Este lunes 15 de septiembre, los cinco Estados, exprovincias de la Capitanía General de Guatemala durante los más de 300 años de ser colonias del extenso Imperio español, evocan que, tras recuperar su independencia del Imperio mexicano, decidieron unirse bajo el sistema republicano federal para constituirse en una sola nación durante el corto período de 1823 a 1838.
Dos personalidades destacaron durante esos años trágicos, ambos nacidos en Honduras: José Cecilio del Valle (1777-1834) y Francisco Morazán (1792-1842), con visiones compartidas y convergentes respecto al futuro del istmo: destinado a ocupar un lugar privilegiado en el concierto de naciones gracias a su posición estratégica entre los dos bloques continentales: el norteño y el sureño, con abundantes recursos naturales, contando con costas en ambos océanos; el canal interoceánico por Nicaragua catapultaría a la joven nación, geopolítica y comercialmente, a una posición cimera en el mundo.
Tras la desintegración de la República, el paso inexorable del tiempo fue profundizando los sentimientos localistas, exentos ya de una visión unitaria, de patria grande. Tal hecho facilitó el intervencionismo extranjero, agravado por disputas fronterizas, pobreza y analfabetismo de las mayorías, deterioro en las condiciones materiales de los grupos étnicos minoritarios despojadas de sus tierras comunales.
Distintos intentos de reunificación política fracasaron, pese a las buenas intenciones de quienes generosamente las impulsaron, en tanto las gestiones integracionistas de sus economías han redituado resultados muy insuficientes dado el desequilibrio y asimetrías en sus respectivos desarrollos materiales, en sus respectivas clases empresariales, sistemas políticos democráticos conviviendo con dictatoriales.
Al menos durante los 15 de septiembre, resucita temporalmente aquel sentimiento de pertenencia a una sola unidad: la América Central.
Salud, pueblos centroamericanos, en esta magna efemérides que evoca fecha trascendental en nuestro devenir histórico.