Luminarias
28 de Enero de 2012

Juticalpa, Olancho, cuna de poetas

10:22AM  -  Redaccion  

Además de la poesía, Froylán Turcios, Alfonso Guillén Zelaya, Clementina Suárez y Medardo Mejía tienen algo más en común... nacieron en el mismo departamento

“Olancho, tierra del oro y del talento cuna”, esta frase del poeta cubano José Joaquín Palma, a finales del siglo XIX, refleja el potencial que tiene este departamento de Honduras.

Juticalpa es cuna de reconocidos baluartes nacionales, como Froylán Turcios, Alfonso Guillén Zelaya, Clementina Suárez y Medardo Mejía (este último originario de Manto, ubicado al noroeste de la cabecera departamental de Olancho, Juticalpa).

Pero ¿a qué se debe esta luminaria de poetas? La respuesta a esta interrogante la tiene José Antonio Funes, poeta, académico, profesor universitario de literatura, doctor en literatura española e hispanoamericana, exviceministro de Cultura y exdirector de la Biblioteca Nacional de Honduras, y quien actualmente trabaja en la Unesco, donde se desempeña en el sector de la cultura.

Además de este extenso currículo, Funes es un gran conocedor de la vida y obra de don Froylán Turcios, ya que es el autor de su tesis, la que tomó alrededor de cinco años recopilando información en países como Estados Unidos, Francia, España y Costa Rica, haciendo uso de los mejores recursos bibliográficos.

Un día antes de partir a Francia, Funes dedicó un poco de su valioso tiempo para hacer una pequeña radiografía de estos cuatro destacados poetas olanchanos.
Semillero. La influencia cultural que dio paso al nacimiento de grandes hombres y mujeres en la literatura fue gracias a una luminaria que venía desde Cuba, llamada Francisco de Paula Flores.

Posteriormente, el gobierno de Manuel Bonilla creó un colegio (que aún existe) que se llama La Fraternidad, en Juticalpa, donde había mucho interés por la cultura.

“El desarrollo cultural y social no surge como nace la hierba en la tierra, todo tiene su origen, su explicación. En el caso de Olancho, fue siempre una región de mucha riqueza en Honduras. A finales del siglo 19 el 83% del ganado que se exportaba desde Trujillo a Cuba procedía de Olancho.
Precisamente el padre de Froylán Turcios era un rico hacendado que a finales del siglo XIX se vino a menos debido a la guerra hispano-estadounidense, en 1898, cuando comienza a decaer la economía de la familia Turcios, y el poeta se ve obligado a emigrar a Tegucigalpa, donde también continúa su labor de promotor cultural y editor de revistas, escritor, periodista”, comenta Funes.

Bajo este contexto, el entrevistado explica que parte del apogeo cultural que se dio en Juticalpa es gracias a Cuba.

“Paula Flores fue uno de los profesores más importantes en la formación de la cultura de Juticalpa, llegó a finales de 1870 acompañado de otros libertadores cubanos como los generales Antonio Maceo y el señor Tomás Estrada Palma (quien posteriormente fue presidente de Cuba). El gobierno de Marco Aurelio Soto los empleó y los asignó precisamente en Juticalpa, donde Flores fundó un colegio que se llamaba San Agustín”.

Es así como nacen personajes como Froylán Turcios, y se inicia el apogeo cultural de este departamento, aunque posteriormente, por diferentes factores, se ven obligados a dejar esta tierra.

Los invitamos a un recorrido por la vida y obra de estos emblemáticos personajes de la historia nacional.

Froylán Turcios: el primer escritor, narrador y poeta modernista en Honduras
Froylán Turcios fue uno de los autores más destacados, iniciador en el modernismo literario en Honduras.

Comenzó a escribir desde niño, publicó en revistas de colegios donde estudió; en La Fraternidad era un líder entre sus compañeros, motivador de lectura y de la creación literaria.

Según explica Funes, el modelo más cercano de Froylán fue su hermana Rafaela Turcios, quien era cuatro años mayor que él; ella le inculcó el gusto por la lectura y por la literatura.

“Fue su formadora, institutriz más cercana, ya que la madre de Froylán murió cuando el poeta era un niño”.

Turcios publicó su primer libro en 1896, “Mariposas”, que era de tendencia romántica. “Este libro está influido por el romanticismo y con algunos brotes breves del modernismo, que ya era una tendencia literaria que desde la publicación en 1808 de ‘Azul’, de Rubén Darío, se había consolidado en hispanoamérica”.

Turcios era un joven de apenas de 22 años de edad cuando publica el primer libro, que fue producto de todas sus colaboraciones en una revista literaria de la cual él fue fundador, llamada El Pensamiento, una revista muy interesante para la conformación de la cultura literaria hondureña, porque en ella comienzan a publicar mujeres como Lucila Gamero de Medina.

