Copyright (C) 2017 ElHeraldo.hn El Heraldo Mon, 23 Oct 2017 11:25:20 GMT ElHeraldo RSS Feeds - Siempre Octavio Carvajal: Radares con orejas CALIENTE 
 Se rumora en pasillos políticos que al menos cinco diputados y dos alcaldes son cómplices de Los Cachiros.



Sinceramente que el sueño de los gringos es que todo mundo les rinda pleitesía con sus caprichos.

Andan en busca de políticos y empresarios capos, pero tienen doble lenguaje por provecho.

Si estamos rodeados de radares ¿por qué el imperio permitió tanta orgía entre poderosos y narcotraficantes durante más de tres décadas? ¿Hay orejas en la DEA?No es posible que los del norte hayan esperado tanto tiempo malcriando gobiernos plagados de narcos.

Parece que en la DEA operan de acuerdo a la oferta y la demanda.

Actúan al si me sirves te beso, si me estorbas te quito.

Cada quien se vuelve su tonto útil, según los tiempos.

Si somos un país narco, ¿ustedes nunca vieron nada malo? Brindis¿Cómo es posible que en la Casa Blanca hayan invitado y brindado con políticos y financieros hondureños liados al bajo mundo? El gobierno de José Simón Azcona Hoyo entregó a Ramón Matta Ballesteros por considerarlo “narco” y presunto autor intelectual del crimen contra el agente de la DEA Enrique Camarena.

Cayó el supuesto patrón, pero no los de traje.

Durante los regímenes de Carlos Roberto Flores Facussé y de Ricardo Maduro Joest no se gritó nada de cocaína.

Llegó Manuel Zelaya Rosales y se dijo que por doquier caían avionetas repletas del alcaloide…que Joaquín “El Chapo” Guzmán había llegado en un jet tirado del cielo en el aeropuerto Toncontín.

Ningún político poderoso preso.

El pueblo de payaso.

Ingresa el insigne Porfirio Lobo Sosa en medio de una crisis política tras el derribo de su pana Zelaya Rosales.

El norte acusa a su régimen de amparar el narcotráfico, pero no logra, hasta ahora, probar las picardías y bondades confesadas por el cachiro Devis Leonel Sevilla Maradiaga.

Orejas“Pepe” reiteró por enésima vez que “jamás” supo, tuvo contacto con ese grupo criminal, mientras agentes antidrogas estadounidenses sometieron a la familia Rivera Maradiaga y, además, tendieron una trampa a Fabio Lobo, recién condenado a 24 años de cárcel y a cinco bajo libertad condicional por sus vínculos directos con Devis Leonel.

De nuevo, la DEA vio y dejó pasar.

¿Los radares de Gringolandia tienen orejas? Si en verdad somos un narcoestado, ¿por qué no se llevan a los trajeados y a los “empresarios” que han sido uña y mugre con hombres del bajo mundo, incluyendo gatilleros? Si los gringos sabían de toda una colusión –hasta de la Policía- ¿no creen que actuaron tardíamente para evitar que la bomba nos explotara a todos siendo culpables unos pocos conocidos con nombres y apellidos?Inexcusable que en el imperio nos tilden de lo peor si nos tienen inundados de antenas y de equipos sofisticados para detectar drogas por cielo, mar y tierra.

Podríamos juzgar que la DEA se lleva y deja a quienes les conviene.

El caso más reciente es el de Ramón Matta Waldurraga –vástago de Matta Ballesteros- quien se entregó por supuestas ligas con el narcotráfico.

SinatraEl corralito gringo no pide ceder a quienes calladitos vendieron la patria a temibles narcos.

Se fue James Nealon y el presidente Donald Trump aún no nombra su sustituto.

Están peleados y poco agradecidos con el mandatario Juan Orlando Hernández.

Devis Leonel aseguró que gente del gobierno pasado escoltó a su grupo a cambio de millonarios mojes.

El desfile de capos de la droga inició en 2014.

Julián lo supo y se hizo el loco.

Un expresidente “está bajo investigación”.

Su propio abogado dijo que su cliente le cantó que su realidad era “frustrante”.

El cachiro Rivera Maradiaga expresó a la jueza Lorna Schofield que un consentido avaló su “protección”.

“Por usted voy y regreso a la luna”, le habría dicho el muchacho a Devis Leonel.

Pese a todo, la DEA toleró el paso de la droga.

¿Mentimos?Ninguno de los extraditados ha ido a la luna ni la verán desde Nueva York.

Los gringos están enviando entrelíneas a personajes de la vida política y empresarial del país para que razonen que pronto habrá redada de fuertes hombres de corbatín ligados a Los Cachiros, a Los Valle, al Negro Lobo, a Wilter Blanco y… paramos en la gran manzana.

Esos radares del imperio tienen orejas.

