Copyright (C) 2017 ElHeraldo.hn El Heraldo Wed, 25 Apr 2018 10:19:21 GMT ElHeraldo RSS Feeds - Siempre Armando Lara y los herederos de la levedad La obra de Lara
 Su obra “Puente de pájaros” entrelazadas con varias de sus exitosas pinturas.



Tegucigalpa, HondurasHay una obra de Armando Lara en la que siempre pienso.

Se trata de “Nacimiento de Jonás”.

Por supuesto que valoro el resto de la pintura de este artista.

Desde aquellas donde la maestría del tratamiento del cuerpo asombra y sus trabajos abstractos que siempre he leído como grandes vacíos donde se bifurcan las interrogantes esenciales de la existencia.

Hace ya muchos años que vi la obra en mención y es una imagen tan poderosa que una y otra vez insiste en dialogar con este observador.

Me cautivó su perfecta resolución, la destreza técnica no solo de lo que se supone es una obra cuyo basamento es el dibujo, sino el movimiento ascendente que se logra en armonía anatómica perfecta.

Su impresionante cuidado de la sutileza.

Cuanto más pasa el tiempo y veo la expresión de Armando Lara, es más clara la audacia de una pintura que realmente es lenguaje contemporáneo entre los latidos de la interiorización de la tradición de un bagaje con rasgos renacentistas y una atmósfera artillada por la abstracción.

“Nacimiento de Jonás” representa un pez transparente en ascenso con un hombre adentro (o un hombre con la piel de un pez, o un viajero en el tiempo).

Siempre indagué una y otra vez este trabajo y a partir de él hice todas mis lecturas y conexiones posibles con el resto de la pintura de Armando Lara.

Pienso que es una de las metáforas más poderosas que he observado y que me place rememorar.

Lea además: Homenaje desde Roma a Efraín Portillo, el gran artista del sur de HondurasAntes de ver ese trabajo, supuse que las dimensiones del cuadro eran muy grandes, sin embargo, es un formato pequeño, así que su sentido monumental tiene que ver con su fuerza alegórica.

Sin duda la alegoría es una de las grandes vocaciones de la pintura de Armando Lara.

En mi libro “Derecho de réplica” donde aparecerán mis trabajos sobre el diálogo con artistas y poetas, asoma un texto que lleva por título “Armando Lara y los herederos de la caída”.

Hace muchos años le prometí al artista en su estudio de Santa Lucía escribir sobre él un ensayo extenso de mis lecturas e impresiones sobre su trabajo.

Estoy contento de no haberlo escrito inmediatamente después de mi promesa, porque no hubiese tenido la oportunidad que solo el tiempo provee: lecturas, experiencias, ver mucho arte y sobre todo un diálogo reposado; hoy puedo decir que el ensayo está listo y que mis palabras, aunque no tengan la estatura de la obra de Lara, se acercan a ella con dignidad, conocimiento y sobre todo, despojado de soberbia y apuros, son auténticas y esenciales en este recorrido por el arte y por la vida.

Es verdad que en el umbral de entrada a la obra de Lara resalta el cuerpo como urdimbre semiótica de un discurso, pero también es verdad que el vacío habitado por los cuerpos también expresa o concatena los ecos que se desploman.

Si bien los cuerpos son las letras, es el vacío el que eslabona u ordena el mensaje final, por eso no existe el sentido de “acumulación” en la pintura de Lara, sino el de aliteración.

Más que metáfora sangran las alegorías.

Los cuerpos, entonces, no son el cuerpo, apenas una magistral sintaxis técnica de un maestro de la pintura para urdir lecturas o mensajes mucho más complejos.

Lea además: "Mi amigo Ángel", obra maestra del cine de HondurasLa universalidad no se logra por la elección de códigos comunes a los observadores sino porque el artista crea y muta, una y otra vez, hasta expresar con mayor riqueza el idioma de la imposibilidad; esa zona donde quien lee insiste en preguntar, en suponer, en ahondar en la confusión con el objetivo de lograr la clave de toda inteligencia: hacer preguntas esenciales.

Esa es una virtud de la pintura de Lara: nos pregunta, nos ausculta.

En pocos casos, vocación y oficio propician un arte depurado y definitivo como en la pintura de Lara.

Su vuelta a las formas clásicas bajo la tutela de una mirada contemporánea, supera lo figurativo y tradicional.

Los cuerpos de la pintura de Lara son herederos de la fuga, de los ritmos de un movimiento que ya sucedió y por eso es difícil definir si flotan o si permanecen, si asciende o apenas se imponen a sí mismos para caer.

Son intemporales.

Cuerpos que pueden tocarse o poseerse si el espectador intuye los ojos que esconden o lo que aspiran a mirar o palpar con sus dedos imposibles.