“Esta revista era de carácter romántico. Turcios se convierte en un impulsor de la cultura, pero también de la cultura femenina. A finales del siglo 19, los obstáculos y presión para la mujer en la literatura eran muchos, y en esa revista él dio cabida a la colaboración de féminas como Guadalupe Reyes y Rafaela Turcios (su hermana), quien escribía con el seudónimo de Leonor, una mujer muy inteligente de la que casi no se ha valorado mucho su creación”.

Turcios era un hombre abierto, daba cabida a todos los jóvenes que tuvieran talento y publicaba sus obras.

Esta revista quincenal comenzó a salir hacia 1894 y llegó a tener mucha influencia cultural en Tegucigalpa. También editó otras revistas ya de carácter modernista. Posteriormente siguió publicando libros y también ejercía el periodismo.

En 1904 publica un libro ya plenamente modernista, se trata de “Hojas de otoño”, obra de la que, según hace la observación el entrevistado, “no he visto ningún ejemplar en Honduras”.

Con este libro se podría decir que Turcios forma parte de un movimiento de los mejores escritores modernistas de hispanoamérica.

Ya son relatos y prosas con el manejo de un escritor consolidado, con un estilo definido, pero con todas las características propias del modernismo. “Turcios era un gran lector, desde niño leía a los grandes autores de la literatura universal, porque su familia, que era adinerada, tenía acceso a los bienes de la cultura, a los libros, a la música, a todo, lo que va creando en él una mentalidad abierta, cosmopolita”.

Turcios sí se tomó muy en serio en Honduras, al grado que todavía sigue considerándose dentro de las antologías de la narrativa modernista, “aunque hay mucha gente en el país que no lo conoce”, lamentó el poeta Funes.

En 1914 el modernismo estaba en decadencia, porque en 1916 murió Rubén Darío y prácticamente se da paso a otra tendencia literaria, el posmodernismo.

“En este año Turcios escribe su obra cumbre, unos cuentos mejor elaborados, finamente acabados, con un maestría en el uso del lenguaje, el cuento breve, la palabra precisa, personajes bien logrados, con la maestría de un gran narrador; el libro se llama ‘Prosas nuevas’”.

Casi todo lo que publicó este autor lo hizo con apoyo del Estado, con la Tipografía Nacional. Sus últimas obras las publicó en París, Francia, en una editorial llamada Le Livre Libre (El libro libre); era la década de los 30. Publicó libros de prosas, de cuento y poemas en París, pero circulan muy poco en Honduras.

“Turcios pasó inadvertido durante muchos años en la literatura hondureña, pero eso empieza a cambiar a finales de los 80, cuando la Editorial Universitaria publica dos de sus obras, una compilación de sus memorias y también se rescató ‘Cuentos del Amor y de la Muerte’”.

Turcios inició el modernismo hondureño y se le conoce como el primer cuentista nacional que comienza a escribir con un sentido de responsabilidad estética literaria y maestría en el manejo de la prosa narrativa.

Alfonso Guillén Zelaya: uno de los intelectuales más sólidos de Honduras
Cuando escuchamos el nombre de Alfonso Guillén Zelaya inmediatamente recordamos el ensayo “Lo esencial”, aunque su obra va mucho más allá. Es autor de poemas como “La casita de Pablo” y “El almendro del patio”, sin embargo, su obra periodística y sus ensayos son poco conocidos, lamentó el poeta Funes.

Guillén Zelaya es otro de esos escritores que surgen dentro del apogeo cultural de Juticalpa, desde finales del siglo XIX hasta el siglo XX.

Este intelectual destacó como periodista, poeta y ensayista; entre sus ensayos más importantes está “La inconformidad del hombre”. “A través de sus múltiples artículos fustigó el fascismo, el nazismo, la intromisión extranjera y la desigualdad social; también mostró un vivo interés y claro discernimiento en temas como la pena de muerte, el divisionismo en Centroamérica, el imperialismo, la guerrilla, la democracia, los derechos de las mujeres y la libertad de prensa”.

Era un hombre muy informado de las tendencias filosóficas del mundo, “leía mucho, se manejaba en dos polos: por un lado las lecturas de los grandes autores, filósofos, marxistas (tenía mucha filiación por el marxismo, pero no uno ortodoxo, más bien moderado, muy humanista), y también pasaba muy informado del acontecer nacional”.

Funes comenta que en los periódicos en los que colaboró se distinguió por ser un periodista honesto, insobornable, crítico de los gobiernos, de la burocracia, en contra de la corrupción, “fue un periodista modelo, muy pocos han seguido sus huellas”.

Guillén Zelaya fue crítico de la dictadura de Tiburcio Carías Andino, al grado que tuvo que exiliarse en México, donde también destacó en el periodismo.

“Es producto de un país donde no se valora mucho a los escritores y donde poca gente se preocupa por investigar en los archivos y decir ‘este autor merece rescatarse en el contexto de la literatura hondureña’”.

Este poeta inició ese periodismo crítico, correctivo contra el mal proceder de los gobiernos, destacó el exviceministro de Cultura.

