Podremos llamarle reglas o consejos. Se trata de actos que deberíamos empezar a poner en práctica con el objeto de alcanzar una vida plena y feliz.
Son consejos de vida que solemos recibir de nuestros mayores, y que cobran relevancia debido a la decadente realidad social que enfrentamos hoy, donde pasamos por encima de todo: de personas, sentimientos, estándares, modales y demás consejos, y todo con el fin de conseguir lo que queremos a cualquier precio.
Necesitamos aportar nuestro granito de arena. Así las cosas: seamos el reflejo de lo que queremos recibir. Atrévete a caminar, aunque sea descalzo. A ayudar a otros sin recibir aplausos. Los sueños no se cumplen solos. Levántate y échales una mano. Si robas, que sea un beso. Si lloras, que sea de alegría. Si pierdes, que sea el miedo. Y si ganas, que sea un amigo. Sé como la sal, tu presencia no se siente, pero tu ausencia hace que todo pierda su sabor.
Dedícate a sentirte bien contigo mismo, es con quien pasarás el resto de la vida. ¿Te enteraste? Pase lo que pase, cueste lo que cueste, siempre hacia adelante. Insistir, persistir, resistir y nunca desistir. Cada amanecer es un lienzo en blanco, ¡tú decides cómo pintarlo! Que hoy elijas colores vibrantes y trazos audaces.
Nunca permitas que nadie te quite estas tres cosas: tu autoestima, tu libertad y mucho menos tu felicidad... Haz a un lado a tanto jinete del Apocalipsis. Deja de esperar el momento perfecto. Vive hoy, con gratitud y valentía. Lo simple, lo cotidiano y lo imperfecto también tienen su propia belleza. Si no te gusta lo que recibes, revisa muy bien lo que estás dando. Cuida el jardín de tu mente.
Los pensamientos que riegas, crecen. No seas idólatra, ni te ates a una doctrina, teoría o ideología. Todos los sistemas de pensamiento son guías, no son la verdad absoluta. Y sabes qué: “cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio”. Caso contrario, pasarás por pesado e ignorante, como muchos atrevidos que se “bajan el canasto” en los diferentes programas de televisión nacional.