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El impresionante legado del escultor hondureño Mario Zamora Alcántara

El domingo, las artes plásticas del país perdieron a uno de sus grandes exponentes. Artistas lamentan su partida

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25.04.2017

Tegucigalpa, Honduras
El gran maestro de la escultura monumental, Mario Zamora Alcántara, falleció en México a la edad de 97 años.

Con su partida, las artes plásticas hondureñas pierden a uno de sus mejores exponentes.

Su trayectoria
Mario Zamora nació en 1920 en Danlí y a la edad de 20 años ingresó a la Escuela Nacional de Bellas Artes (ENBA), donde inició su formación.

Uno de los maestros que lo introdujo al campo de la escultura fue el español Alfredo Ruiz Barrera, “con quien posteriormente hizo una obra muy importante en la avenida Lempira de San Pedro Sula, que son los famosos dos leones”, recordó el crítico de arte Carlos Lanza.

Posteriormente Zamora se trasladó a México en 1944, para estudiar en la Academia San Carlos, donde estuvo durante cuatro años.

El país azteca fue el escenario ideal para que el artista siguiera desarrollando un talento que luego quedaría impreso en muchas obras de gran relevancia no solo en Honduras, sino en otros países del mundo. Esta nación latinoamericana fue su cuna desde entonces y hasta su muerte acaecida el pasado domingo.

Zamora repitió así la historia del gran intelectual Rafael Heliodoro Valle, un hondureño de nacimiento y mexicano de corazón que desarrolló su trayectoria desde ahí, teniendo siempre en su pensamiento y su obra su amor por Honduras.

Luego de estudiar en México, el escultor se fue a estudiar a la Real Academia de Bellas Artes de Roma, donde, según Lanza, adquirió y desarrolló la técnica de la escultura en bronce.

Nuestro entrevistado destacó que Zamora también trabajó la escultura en piedra, mármol y madera, “en ese sentido se le considera como uno de los grandes maestros de la escultura hondureña”.

En Italia, Mario Zamora, al igual que otro referente de la escultura hondureña, Obed Valladares, “bebieron de las fuentes del academicismo y se inspiraron en el clasicismo”, dijo el escultor Alex Galo.

Carlos Lanza recordó que a Zamora se le conoce como el exponente de la escultura conmemorativa, “es decir que su obra estaba enmarcada dentro de los grandes proyectos de emancipación histórica y de identidad nacional, dentro de lo que se conoce también como escultura de tipo civil y democrática”.

“Zamora significa la oficialidad en la escultura por su incuestionable talento fuerza y calidad impresa o, mejor dicho, esculpida en mármol o fundida en bronce, con él se inaugura la estatuaria civil conmemorativa cuando Honduras requería de emblemas que dieran continuidad a la construcción del proyecto de Estado nación”, señaló Galo.

Obras en Honduras
En el marco de lo anteriormente expuesto por Lanza y Galo, podemos mencionar obras relevantes que Zamora ha dejado para la posteridad en Honduras.

Usted, sin conocer a su creador, ha apreciado hermosas piezas hechas por Zamora, como la escultura de Francisco Morazán ubicada en la entrada del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE); las esculturas que están en el Congreso Nacional de Honduras y que representan la industria, el trabajo, la agricultura y el comercio; las estatuas de José Trinidad Reyes y José Cecilio del Valle instaladas en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH); el homenaje al poeta Juan Ramón Molina, quien sentado en un lugar preponderante del parque La Libertad de Comayagüela, tiene su rostro hacia el río Choluteca; sin olvidar a la diosa Temis ubicada en la Corte Suprema de Justicia y la escultura de mayor dimensión en Honduras: el “Cristo de El Picacho”, “la obra más impresionante por su tamaño y por su calidad técnica”, dijo Lanza.

Para Galo, estas obras son testimonio de la importancia del papel del arte en un tiempo en el que los artistas inmortalizaban los emblemas para dejar una heredad de obras de calidad.

Obras en México
En México destacan el “Monumento a los niños héroes” en San Miguel de Allende y obras dedicadas a Netzahualcoyotl, Benito Juárez, Amado Nervo y Adolfo López Mateos.

¡Adiós, Mario Zamora! (Por Allán Núñez)

Mario Zamora Alcántara, fallecido el domingo, en México, a los 97 años, no se puede concebir obviamente al margen del arte y, en su caso, de la dimensión más callada del arte, cuando este está cargado de un silencio reverenciable.

En cualquier caso, aunque fuese mucha su personal discreción, nadie debería ignorar el papel crucial de Zamora Alcántara (Danlí 1920) en la escultura civil y conmemorativa. Zamora generó un modo de entender y hacer arte que ha sobrevivido con luz propia por completo a contracorriente.

Lo de menos en este peculiar estilo de escultura era su carácter figurativo, porque lo verdaderamente importante ha sido y es su afán por captar lo más inaprensible entre lo visualmente aprensible; por ejemplo, el reposo de las cosas cuando se diluyen en lo cotidiano.

Fueron decisivos en su trayectoria artística el viaje que realizó a México en 1944, pero fundamentalmente su posterior residencia en la Real Academia de Bellas Artes de Roma, porque esta última incursión en el corazón del clasicismo dio un poso de belleza a su perspicaz mirada sobre la realidad.

Es triste que haya desaparecido, pero nos queda el testimonio vivo de sus obras, que nos acompañarán siempre y quizá cada vez mejor.

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