Honduras

Honduras: San Juancito necesita oro para no perder su encanto

Historia, naturaleza y aventura se puede vivir en este legendario pueblo minero que se está cayendo a pedazos debido al descuido en el que lo han sumergido las autoridades. Requiere de mayor atención de la AMDC y el gobierno

FOTOGALERÍA
11.08.2018

TEGUCIGALPA, HONDURAS.- Por más de medio siglo ha recibido distintos calificativos: pueblo fantasma, centro histórico o minero y cuna de ancestrales riquezas.

Hablamos del hermoso pueblo de San Juancito, enclavado en el Parque Nacional La Tigra, en el Distrito Central.

Para llegar y caminar por sus calles empedradas es necesario recorrer 40 kilómetros desde la capital, pasando primero por los municipios de Santa Lucía y Valle de Ángeles.

En el pueblo se mezcla la modernidad con las edificaciones antiguas, que guardan una riqueza histórica impresionante. De 1880 a 1954, la compañía minera Rosario con accionistas de Nueva York, Estados Unidos y Honduras, conocida como Rosario Mining Company, (NYHRMC, siglas en inglés), conformó un gran emporio.

La mina se instaló en la comunidad de El Rosario y generó millonarias cantidades de oro y plata por más de medio siglo, hasta que se redujeron sus minerales.

A este punto llegó EL HERALDO, a El Rosario, donde aparte de aire fresco y limpio, se respira una extraordinaria calma. Su gente afable y laboriosa le abre las puertas a los visitantes que llegan en busca de paz, aventura y sano ejercicio.

La comunidad de El Rosario se ubica a 1,621 metros de altura sobre el nivel del mar, pero llegar hasta aquí no es nada fácil.

Se debe dejar la calle pavimentada del centro del pueblo, luego comenzar a subir por una calle completamente descuidada por las autoridades de la Alcaldía Municipal del Distrito Central (AMDC) y la Secretaría de Infraestructura y Servicios Públicos (Insep), donde han hecho escasos tramos de cemento.
Aproximadamente son cuatro kilómetros de cuesta, pero al llegar la sensación es como tocar el cielo con las manos.

Las enormes nubes blancas besan la verde vegetación de las montañas, mientras que las distintas especies de aves cantan desde los frondosos árboles y el aire fresco es el aliciente para olvidar el estrés que provoca el ajetreo de la ciudad.

Descuido
A pesar de todo su encanto, los retratos vivientes de la riqueza histórica que alberga El Rosario se caen a pedazos.

La más rescatable es el antiguo edificio de la primera embajada de Estados Unidos en Honduras, que se instaló aquí durante el siglo pasado gracias a las millonarias ganancias que dejaban las minas.

Las vigas y paredes de las casas de madera en forma de pirámide, donde fue el campamento de accionistas y altos ejecutivos de la empresa minera, están abandonadas.

No hay quien se encargue de restaurarlas y brindar seguridad, tampoco existe personal delegado de forma permanente para atender a los turistas.

La madera de las atractivas y legendarias edificaciones están podridas por el paso del tiempo y la gente de la zona no puede hacer nada, pues, con la marcha de la compañía, también se fue la riqueza económica.

La pulpería y cafetería El Rosario le da la bienvenida a los turistas con un pequeño mural de fotografías en blanco y negro que narran su historia.

La cuna que representó el despegue económico de la capital y de Honduras todavía tiene mucho que ofrecer.

Antigua infraestructura, naturaleza, senderismo, historia y hasta una pequeña cabaña donde los aventureros se pueden escapar la rutina diaria esperan a los turistas en San Juancito, pero hace falta que las autoridades le den el valor que se merece.