Si las elecciones a realizarse el 30 del corriente mes en sus tres niveles -presidencial, legislativo y municipal- se llevan a cabo con absoluta normalidad, vale decir sin manipulaciones, intimidaciones, agresiones ni fraudes, de manera totalmente pacífica y transparente, antes, durante y después de llevarse a cabo luego de haberse declarado los resultados oficiales y definitivos por parte del Consejo Nacional Electoral (CNE), tanto los partidos políticos como sus respectivos candidatos y candidatas están en la obligación -legal y ética- de acatar incondicionalmente la decisión del soberano, el pueblo hondureño, respetando su voluntad ciudadana.
Si asumen tal conducta cívica, habrán demostrado con evidencia su total compromiso con la nación, al igual que su madurez política, tanto a nivel institucional como personal, con pleno sentido de la realidad demostrada con su entereza y capacidad de admitir los yerros cometidos a lo largo del proceso electoral y, en el caso del partido hoy en el poder, su gestión administrativa a partir del 2021 a la fecha, que condujo a desenlaces electores contrarios a su pretensión continuista.
Reconocerán su limitado poder de convocatoria a escala local y nacional, la ausencia de propuestas factibles de aplicarse en el corto y mediano plazo. La objetiva y certera autocrítica y autoevaluación, una vez transcurrido un tiempo prudencial de reflexión, hará posible analizar racionalmente lo ocurrido y las diversas variables que incidieron en los resultados finales, con el propósito de asumir honrosas rectificaciones a fin de aplicar cambios de fondo y forma al interior del partido, de cara al siguiente torneo electoral en el siguiente cuatrienio.
Un gesto por demás caballeresco será el congratular al partido y candidatos ganadores, extendiendo la mano fraterna en muestra de estar dispuestos a colaborar con el nuevo régimen, si son llamados a integrar la nueva administración, tal como debe ser en todo gobierno exento de dogmatismo que piense y actúe en función de convocar a los más capaces y honestos talentos sin consideraciones sectarias. En otras palabras, gobiernos de unidad e integración.