Cuando una persona, organización o nación extiende sus ayudas y colaboraciones de manera incondicional, sin ataduras, quien las recibe y acepta debe demostrar con hechos, y no solo con palabras, el debido agradecimiento por tal muestra de amistad y solidaridad, sin por ello caer en posturas de doble significado.
El Gobierno de los Estados Unidos de América remite anualmente a las cinco repúblicas centroamericanas donaciones monetarias no reembolsables, siendo Honduras la que recibe la mayor cantidad: el 33% del total, equivalente a más de 185 millones de dólares, que al cambio actual ascienden a 4,600 millones de lempiras. Tales fondos van destinados, principalmente, a grupos de sociedad civil vinculados con justicia, derechos humanos, seguridad, emergencia humanitaria, alimentos, agricultura y empleo para jóvenes. También iglesias, gobiernos locales y juntas de agua perciben parte de tales montos, canalizados por agencias federales de financiación.
En estos tiempos de contracción económica, cierre de empresas, reducción en los montos de inversión nacional y extranjera, inflación y desempleo, toda ayuda proveniente del exterior, sobre todo aquellas que no llevan ataduras y compromisos, deben ser bienvenidas por cuanto significan una inyección a la sociedad y la economía nuestra. La nueva administración encabezada por el presidente Trump ha empezado a adoptar medidas que nos afectan directamente, incrementando el número de compatriotas deportados, agravando de esa manera nuestra crítica situación laboral.
Se valora el haber desistido de la denuncia del Tratado de Extradición y evitar con ello ser objeto de sanciones de diverso tipo que irían en perjuicio del bien colectivo nacional.
La tarea debe ser la de restaurar la cordialidad con el poderoso vecino norteño a efecto de alcanzar consensos mutuamente aceptables y benéficos para ambas partes.