Fue un poeta de una corriente posmodernista; su poesía no estuvo muy a tono con las vanguardias, “pese a que en los 30 había corrientes poéticas y literarias de vanguardia en Europa, él siguió aferrándose al posmodernismo, pero sus poemas son de un gran valor estético”.

Clementina Suárez: la primera mujer que publica un libro de poesía en Honduras
Hablar de Clementina Suárez es sinónimo de lucha, valentía, rebeldía y bohemia, una mujer que rompió varios tabús.

A eso hay que añadir que tiene el mérito de ser la primera mujer que publica un libro de poesía en Honduras, “Corazón sangrante”, en 1930.

“Clementina, en su poema, rompe un molde, ya no se trata de la poesía romántica que difunde los valores de la mujer hogareña como la ‘sacerdotisa del hogar’, sino que aboga por una poesía libre; los valores eróticos en su poesía no tienen antecedentes en Honduras”.

En su poesía se percibe la libre expresión del erotismo, de la libertad absoluta del ser, del respeto y de la relación entre el hombre y la mujer en un sentido horizontal.

Fue criticada por una sociedad que no toleraba que la mujer pensara diferente, que escribiera sobre sexo, que criticara el patriarcalismo, el poder del hombre, donde se hablen de los derechos de la mujer a participar en política, arte, en fin, donde se reconozcan los valores femeninos.

“Fue una mujer con un espíritu cosmopolita, abierta a las tendencias del arte y la literatura a nivel mundial; no se quedó en la provincia, buscaba insertarse en un movimiento a mayor escala. Logró ejercer con dignidad su ejercicio como escritora, sin amilanarse por ser mujer”.

A Clementina se le conoce por escribir sobre temas atrevidos, que en su época se consideraban un tabú, “ella fue libre, no le importó la crítica”.
Incluso, personalmente fracasó en su matrimonio porque su compañero no compartía su forma de pensar, su vida bohemia, su modelaje para ser personaje de obras pictóricas”.

Suárez fue de las escritoras panamericanas más retratadas, modeló para pintores nacionales y extranjeros.

En 1969, la Universidad Nacional Autónoma de Honduras instaló una exposición de pinturas con 80 retratos de ella, fue reconocida en el ámbito artístico, se vinculó con pintores y logró que la empresa privada comprara obras a los artistas hondureños.

“Promovió las obras porque decía que si la clase política del país no podía civilizarse o le era difícil culturizarse, por lo menos que los ricos, los banqueros y los empresarios compraran obras de arte y lo vieran como una inversión. Es decir que no solo le dio valor artístico a las obras, sino también monetario”.

Escribió gran cantidad de libros, entre ellos “Templos de fuego”, “Creciendo con la hierba” y “El poeta y sus señales”.

“Fue reconocida dentro de un movimiento de mujeres que luchaban por la vindicación de la mujer en el mundo del arte, la poesía y la expresión de sus sentimientos, como Gabriela Mistral, Delmira Agustini, Alfonsina Storni, entre otras. Este grupo de mujeres se abrió camino en una sociedad apelada a valores tradicionales, donde la mujer estaba al margen del mundo del arte, la política, los negocios... al margen de todo”, dijo el poeta.

También fue reconocida con el Premio Nacional de Literatura Ramón Rosa en 1970.

“La vida personal de Clementina tiene un valor extraordinario porque fue una mujer que enfrentó una lucha contra los absurdos de una sociedad que quería imponerle a la mujer convencionalismos; ella fue rebelde como persona y como poeta”.

En cuanto a su poesía, según Funes, merece mucho respeto por su calidad, “se distingue por su poesía erótica, a veces de una forma cruda, otras sutil, este tipo de géneros tiene en Clementina a una de sus mejores exponentes. En cuanto a su estilo, muchas veces lo hacía por espontaneidad, sin pensar en la censura, pero también se mantenía a la defensiva en una sociedad oscurantista, por lo que a veces era provocadora, como algunos de sus poemas”.

Clementina tuvo una muerte trágica, fue víctima de la delincuencia.

Medardo Mejía: defensor de la democracia y los derechos del pueblo

Medardo Mejía no nació precisamente en Juticalpa, sino en Manto, situado al noroeste de la cabecera departamental de Olancho (Juticalpa).
Poeta, historiador, ensayista, narrador, periodista y académico. Dentro de su historial se incluye un Premio Nacional de Literatura Ramón Rosa en 1971.

“Se dio a la tarea de compilar las memorias de Froylán Turcios en 1970, las que presentó a la Editorial Universitaria y, posteriormente, se publicaron en los años 80”, dijo Funes, por lo que quizá a él se deba que las recientes generaciones conozcan de las obras de Turcios.

Colaboró con El Cronista, El Día y refundó, en colaboración con Emilio Ayes, la revista Ariel, de Froylán Turcios.

Se le considera como uno de los escritores más prolíficos de nuestro tiempo y como uno de los hombres más cultos de su época.
Como periodista defendió la democracia y los derechos del pueblo.

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