El caso de las dos niñas que eran maltratadas por su madre, que también es una niña de 16 años, denunciado esta semana por sus vecinos en la colonia Villa Delmi de Tegucigalpa, solo viene a poner sobre la mesa un problema muy grave y persistente en la sociedad hondureña, del que solo se habla, desgraciadamente, cuando se hacen públicos casos como el aquí citado.
Lo cierto es que en el país son muchos los niños y las niñas que viven situaciones igual de graves y de los cuales no hay registros porque no son denunciados a los organismos competentes.
Si bien la agresión física es una de las formas más comunes de maltrato infantil, también lo son el abuso sexual, el abuso psicológico, la negligencia, el abandono, el bullying en los centros escolares, la mendicidad forzada, el trabajo infantil y la prostitución a las que son sometidos los menores.
Según los registros de las autoridades, en la mayoría de los casos los agresores son miembros de su entorno familiar, incluyendo los padres y los cuidadores. Las mismas estadísticas señalan que las niñas y los niños viviendo en situación de calle son los más vulnerables.
Las denuncias de maltrato infantil incluso han alcanzado a los centros de cuidados de menores que operan bajo la supervisión del Estado, en los que los menores son víctimas de todo tipo de maltratos físicos y verbales, incluidos en algunos casos la violación sexual.
Si bien no se puede desconocer que se hacen esfuerzos para enfrentar el problema, también es cierto que lo que se ha hecho hasta ahora no es suficiente y que se requieren de acciones más contundentes y sostenidas en el tiempo para garantizar el respeto irrestricto de todos los derechos de los niños y las niñas. Se deben profundizar las acciones de prevención, denuncia y castigo de los responsables; los presupuestos de las instituciones, los lazos de cooperación con organizaciones sociales e internacionales, y la aplicación de la legislación vigente. La lucha debe ser para no normalizar este tipo de violencias.