Aniversario
23 de Mayo de 2012

Un año sin Roberto Sosa, el autor de los versos sencillos

11:51AM  -  Samai Torres  

Roberto Sosa, hombre modesto y apacible, escritor de obras solidarias y profundas y uno de los poetas hondureños más reconocidos en el exterior, es recordado hoy con un festival de poesía.

Hablar de Roberto Sosa no solo es hablar del poeta, sino del esposo, del padre, del amigo.

Pero fue el 23 de mayo de 2011 que Honduras se despertó con la noticia de que había perdido a uno de sus mejores escritores, al prodigioso que logró destacar y poner en alto el nombre de Honduras en el ambiente literario.

Hoy, a un año de su muerte, los invitamos a mantener vivo el recuerdo del poeta que no podrá ser borrado de la memoria histórica de Honduras, porque su legado poético es inmortal.

El poeta

Su esposa Lidia de Sosa y su amigo por 46 años Eduardo Bähr, lo definen como un hombre celoso de su obra, la cual miraban unos pocos antes de que fuera publicada.

Roberto Sosa no terminó sus estudios en la Escuela Superior del Profesorado, pero logró una beca para la Universidad de Cincinnati (EE UU), donde le hicieron una prueba de aceptación a nivel de licenciatura para que pudiera ingresar a la maestría en letras hispánicas; lo logró y se graduó.

En 1968 recibió el Premio Adonáis de Poesía (España), por su libro “Los pobres”, convirtiéndose en el primer latinoamericano en obtener ese galardón. En 1971 “Un mundo para todos dividido” le valió el Premio Casa de las Américas (Cuba). En 1990 el gobierno de Francia le otorgó el grado de Caballero en la Orden de las Artes y las Letras.

Pero atrás de estos dos estaban sus primeros tres libros: “Caligramas” (1959), “Muros” (1966) y “Mar interior” (1967), tres obras breves que fueron validadas por su calidad en la antigua Escuela Superior del Profesorado por el maestro español Andrés Morris, “y yo también sin tener capacidad los validé inmediatamente, me encantó la poesía solidaria”, recordó su amigo Eduardo Bähr.

En ese entonces él buscó a las personas que en ese momento eran importantes en la poesía, y trabajó en el periódico El Día. Los poetas Óscar Acosta y Pompeyo del Valle, y el periodista Filadelfo Suazo “fueron las primeras personas con quienes tuvo contactos”, agregó Bähr.

Su carrera progresó con la lentitud característica de Honduras, pero él no buscaba el progreso, sino una poesía de calidad, escribir un mensaje, una idea, una teoría, y que la gente lo tomara, si quería.

“Ambos teníamos la certeza de que no hay que hacerle concesiones al público”.

Es así que su producción literaria daba saltos temáticos, sus primeras tres obras estaban bajo el influjo del primer Neruda, era vanguardista, “para saltar a una poesía más comprometida, después a una poesía política, una poesía amorosa, y la solidaridad siempre en todas”, expresó Bähr.

El escritor señaló un punto muy importante, Sosa “era congruente su personalidad con lo que escribía, lo cual es muy difícil en nuestro país.

Escribía con una capacidad de fe, en los conceptos, en la humanidad, en la gente, y escribía lo que pensaba, lo que cimentaba en su ideología”.

Su poesía no era hipócrita, individualista; su obra tomaba en cuenta al ser humano, con mensajes que no glorifican el yo, sino el ustedes, es solidaria, y según su amigo, “esa era la personalidad más clara”.

“Breve estudio sobre la poesía y su creación” (1967), “Los pobres” (1968), “Un mundo para todos dividido” (1971), es poesía social, solidaria como toda su obra. Las dos últimas son “una poesía madura, ya se puede sentir, ahí hay dos poemarios fuertes, en contra de los asuntos políticos en nuestro país”.

“Prosa armada” (1981) y “Secreto militar” (1985) son poesía política, tal y como la definió nuestro entrevistado.

“Hasta el sol de hoy” (1987), “Obra completa”, “Antología personal”, “Los pesares juntos” (1990), “Máscara suelta” (1994) y “El llanto de las cosas” (1995) es poesía amorosa, donde finalmente quedó su temática.

“La poesía de Roberto Sosa es fácil definirla porque es hecha con versos simples, sencillos, metáforas accesibles pero a la vez muy profundas, no se trata de una poesía de embalaje, se trata de una poesía de contenido”.

Así era la poesía de Sosa, sencilla pero profunda, que responde a la personalidad de un hombre modesto, con un gran sentido del humor emparentado con la ironía y el sarcasmo, selectivo y de pocos amigos, que afrontaba los problemas con tranquilidad y disfrutaba de la música clásica. Así lo recordarán su familia y amigos; así lo recordará Honduras, como el poeta de los pobres.

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