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http://www.elheraldo.hn/revistas/siempre/1118996-466/octavio-carvajal-radares-con-orejas /Revistas/Siempre/ 14347555 Mon, 09 Oct 2017 17:27:12 GMT
En la selección de Grandes Crímenes de esta semana: El señor “Míster Gringo” El Heraldo



SERIE 1/2Este relato narra un caso real.

Se han cambiado los nombresDON GRINGO.

A Thomas Fuller le gustaba Honduras.

Era para él como su segunda patria.

Y adoraba la ciudad de La Ceiba.

Roatán era para él como un paraíso, sin embargo, en un viaje que hizo a La Ceiba se enamoró de la ciudad, de su mar, de las montañas lejanas y llenas de verdor y de niebla, de la gente cálida, amable y trabajadora y de las superbaleadas que se convirtieron en un vicio para él.

Por todo eso, cuando se jubiló en los Estados Unidos, se compró una casa en La Ceiba y fue feliz en ella cada vez que venía a vacacionar a Honduras, hasta que desapareció sin dejar rastro…“Hace dos semanas que no sabemos nada de él” –les dijo a los agentes de la DNIC su hermana, una mujer alta, delgada, de grandes ojos grises y pelo amarillo como el del elote.

“¿Cada cuánto se comunicaba con ustedes?” –preguntó el policía, sin detenerse mucho en la desesperación que se reflejaba en el rostro de la mujer.

“Todos los días, señor” –respondió el hombre que la acompañaba y que estaba de pie frente al policía.

“Y, ¿desde hace dos semanas no saben nada de él?”“Así es”.

“¿Les dijo si haría algún viaje dentro de Honduras o si regresaría a los Estados Unidos?”“Señor –dijo el hombre, en su difícil español–, mi hermano es un hombre metódico, no hace nada si no lo planifica antes, y cada cosa que planifica la hace saber a su familia, o sea a nosotros, esté donde esté… Vino a Honduras hace dos meses y en todo ese tiempo habló con nosotros cada día, siempre a la misma hora, por lo que nos parece grave que en dos semanas, doce días, para ser exactos, no se haya comunicado…”“Dos semanas es mucho tiempo –agregó la mujer, limpiándose una lágrima–, por lo que creemos que le ha sucedido algo malo”.

“¿Lo buscaron en su casa?”“Llegamos hoy a Honduras, señor, y fue lo primero que hicimos, pero la casa está sola… Nadie contestó el teléfono ni el timbre…”“¿Tenía conocidos su hermano en La Ceiba?”“Muchos conocidos, señor, y ellos también están extrañados de que Thomas se haya ido de la ciudad sin despedirse”.

“¿Sabe si el señor Thomas tenía alguna mujer en La Ceiba? Una aventura amorosa, quiero decir”.

“No, señor; no sabemos.

Pero si así fuera, él nos lo hubiera dicho.

Siempre hemos sido bien unidos”.

El detective esperó unos segundos antes de seguir con las preguntas.

“¿Hay alguien con quien se llevara muy bien su hermano, algún amigo, alguna persona en la que él confiara mucho?”“Sí, señor, un muchacho que se llama Jorge… Ha trabajado con él desde que llegó a La Ceiba, hace ya cinco años”.

“¿Hablaron ustedes con Jorge?”“Sí, señor.

Él nos recibió en el aeropuerto”.

“¿Qué les dijo sobre míster Thomas?”“Jorge lo llevó al aeropuerto y se despidió de él…”“¿Hace cuánto tiempo?”La mujer hizo una pausa, miró a su hermano, que le había puesto una mano en un hombro, y contestó:“El señor Jorge está aquí, con nosotros, esperándonos por si puede servirnos en algo… Ha sido un leal empleado de mi hermano”.

Jorge“¿Cuándo vio a míster Thomas por última vez?”“Hace doce días, exactamente –respondió Jorge–.

Se levantó temprano, lo llevé a hacer algunas compras y después lo dejé en el aeropuerto”.

Jorge hablaba con tranquilidad, aunque se notaba en su acento algo de preocupación.

Trabajaba con míster Thomas desde hacía cinco años y le tenía mucho cariño, aparte del agradecimiento debido a que “el señor Míster Gringo”, como le decía a Thomas una sobrina pequeña de Jorge, había sido muy bueno con él.

Es más, Jorge sería el responsable de administrar un negocio que Thomas estaba a punto de iniciar en La Ceiba, un hotel de playa que sería uno de los más lujosos y accesibles de la ciudad.

“¿Le dijo para dónde iba?”El detective hablaba con naturalidad, haciendo preguntas y anotando las respuestas en una hoja de papel.

“No –respondió Jorge–; solo me dijo que lo llevara al aeropuerto y que él se iba a comunicar conmigo después”.

“¿Sabe si viajó a Roatán?”“No me dijo nada”.

“¿Sabe si viajó a su país?”“No, señor, no sé”.

