José Ruelas
12 de Marzo de 2013

“Soy la prueba viviente de que no es necesario golpear a los niños”

03:20PM  -  Redaccion  

El nuevo director de Casa Alianza en entrevista con EL HERALDO.

Era el más tímido de la clase, pero en el interior de José Guadalupe Ruelas se desataban inquietudes por descubrir el por qué de las cosas. En ese universo interior, y bruñido por el ejemplo de sus padres, forjó un hombre al que le incomoda la indiferencia hacia la gente desprotegida, dice, y por eso desde joven buscó estar en primera línea en acciones de atención social.

Ruelas, nombrado hace dos meses como director de Casa Alianza en sustitución de José Manuel Capellín, llegó incluso a ser sacerdote católico, labor que desarrolló durante cinco meses, pero, a finales de los 90, su vida tomó un giro total. Después de un tiempo de reflexión creyó que podía dar un mayor servicio y así dejó el sacerdocio. Formó una familia, compuesta por una esposa, y tres hijos, la que aseguró comparte sus ideales por servir a los demás, ya que todos se han vinculado a ese objetivo.

Con amabilidad recibió a EL HERALDO para conceder una entrevista en la que relató sus orígenes, logros emocionales y metas frente a Casa Alianza. “Todos nacemos iguales y la sociedad y el Estado deberían ayudar a garantizar la igualdad”.

¿En dos meses de ser director de Casa Alianza, qué tan empapado cree que está de la situación de la institución?

El trabajo de la institución es profundo y es amplio y en dos meses he conocido la vida de niños y niñas que luchan por alcanzar sus sueños, pero me he dado cuenta de que hay un gran trabajo que Casa Alianza hace y que abre puertas a niños y niñas a quienes la sociedad les ha negado oportunidades.

¿Cómo fue electo director de Casa Alianza?

Por concurso, el señor Capellín me invitó a que participara y entre la casa matriz de Casa Alianza en Nueva York y Casa Alianza de Honduras me eligieron.

¿Antes de estar en Casa Alianza en qué instituciones sociales laboró?

Laboré de forma breve en una institución que se llama Aldeas Infantiles, y antes de eso laboré en Plan Internacional. Siempre he estado relacionado a programas sociales y agarré experiencia en planificar proyectos con sectores vulnerables de la sociedad, pero también en la gestión de recursos.

Algunos niños tienen menos oportunidades de rendimiento por problemas de nutrición, pero estos niños no tiene ni cobijo, sino que una bolsa y un cartón en la acera. Estos niños se sienten agredidos por nosotros y nosotros nos sentimos agredidos por ellos, pero ellos también nos tienen temor porque no han sido bien tratados ni en la casa ni en la escuela ni en la acera.

¿Cree que la sociedad no ha asimilado que también ha sido agresora de los niños de la calle?

Creo que no, creo que hay gente que vive en un sueño y piensa que la niñez de la calle está ahí porque quiere estar ahí y no se da cuenta de que esos niños están ahí porque han sido expulsado de hogares violentos, en pobreza y cuando van a la calle es dramático el abuso físico y sexual que sufren.

¿Qué situaciones lo han asombrado más sobre la situación de los niños de la calle?

He quedado impactado por la situación tan dura en que viven, porque viven pidiendo, asaltando, comiendo cuando pueden, pero lo que más me sorprende es que cuando estos niños tienen una oportunidad la toman con tantas ganas que salen adelante. Estuve en graduaciones de Casa Alianza y los niños tenían excelencia académica, hay niños aquí que ya son bilingües.

¿Qué metas tiene en Casa Alianza?

Conservar el trabajo que aquí se hace, porque es un trabajo de calidad, mejorar la recaudación de fondos y me encantaría sistematizar el trabajo que hacemos en la calle para que otras instituciones lo puedan hacer.

¿Cómo es que nace su interés en programas sociales?

Yo tuve la suerte de nacer en un hogar en donde mis padres estaba bien comprometidos con el bienestar y las causas sociales, han sido un orgullo para mí, desde pequeño recibí valores de solidaridad, de respeto y entrega a los demás. Siempre tuve claro que quería involucrarme en el desarrollo de las personas.