El universo del fondo puede ser apacible: una veladura que oculta al caos o que a veces los delata con trazos abstractos que evocan ese universo del anonimato, la plusvalía existencial de la desesperación del hombre moderno y su duda: cuerpos que se acercan para devorar la conciencia que creen poseer y tratar así de sobrevivir, errantes, en busca de una memoria que los salve.

En tiempos de farsas y voraces espejismos, siempre es bueno recordar a artistas y escritores que como un ancla nos sujetan a las visiones esenciales del arte.

En Lara, una y otra vez, hay que insistir en su sentido del oficio, en la habilidad y conocimiento del lenguaje plástico para otros.

Su proceso se ha sostenido en el tiempo, ya son muchos años de una disciplina ejemplar que le ha permitido comprender su vocación y crear e innovar desde la pintura un idioma propio, universal y contemporáneo.

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http://www.elheraldo.hn/revistas/siempre/1171485-466/armando-lara-y-los-herederos-de-la-levedad-honduras /Revistas/Siempre/ 15796064 Sun, 15 Apr 2018 16:09:10 GMT
Película “Mi amigo Ángel”, obra maestra del cine de Honduras REALIDAD HONDUREÑA 
 La relación de Ángel con las calles es un aspecto clave de la realidad urbana.



Tegucigalpa, HondurasCalles de Tegucitalpa.

Ángel comienza el día en su vida cotidiana donde, a su corta edad, tiene que ayudar a su madre y a su pequeño hermanito trabajando como lustrabotas en las calles de la ciudad.

La relación de Ángel con las calles de esa ciudad es el marco perfecto para que el cineasta Sami Kafati nos plantee aspectos clave de la realidad urbana hondureña contemporánea: la marginación, la amistad, la violencia, el alcoholismo, la religión y hasta la muerte.

“Mi amigo Ángel”, de 1962, es un mediometraje que deja puntos concisos e importantes a resaltar:La esencia del cine hondureño en estado puro se encuentra ya en esta piedra angular de nuestra cinematografía.

Un gran trabajo estético, técnico y conceptual envuelve nuestra producción pionera, el listón está puesto bien alto para que a través de la exigencia y disciplina, el cine de Honduras se convierta en un gran protagonista en el panorama mundial.

Aun sin experiencia académica en la materia o experiencia en el medio técnico de cine, pero si con una visión fílmica clara e innata, Sami logra una pieza que no solo responde perfectamente a los códigos y postulados del cine argumental internacional de su momento, sino que es coherente con su tiempo y, más importante, con su contexto.

Sami, por intuición tal vez, aunque yo creo que por ser un buen lector de películas y de su lenguaje, logra en esta cinta mostrar un despliegue de recursos que apoyan su libertad creadora y sitúan de plano la realidad que rodea a Ángel.

Basta con observar la secuencia introductoria del filme.

El primer personaje que Sami presenta de su narrativa es la ciudad.

Una toma aérea que nos da, a vuelo de pájaro, un recorrido desde el corazón de esta ciudad hasta la periferia marginal.

El encuadre se va cerrando, mostrándonos postales de esa orilla deslucida de la ciudad, donde sus recurrentes visitantes son buitres.

En un movimiento de maestría, Sami se atreve, sutilmente, a identificar al espectador mediante una toma subjetiva del acercamiento de estas aves carroñeras saltando en vuelo caído sobre la muerte, sobre el frágil techo que cubre a nuestro amigo Ángel, y súbitamente entramos a su casa, escuchamos su nombre y nos topamos con el rostro de su madre exaltada.

Esta manera de poner nuestros pies en la tierra, en esa tierra de Ángel, insinuándonos que nuestro reciente viaje fue a través de una pesadilla de la madre, es una metáfora fabulosa del interior de la psiquis que gobierna estos personajes.

A lo largo del filme, primeros planos de rostros cargados de expresión, pajaritos enjaulados, el rostro del bebé en llanto, una lucha y una agresión sexual representada en toda su fuerza a través de un primeros planos de las manos, el imponente altar de una iglesia vacía, son algunos elementos de realidad con los que Sami logra estructurar un poema sórdido sobre Ángel y la ciudad que lo acoge y probablemente lo ahoga.

Con una impresionante actuación de Roger Membreño Guzmán como Ángel y un estupendo elenco, esta producción, además de la ya comentada espectacular fotografía de Sami Kafati, es una lección de virtuosismo en edición cinematográfica, acreditada a Fernando Uribe, un reconocido cineasta mexicano.

Considerada, incuestionablemente, la primera película de ficción en Honduras, “Mi amigo Ángel” es un punto de referencia bien alto para todos nosotros los creadores de cine hondureño en la actualidad.

Esperemos estar a la altura de Sami Kafati, gran cineasta a cuyo legado en este abril rendimos los más altos honores.

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http://www.elheraldo.hn/revistas/siempre/1171131-466/pel%EDcula-mi-amigo-%E1ngel-obra-maestra-del-cine-de-honduras /Revistas/Siempre/ 15786546 Sun, 15 Apr 2018 15:42:57 GMT