Honduras
.No hay virus ni amenaza de complot, mucho menos antisociales que odien el fútbol que pudiera detener a miles de aficionados catrachos.
Eso quedó claro ayer en el Olímpico, cuando faltando varias horas para que iniciara el juego ante Costa Rica, las gradas ya estaban pintadas de blanco y azul.
Era fila tras fila de aficionados por donde quiera que se llevaba la vista. Era emoción, el olor a carne, los gritos que salían casi al unísono de las gargantas... era una fiesta.
No hubo agua, bueno, ninguna que pudiera evitar que celebraran y que no dejara que una vez más se mostrara que son de las mejores aficiones de Centroamérica. Esta fue la fiesta catracha en las gradas.
