No votemos por los demagogos, inescrupulosos, manipuladores; si por quienes se han desempeñado con honorabilidad, rectitud, participando activa e inteligentemente en cargos previos de elección popular.
Nuestro sufragio debe castigar o premiar, según sea el caso. Para ello debemos meditar, ponderar, comparar a quienes no merecen y si merecen ser sancionados o favorecidos con el voto, la única herramienta con la que contamos para decidir el resultado electoral, el de las primarias y el de las generales.
Se trata de una alta y grave responsabilidad la que tenemos, por lo que desperdiciar nuestro voto implica complicidad con quienes no merecen ser electos (as) o reelectos (as).
Caso contrario, si actuamos de manera consecuente, responsable, estaremos contribuyendo a forjar una nueva Honduras: redimida, limpia de lacras, rescatada de la infamia a la que la han conducido sus malos hijos e hijas, que se han enriquecido a costa del erario publico, que la han endeudado más allá de cualquier posibilidad real de pago, que la han vendido al mejor postor a cambio de piltrafas, comprometiendo su soberanía, honor y dignidad.
Estamos sometidos a constante desinformación, por lo que debemos examinarla de manera crítica y analítica, sin someternos a lo que pretenden aquellas (as) que buscan confundir y desorientar a la opinión pública. Se trata de campañas perversas provistas de propósitos aviesos, despojadas de verdad objetiva.
No debemos caer en esta trampa mediática que utiliza las redes sociales para deformar y tergiversar los hechos.
La cita es doble: la de marzo y la noviembre, ambas se relacionan y complementan, de su resultado, que debe ser absolutamente transparente, dependerá el presente y el porvenir de la patria. Ha llegado el momento decisivo.