Honduras

Segunda oportunidad para alcanzar la libertad

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14.01.2017

Tegucigalpa, Honduras
Ellos cometieron un grave error y la sociedad los rechazó. Pero ahora, mientras tallan madera y tejen hamacas, piden otra oportunidad.

Muchos de ellos tienen su cuerpo en medio de celdas, pero su mente y su corazón se escabullen en medio de los barrotes para soñar con su libertad.

Los dueños de esta historia son privados de libertad que residen en la Penitenciaría Nacional.

Allí, con mucha dedicación, se esmeran en realizar todo tipo de trabajo artesanal, mismo que es comercializado entre los visitantes que llegan al centro.

Desde hace varios años, muchos de ellos han aprendido, con apoyo de los programas que implementan los centros penitenciarios, a tallar madera, a bordar, entre otras cosas.

Y ha sido gracias a ese esfuerzo que a muchos de ellos su juventud no se les ha desvanecido sin hacer nada provechoso.

El director del centro penitenciario, César Augusto Nájera, afirmó que esta actividad sirve para mantener ocupados a los presos en actividades provechosas que luego de pagar su condena pueden ejercer en la sociedad.

Sin embargo, el sueño a corto plazo es lograr establecer una tienda con todo tipo de productos, en donde toda la población pueda asistir y comprar sus obras.

“Casi siempre lo han hecho, pero no se estaba socializando, son manos que producen, queremos tener dentro del centro una tienda en donde toda la población pueda comprar un producto que, por sus costos de operación, se venden a un menor costo”, dijo Nájera.

Lo que ofrecen
Entre los productos que las personas pueden encontrar hay carteras, cojines, hamacas, sillas talladas, collares, pulseras, cuadros pintados y bordados en hilo, en fin, un mundo de creatividad dentro de la prisión.

“Una vez que estos muchachos que han cometido un error, cuando se reinserten a la sociedad, no vayan a buscar un empleo, sino que vayan a generar empleo a través de las microempresas, que es lo que buscamos”, comentó.

El camino no ha sido fácil para ellos, algunos han cometido varios tipos de delitos, pero sus ganas de ser diferentes se ve reflejado en la calidad de sus productos.

Ellos han sido capacitados mediante cursos y talleres con el fin de que el tiempo que tienen no lo pasen en ocio.

“Ellos están en un proceso de querer cambiar”, manifestó el director.

Dios como apoyo
Los muchachos realizan de vez en cuando ferias donde exponen sus creaciones y las sonrisas en sus rostros revelan que no han perdido la alegría de vivir.

Pero esto, dentro de la cárcel, parece ser obra de un ser superior, pues lejos de sus familias la realidad es mucho más dura.

No obstante, su proceso de reinserción ha ido acompañado de un procedimiento de sanidad interior.

Los privados de libertad han encontrado en Dios el descanso de su alma y un lugar lejos de la mirada inquisidora de mucha gente.

“Lo que nosotros queremos ver es la rehabilitación en los diferentes sectores, creemos que los hombres pueden producir y pueden desempeñarse en lo que es el arte, que los mismos privados de libertad pueden ser productivos, la palabra de Dios dice que va a bendecir la obra de nuestras manos”, dijo el pastor Daniel Dayer.

Encuentro con Dios
Dentro del presidio, los jóvenes han encontrado a Dios y es allí donde en reuniones especiales escuchan las enseñanzas bíblicas y elevan oraciones al Creador.

Muchos de ellos afirman que han encontrado el propósito de sus vidas aquí en la tierra.

“Ellos están cultivando sus talentos, nosotros hemos testificado de personas que están trabajando fuera de aquí y tienen trabajo, tienen un ministerio, cultivan sus dones dentro del área del comercio, nuestro deseo es que cualquier persona quiera comprar sus productos, que la sociedad sepa que hay buen producto aquí”, comentó.

El pastor manifestó que la población puede llegar al centro y hacer sus compras por mayor o de manera individual bajo los mejores controles de seguridad.

Con ello no solo adquirirá un buen artículo, sino que estará colaborando con la rehabilitación de los jóvenes privados de libertad que, más que una palabra de condena, necesitan una ayuda para que sigan aprendiendo y formándose.

“Los hombres que están en el proyecto han sido hombres que han tenido un cambio en su corazón, están mejorando”, comentó el religioso.

Mientras la horas pasan para ellos dentro de su celda, su vista permanece en el cielo, con un poco de apoyo podrán ser diferentes, mientras tanto allí adentro seguirán siendo manos que producen.