Construcciones del siglo XVI y XVIII
4 de Abril de 2012

El arte colonial es un gran tesoro histórico que enriquece la capital

11:11AM  -  Samai Torres  

El esplendor de las iglesias católicas se levanta imponente en Tegucigalpa y Comayagüela, haciendo de estos recintos un lugar de gran valor artístico que vale la pena conocer

Altares, pinturas y esculturas son parte de la riqueza artística de las iglesias católicas de la capital. Construcciones que datan de los siglos XVI y XVIII continúan en pie para fortuna de la historia de Honduras.

La Catedral de Tegucigalpa y las iglesias San Francisco, Los Dolores, La Merced y El Calvario son muestra del talento de arquitectos, pintores y escultores que, por encargo de las autoridades religiosas de aquella época, hicieron verdaderas obras de arte que hoy conservan su valor histórico.

Y para conocer más sobre estas edificaciones y los constructores que tuvieron parte en ellas, consultamos al historiador Mario Castillo.

Los nombres de arquitectos como Juan Nepomuceno Cacho y José Naciancino Quiroz figuran como constructores de algunos de estos emblemáticos recintos. Sin dejar de lado el valioso e imponente trabajo de imaginería (escultura y pintura sacra) que hicieron artistas como Blas de Mesa, Vicente Gálvez, José Miguel Gómez, Zepeda y Villafranca.

Estas iglesias, según Castillo, fueron construidas por negros, criollos, mestizos, mulatos y pardos, por lo que le dieron a estas edificaciones barrocas un estilo diferente al que dominaba en Europa.

No eran arquitectos, eran albañiles que si bien seguían algunos lineamientos le imprimían a su obra elementos que observaban a su alrededor, es por ello que el historiador expresó que “la enorme diferencia que hay entre el barroco europeo y el barroco hispanoamericano es que el europeo es todo igual, usted verá un barroco en España, Portugal, Francia, Inglaterra, en Alemania, todo es igual, las mismas medidas, las mismas dimensiones, los mismos movimientos.

En cambio, el barroco americano en cada país es totalmente diferente porque es producto de los criollos de cada lugar, que plasmaban lo que veían, si adornaban de frutas, pues las frutas no son las mismas de Guatemala en Honduras”.

Los Dolores: hermoso templo barroco

Con su diseño netamente barroco, la iglesia Los Dolores no tiene registro de fundación, pero según indicó el historiador Mario Castillo, para 1732 ya existía una ermita. Se le atribuye al comayagüense Juan Nepomuceno Cacho la construcción de la fachada.

Castillo acota en su libro “Lecturas de la capital de Honduras” que la fachada de Los Dolores tiene una gran plasticidad y originalidad única en América.

Consta de dos cuerpos y un remate con una calle central y dos laterales, no tiene nichos rehundidos, sino que son simulados por molduras de cerámica vidriada.

En relación a la cerámica, esto le da a la fachada una gran peculiaridad, ya que no está adornada “con argamasa, como la mayoría de las fachadas del 99% de las iglesias que existen en Honduras”, y agregó que “quienes mandaron a construir eso han de haber tenido la cofradía de Los Dolores, que era una cofradía rica que podía darse el lujo de comprar cerámica vidriada para adornar su iglesia”.

Este producto era elaborado en la Villa de San Antonio, Comayagua.

En el caso de los retablos, los más antiguos son creación de Blas de Mesa, estos son el de San José y el de la Virgen de la Dolorosa, ambos elaborados por este artista, quien también fue el autor de varias pinturas. La decoración de los altares tiene un estilo barroco salomónico, al igual que las iglesias San Francisco y La Merced.

En el caso del oro usado no solo en esta iglesia, sino en las demás, Castillo aclaró que a diferencia de lo que cree la mayoría de hondureños, nuestro país no era rico en oro, por lo tanto el rey tenía que cederlo como diezmo a la iglesia para que hicieran la laminilla de oro. “Ese enchape de oro se usaba tanto para los altares mayores como para las imágenes”, cuya vestimenta en algunos de los casos está estofada en oro.

Catedral de San Miguel, una de las más elegantes de Centroamérica

Su construcción data de mediados del siglo XVIII, específicamente en 1765, y para ello contrataron al arquitecto guatemalteco José Naciancino Quiroz.

Su estilo está dentro del que se conoce como barroco almohadillado, y se define así porque “parece que fueron poniendo almohaditas unas encimas de otras, en vez de la columna salomónica que se observa en el interior de uno de los conventos antiguos de Tegucigalpa”, detalló Castillo. La iglesia es de una nave, con bóveda de cañón corrido, una cúpula, una fachada y dos torres laterales.

El trabajo de imaginería estuvo a cargo de Vicente Gálvez y José Miguel Gómez.

El altar de la Catedral es del último período del barroco, “que ya corresponde casi al estilo rococó” en el que se utilizan guirnaldas en vez de columnas.

Al lado derecho está el púlpito con forro de oro puro, que es obra de Gálvez. Según registra Castillo en su libro “Lecturas de la capital de Honduras”, el cura Simón Zelaya invirtió su gran fortuna en la construcción de esta iglesia. La fecha en que se terminó la edificación no se conoce, ya que “como promedio, no había una iglesia que se construyera en menos de 100 años”, apuntó.

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Esta fue la primera construcción religiosa de Tegucigalpa y, según indica el historiador Mario Castillo en su libro “Lecturas de la capital de Honduras”, la construcción fue terminada en 1590, ya que testamentos de personas del Real de Minas así lo indican. Salvo que la iglesia carecía de adornos interiores y solo existía lo indispensable para el sacrificio de la misa.

La iglesia no es ostentosa en su interior ni exterior, más bien Castillo indica que es una edificación pobre desde el punto de vista arquitectónico, ya que “la fachada es simple, con una puerta de entrada de arco de medio punto y un óculo cuadrado para iluminar el coro interior”.

El retablo mayor es de estilo rococó, y probablemente es de la escuela de Vicente Gálvez, quien era guatemalteco. Los otros retablos son de estilo barroco, en el que predomina la “columna salomónica que es una columna enrollada revestida con parras de uva, guías y flores que es la característica del barroco salomónico”.

Las pinturas de la iglesia San Francisco, explicó Castillo, según los registros, indican que son creaciones de pintores de apellido Zepeda y Villafranca, aunque la mayoría son obras de artistas anónimos, que al no ser maestros no podían firmar sus trabajos.

Debido a que los asaltos a este recinto religioso le han desprovisto de obras de arte que incluyen pinturas y objetos, algunas de las creaciones son réplicas hechas por pintores hondureños de nuestra época.

La iglesia San Francisco es una de las favoritas para realizar bodas, tanto por propios como extranjeros.

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