Mis padres eran comerciantes, pero siempre fueron gente que acogía a otros, que hacían el bien y me enseñaron eso, yo no puedo ver una persona sufriendo y quedarme indiferente, sentiría que yo sería otra persona si miro a alguien sufriendo y no hago nada. Debemos salir a buscar personas a quienes ayudar.

De manera formal, ¿cuándo inicia su labor en acciones sociales?

Fue con el trabajo con la Iglesia Católica, ahí fueron mis primeros pasos y de hecho mis estudios son de teología y filosofía en México. Después de eso vine y comencé a trabajar con Caritas de Honduras en 1998 cuando el huracán Mitch y eso me llevó a ver la verdadera situación de violencia y vulnerabilidad en que vive la población.

¿La teología y filosofía qué visión le dan de la sociedad?

Que todos nacemos iguales y la sociedad y el Estado deberían ayudar a garantizar la igualdad y la fraternidad. Hemos dejado que la sociedad caiga en garras de la indiferencia, después de la violencia, de la corrupción y de la impunidad, y si seguimos en lo mismo no vamos a salir del atolladero, por lo que debemos salir de la indiferencia.

¿Cómo describe el hogar en donde nació?

Yo vengo de un hogar de un pueblo de Comayagua, mi papá es mexicano y se conocieron con mi mamá en Comayagua, soy el mayor de tres hermanos. Mis padres y mis hermanos viven en México, de hecho, mi padre murió el año pasado.

¿Por qué se radicó en Honduras su papá?

Él hacia negocios en Nicaragua y en un viaje de regreso conoció a mi mamá en Comayagua, porque antes cuando un bus se arruinaba tardaban varios días en arreglarlo y ahí la conoció y se enamoró, se fue a México, dejó todo lo que tenía allá y se vino a vivir a Honduras.

La gente se extraña cuando le cuento que yo no recuerdo una mala mirada, un empujón, un mal gesto de mi padre, pero sí recuerdo normas claras, mucha disciplina y mucho amor. Yo soy la prueba viviente de que no es necesario golpear a los niños, si se les da amor auténtico, ejemplo, los hijos van a salir adelante.

¿Así trata a sus hijos entonces?

Ellos son mi mayor tesoro, son un orgullo para mí. Tengo tres hijos, Eduardo, Marcela y Jairo. De manera afortunada, mis hijos son muy sensibles a los problemas sociales.

¿Usted fue sacerdote?

Estuve en se seminario y ejercí durante algún tiempo, eso fue durante cinco años, pero luego vi que en el campo social podía hacer mucho más.

¿Dio misa? ¿Dónde?

En Comayagua.

¿Cuándo decide dejar de ser sacerdote?

En 1998 decido cambiar de vida, así como por amor entré a la Iglesia, por amor salí y formé una familia. Yo vengo de una familia con una fe católica auténtica.

Yo era un niño tímido en realidad, pero este trabajo me ha ayudado a sacar mis capacidades, aunque siempre fui inquieto porque me gusta saber el por qué de las cosas. Yo hice las cosas de forma correcta, cuando decidí dejar de ser sacerdote lo informé a mis superiores. Asisto a la iglesia, estoy en el coro de la iglesia y mi familia va a la iglesia.

¿Se enamoró cuando era sacerdote?

La conocí siendo sacerdote, dejé de ser sacerdote y todavía no estaba enamorado de ella, eso fue después, y sigo enamorado de la persona que Dios puso en mi camino, pero creo que es mejor tomar decisiones honestas y valientes a quedarse inmóvil y debemos ser honestos con lo que sentimos y pensamos.

¿Qué le dijeron sus padres?

Me escucharon y cuando vieron que mi decisión era auténtica, me apoyaron.

¿En qué año se caso?

En 1998.

¿Cuánto tiempo tardó en adaptarse al nuevo papel?

Fue un proceso de discernimiento de alrededor de un año, el matrimonio es un continuo proceso de aprendizaje y eso es lo que lo hace bello.

¿Conoce casos de más padres que quisieron dejar el sacerdocio?

No, sé de casos no cercanos de personas que lo han hecho.

Ya parece ser requisito para dirigir Casa Alianza haber sido sacerdote porque Manuel Capellín también lo fue.

Ja, ja, ja, ja... El requisito es estar comprometido y hacer bien el trabajo, y tener el corazón abierto para atender a la niñez.

Ver más noticias de Nuestras Revistas

( )