversos rincones del continente americano, y fuera de él, conocieron a esa valiosa joya catracha.

Fue esta institución internacional la que galardonó con el Premio Solidaridad 2014 al ser la fundadora de la Red de Información en Español en Virgina (Sinova), que era una mano solidaria y amiga para los migrantes de esa comunidad. Pero su solidaridad con sus compatriotas que, al igual que ella partieron al norte, no terminó ahí.

Sus historias en EL HERALDO
Ya habiendo comenzado la batalla en contra del cáncer no dudó ni un tan solo minuto en decir sí cuando en mayo pasado EL HERALDO le propuso recordar sus años de reportera y recoger historias de hondureños que estaban en la incertidumbre por el destino que tendría el Estatus de Protección Temporal (TPS).

Su alegría por volver al periodismo, pero esta vez desde la trinchera de un diario impreso, era desbordante. “¿Cómo quedó? ¿Salió bien?”, “Tenemos que hacer algo por esta gente, no nos podemos quedar callados”, decía reiteradamente esos días.

Hoy queda en el recuerdo y en los corazones de quienes conocieron a esta mujer extraordinaria una estela infinita, una huella imborrable, de su calidad de ser humano, de su dulzura, de su amor por Honduras y su gente, de su pasión y su lucha por la vida. Hasta siempre, guerra... Hasta siempre, ¡campeona!

Indira Murillo: 'Te invito a luchar hasta el último momento... A no tirar la toalla'
'Estos últimos meses, desde antes que comenzara la quimioterapia, he pasado más tiempo en el hospital que en la casa.

Que si una infección, una bacteria, que la anemia, que la bilirrubina, que si acumulé líquido en el abdomen o en las piernas, que si se zafó un tubo, que si me sale el líquido biliar por la piel, que si la taquicardia, que si tengo venas bloqueadas. En fin, ya no sé por qué otros tantos motivos voy al hospital.

Lo que sí sé es que a pesar del dolor, de estar agotada, de estar huesitos como Angelina Jolie, a pesar de la impotencia, la indignación, el miedo y la angustia de colgar los tenis repentinamente, tengo prohibido tirar la toalla.

Así es, solo puedo tirar la toalla si voy a la playa. De allí para nada, porque Dios me ha consentido tanto que no debo perder mi fe, la paciencia, no debo dejar que un tubito me quite la paz.

Ahora más que nunca es cuando se requiere sacar las últimas fuerzas de flaqueza, esta es la extra milla que debemos de recorrer para salir adelante de cualquier situación.

Además, en este tiempo que uno siente que ya tira la toalla es que se debe activar la guerrera o el guerrero que hay dentro de cada uno de nosotros. Soy una hija de Dios y por esa razón también no debo claudicar jamás.

El lunes de esta semana me operaron de emergencia, todo marchaba bien y el tubo derecho volvió a empezar a fallar. El líquido me salía por la piel. Y volví el jueves al quirófano de emergencia. Pero salí y me siento bien. Estoy esperando en Dios que me baje la bilirrubina por lo menos a 1.5 para participar en un estudio, del Instituto Nacional de la Salud. Espero con ansias que esta semana las piernas vuelvan a la normalidad y que esta panza que cargo de casi ocho meses de embarazo, vuelva a ser el vientre pachito que debe tener una guerrera top model como IndiraDArco.

Ahora estoy en casa aprovechando el insomnio casi 950, para contarles esto que me parece que vale la pena compartir con la gente que me quiere y que yo quiero.

En situaciones como esta, que ya tengo la toalla en las manos, mi amado Omar me dice: “Ya estamos en esto, hay que seguir, no te puedes dejar caer. Así que vamos juntos para adelante”, y con pena guardo la toalla en lo más profundo de la gaveta, porque sé que tiene toda la razón.

Qué privilegio el mío de estar rodeada de tanta gente bella y solidaria como ustedes. Qué lujo tener una familia tan especial que me respalda, unos colegas que nunca me olvidaron, a pesar de haber salido del banco hace casi tres años.

Qué bendición poder tener una red de hermanos y hermanas de la iglesia y de mi comunidad que me cuidan y consienten tanto.

¿Cómo tirar la toalla si cada día, cuando abro los ojos, reafirmo mi gratitud, mi amor y mi entrega incondicional a Dios?

El deber me llama y seguiré en pie aunque sea con las piernas como modelo perfecta de Botero, con los tubos que ya siento que los amo y con todo lo que esté por llegar.

Porque vengo de un hogar, donde a pesar de las adversidades, nunca vi a mi madre ni siquiera tirar la toalla de la cocina.

Así que pase lo que te pase, les puedo asegurar que ninguno de ustedes está viviendo lo que me sucede a mí, o tiene algo peor que yo.

Por eso te invito a perseverar y luchar hasta el último momento, ya sea en tu casa, en tu trabajo, con tu salud, o en cualquier lugar donde no la estés pasando bien. Mantente optimista y nunca pierdas la fe que todo cambiará en algún momento y cuando ya no puedas más, te vas para la isla de Roatán, en Honduras, pides una piña colada, una buena sombrilla y tiras la toalla en la arena para broncearte y retomar energía, para que a tu regreso ¡sigas brillando con tu propia luz! Solo así debes tirar la toalla.

¡Te quiero! IndiraDArco'.

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