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La comedia se instala con 'El préstamo”

Teatro Athanor lleva a escena una divertida historia donde los intereses se pagan con auténticas risas

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27.11.2018

Tegucigalpa, Honduras
Un empleado apegado a las políticas del banco al que representa se ve obligado a lidiar con un cliente dispuesto a todo por conseguir un monto de dinero. Ambos se disputan la razón en una discusión que parece ser eterna en la obra “El préstamo”.

Bambú Centro Cultural fue sede del estreno oficial de la más reciente propuesta escénica de Teatro Athanor, donde Mariela Zavala funge como directora y se encarga de llevar a Fernando Egea y a Mr. Yambo a encarnar papeles muy alejados de su verdadera identidad.

La trama
Un día como cualquier otro en una reconocida agencia bancaria, un hombre se dirige al área de créditos para solicitar que se le apruebe el préstamo de 3,000 dólares que necesita para llevar a cabo un trámite personal.

Al otro lado del escritorio, el dependiente se enfrenta a la falta de ingresos, la ausencia de avales y la casi inexistente seriedad de aquel individuo que podrían ocasionarle un inminente despido, por lo que se ve orillado a darle un “no” como respuesta.

Sin embargo, el asunto no concluye ahí. Aún sin ninguna facultad que lo respalde, el solicitante se niega de forma rotunda a aceptar esa como la última palabra del banquero. Dentro de sus escasos recursos, este opta por insinuar que sería capaz de seducir y conquistar a cualquier mujer con tal de obtener lo que desea, incluida la esposa de su acompañante.

Ante tal bufonada, los ánimos dentro de aquel reducido espacio comienzan a calentarse, y al poco tiempo los puñetazos, tirones e intentos de asfixia dan pie a un divertido alegato que no tendrá fin hasta que las amenazas empiecen a cobrar forma.

Al cabo de un par de semanas, lo que parecía un simple desafío planteado sin fundamento válido empieza a tener alguna relación con el día a día del banquero. El inexplicable abandono de su mujer comienza a generarle dudas sobre el poder de la palabra y de la imagen de aquel individuo de poca confianza que no deja de atormentar su memoria.

Sin más remedio que el de seguir sus propios instintos, el empleado opta por convocar a dicho hombre una vez más a su oficina, con la diferencia de que en esta ocasión no habrá pero, razón o dificultad que lo imposibilite a concederle su tan añorado préstamo a cambio de que le confiese el trasfondo de la situación.

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