Por: Luis Erazo. @apincelpor
Las cajas están en todas partes. De cartón, de madera, de metal, grandes o pequeñas, nuevas o gastadas. Las usamos para empacar regalos, almacenar recuerdos o simplemente para guardar cosas que no queremos tirar. A veces, acumulamos cajas sin razón aparente, como si cada una de ellas pudiera sernos útil en el futuro.
Pero, ¿alguna vez nos hemos detenido a pensar en todo lo que una caja puede contener? Algunas guardan momentos inolvidables, la caja donde llegaron aquellos zapatos que tanto deseaste, la que protegió un regalo especial o aquella que resguarda fotografías de una época que solo sobrevive en la memoria.
Para los emprendedores, una caja no es solo un contenedor, es el vehículo que lleva su esfuerzo y creatividad hasta las manos de alguien que lo espera con ilusión.
En Honduras, la fabricación de cajas tiene una historia centenaria, con cartoneras que han pasado de generación en generación, y negocios familiares que han convertido el embalaje en una industria clave.
Las cajas pueden ser refugios o prisiones. En una caja metálica de galletas se guardaron botones, hilos, cartas y otros pequeños secretos que nadie más debía encontrar; en una caja de madera se resguardan los restos de una persona, de una vida entera reducida a recuerdos y despedidas.
En pocos días, miles de cajas recorrerán el país cargadas de votos, de sueños y de esperanzas, listas para definir el destino de una nación. También está la espera de la famosa caja que llega desde el extranjero, repleta de obsequios, nostalgia y el cariño de quienes están lejos, una conexión tangible con quienes nos extrañan.
Pero no todas las cajas marcan un final. Algunas significan comienzos. Una caja de mudanza puede ser el primer paso hacia una nueva vida, un cambio que trae consigo nuevas oportunidades.
Porque no se trata solo de lo que dejamos atrás, sino de lo que estamos dispuestos a construir. Hay que abrir la caja, mirar hacia adelante y seguir avanzando.