El detective dio por terminada la entrevista, llamó a los hermanos de Thomas y les dijo:“Vamos a dar por desaparecido al señor Thomas Fuller y comenzaremos de inmediato la investigación, pero por tratarse de un extranjero, tenemos que pedir apoyo a Tegucigalpa…”La hermana, con mayor angustia que al inicio, respondió:“Como usted diga, señor…”AyudaCarlos Harris, sudando a causa del calor seco de La Ceiba, se iba interesando cada vez más en el caso.

Pidió ayuda al equipo de investigación de casos especiales, en Tegucigalpa, y mientras llegaba la ayuda, avanzó en el caso lo más que pudo.

“Señor –le dijo a Jorge, a la mañana siguiente, cuando quiso hablar con él nuevamente–, ¿llevaba míster Thomas maletas o equipaje suficiente como para pensar que iba a hacer un viaje largo?”Jorge contestó de inmediato:“Llevaba una maleta de mano, nada más”.

“Eso significa que no tenía intenciones de hacer un viaje largo”.

“No sé.

A veces él se iba por mucho tiempo y no me decía para dónde iba.

De repente me llamaba para que fuera por él al aeropuerto”.

“¿Tiene vehículo míster Thomas en La Ceiba?”“Sí, una camioneta… Siempre está guardada en la casa, pero desde que lo dejé en el aeropuerto la llevé al taller para que le cambiaran el empaque de la culata porque estaba calentando… Me dijo que la íbamos a sacar hasta cuando él regresara”.

“¿Le dijo cuándo iba a regresar?”“No, no me decía nunca eso… Siempre me llamaba un día antes de regresar a Honduras y yo iba por él al aeropuerto”.

El detective hizo una pausa y cambió de tema:“Dígame una cosa, ¿se relacionaba míster Thomas con alguien más, aparte de usted, en La Ceiba?”“Tenía reuniones con algunas personas, por el negocio que iba a poner, pero yo no estaba en esas reuniones”.

“¿Tenía alguna aventura amorosa, una mujer…?”La sonrisa de Jorge interrumpió al detective Harris.

“No, claro que no.

Míster Thomas era muy selectivo… Él tenía una compañera en Estados Unidos y hablaba mucho de ella… Creo que estaba bien enamorado”.

“Señor, usted dice que míster Thomas fue muy bueno con usted, ¿es cierto eso?”“Sí, claro.

Era muy bueno… Siempre me traía regalos de Estados Unidos, y a mis sobrinos…”“¿Él le pagaba un salario, un sueldo?”“Algo como eso, no, pero cuando venía a La Ceiba yo estaba con él casi las veinticuatro horas, y siempre me pagaba bien… y me regalaba cosas…”“Podemos decir que usted era su hombre de confianza en Honduras”.

“Sí…”“Bien”.

Carlos Harris miró por un momento a Jorge, escribió algo más en el papel y, al final, le dijo:“Es todo, señor… Espero que nos ayude más adelante por si nos tardamos en encontrar a míster Thomas”.

“Cuando ustedes digan pueden contar conmigo…”Jorge se despidió, el detective le sonrió y, al verlo desaparecer detrás de la puerta, llamó a dos de sus compañeros.

“Vamos a esperar que llegue el equipo especial de Tegucigalpa –les dijo–, pero, por mientras, quiero que vayan al aeropuerto, a Migración y a las aerolíneas, y averigüen si Thomas Fuller viajó a alguna parte hace doce días…”“Entendido”.

“Quiero que otro equipo visite la colonia donde vive míster Thomas y entrevisten a los vecinos…”“¿Qué debemos preguntar?”“Cómo es el señor gringo, si le conocen amistades especiales, como mujeres, por ejemplo, y quiero que encuentren a estas personas, son los socios de míster Thomas…”Dijo esto y les entregó una lista con varios nombres.

Una preguntaCarlos Harris se sentó a revisar de nuevo el expediente, leyó y releyó lo que había escrito hasta ese momento y, con un lápiz de tinta roja, empezó a subrayar algunas palabras, luego, las contó despacio.

“Son muchas veces como para que esto parezca casualidad –se dijo, poniendo el lápiz sobre el papel–, y no me gusta mucho esto…”Calló, esperó a que pasaran algunos segundos y, despacio, leyó de nuevo el expediente.

“Sí –murmuró–, no es pura casualidad… Aquí hay algo más… Creo que el subconsciente está traicionando a este hombre…”Reflexionaba en voz alta, sin despegar la vista del papel.

“¿Por qué –se dijo, poco después–, este hombre habla en pasado? Dice: ‘Iba’, ‘tenía’, ‘estaba’, ‘llamaba’, ‘fue’, ‘traía’, ‘hacía’… Todo en pasado…”Guardó silencio una vez más, miró el expediente, levantó la cabeza y, después de unos segundos, se dijo:“Creo que este hombre sabe más de lo que me está diciendo… Mucho más”.

Sonrió.

“Si alguien pidiera mi opinión sobre el señor Thomas –agregó, hablando siempre consigo mismo–, diría que no lo vamos a encontrar con vida… Para mí que este gringo está muerto”.

Continuará la próxima semana

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